Friday, May 22, 2015

Vida Gris




Generalmente mi vida se ha debatido entre la timidez, el retraimiento y la modestia. A veces pienso que mi vida ha sido tan gris como la de Roberto. Las pocas veces que he querido asumir el papel de galán, de entrador, de ser un tipo fresco, desvergonzado me he topado de bruces con la pared de la indiferencia de mi interlocutora o porque termino haciendo algo que arruina todo lo avanzado.

Y que mejor ejemplo que aquel ocurrido una temprana noche en la ciudad de Pisco, mi tierra natal. Ya era de noche y la plaza de Armas empezaba a llenarse de jóvenes. Siempre ha sido ese el punto de reunión. Y yo estaba allí con mis amigos de barrio, después de mucho tiempo, aprovechando estos días que no había clases en la universidad. La huelga indefinida de los trabajadores administrativos tenía para un buen tiempo.

Parados en una de las esquinas de la plaza de armas buscábamos con la mirada a alguna amiga que nos haga el contacto con otras féminas para salir a tomar unos tragos. Fumábamos unos cigarrillos pensando que eso nos daría un toque interesante.

Mientras hacíamos tiempo se acercaron dos chicas, una de ellas, la más chata, llevaba un jean apretado y un polo que decía “free as a bird”. Sus nalgas redondas se dibujaban perfectamente bajo el azul desteñido de su pantalón. La otra llevaba un short de flores y un BVD negro.

“Hola” nos dijo la del jean apretado. “somos estudiantes de la universidad nacional agraria la molina y estamos vendiendo estas galletitas hechas de harina de papa, con quinua y ajonjolí” agregó y nos sonrió mirándonos uno a uno. Al escuchar el nombre de mi universidad de inmediato asumí que debería ser yo el que salga a hacer las preguntas, “¿Cuánto están?” pregunté. “cinco soles la bolsita… son nutritivas y hechas en nuestro laboratorios”. De inmediato en mi cabeza traté de recordar esos rostros, esas siluetas, de asociarlas en algún lugar de la universidad, en la biblioteca, en las aulas, en la cafetería, en las fiestas de aniversario, porque en “la Agraria” todos nos conocemos, aunque sea de vista, más aún que tenía muchos amigos de la facultad de industrias alimentarias y a este par de señoritas nunca las había visto. “¿De qué facultad son?”, pregunté, esperando que me den una respuesta coherente. “Eso no interesa lo importante es que son nutritivas y tienen la garantía de la universidad”. Su respuesta me hizo agarrar viada, envalentonarme, por fin la oportunidad de tener el control de la situación con una fémina. “A ver, a ver”, les dije y canté la primera línea  de una canción que cualquier “molinero” conocería “yo no soy de aquí…” y esperé su respuesta, pero el silencio imperó en esos segundos. Unas sonrisas pícaras solo recibí como respuesta. “Ya pues nos vas a colaborar o no” respondió la de short. “Mira, yo soy estudiante de la universidad Agraria” les dije y le mostré mi carné que llevaba en la billetera, “Si tú me muestras tu carné universitario, así como el mío yo te compro cinco bolsitas de tus galletas” culminé. Las tenía cercadas, las estaba apabullando, no podrían con su mentira. Empezaba a tener el control de la situación, me sentía seguro, les mostraba mi sonrisa ganadora y gesticulaba como pocas veces lo hacía. “¿Quieres ver mi carné?” respondió la del jean apretado con una sonrisa en la cara “sácalo de mi bolsillo” agregó y levantando las nalgas, empinándose sobre uno de sus pies, me mostró el bolsillo trasero de su pantalón. Yo que había venido controlando la situación, las estaba apabullando y las tenía contra las cuerdas de un momento a otro me vi desarmado, como si me hubieran borrado de un plumazo el libreto, como si hubiera recibido un gancho de derecha en el montón, como si de repente alguien hubiera apretado el botón de record en mi cabeza y me hubiera borrado toda la cinta.


Mis amigos me miraron con una sonrisa contenida en sus rostros y yo, yo no me atrevía literalmente a meterle la mano en el culo, a toquetearle el totorrete, a manosearle el rabo, el Ravelo. Mi formación basada en valores y respeto me impidió actuar y tomar la mejor decisión “sácalo pues” me volvió a retar la chata. Y luego de mostrarme nuevamente el trasero, sonrió y antes de retirarse lanzó su última frase “pierdo tiempo con ustedes”. Y las dos féminas se marcharon dejándome desarmado, en el medio de mi vida gris nuevamente, como Roberto.


Tuesday, February 03, 2015

Dichos de Eduder





A Eduder lo conocí en la universidad. Era un tipo delgado, de lentes, pelo hirsuto y generalmente vestía de negro. La primera vez que lo conocí estaba sentado en una de las últimas carpetas y dibujaba sobre el tablero nombres de grupos de rock. Era algo callado, tímido, retraído, pero si algo me gustaba de su compañía, es que siempre daba sus respuestas con una dosis de humor.

Alguna vez le comenté que tenía un blog y le pedí su consentimiento para publicar algunas de nuestras conversaciones, a lo que él me respondió: “Estimado Marcelo, has escuchado esa canción que dice, las palabras son del aire y van al aire”, “sí” respondí, “¿sabes quién la canta?” agregó, “creo que Willie Colón”- respondí intrigado. “Gracias, no sabía”- finalizó. No sé exactamente lo que me quiso decir o es que una vez más se estaba burlando de mi, pero decidí asumir, a mi favor, que tenía su autorización.

El buen Eduder culminó la universidad y tal como me lo había venido diciendo se fue a vivir a un lugar recóndito de nuestra serranía a hacer patria desde allí.


1
Le preguntan a Eduder - ¿te vas de vacaciones?-
- Si, me voy a Santiago-
- Ah qué bonito, Santiago de Chile es lindísimo-
- No, yo me voy a Santiago de Chuco-

2
En una reunión de amigos, mientras sonaba una música estridente
- Eduder, ¿no bailas?-
- No, yo soy como Andrés Calamaro-
- Cómo es eso?-
- Bailo mejor acostado-

3
En otra de sus reuniones de amigos
- Eduder, ¿no bailas?
- Soy malo bailando,  tengo 3 piernas izquierdas-

4
Una compañera de trabajo le pregunta a Eduder
- ¿Sabes qué hay hoy de entrada en el comedor?-
- Si, una puerta de vidrio-

5
Una amiga que buscaba una tienda pregunta
-  ¿Alguien que viva por Magdalena?-
A lo que Eduder responde:
- ¡YO! Yo vivo por Magdalena… pero muero por Susana-

6
Eduder escuchaba la conversación de un compañero de trabajo:
- Lo que necesitamos es un master, un senior, un tigre, un Phd
- Yo soy Phd- interrumpe Eduder – Pizza Hut Delivery-

7
En una reunión familiar Eduder conversaba con dos de sus primas
- Ahora ya estoy pensando seriamente comprarme mi carrito
- Que bien Eduder, ya era hora-
- Si pues, con un carrito sanguchero puedo agenciarme un dinero extra.

8
Una amiga se burla de la delgadez de Eduder
- Ve este flacuchento, ni fuerza tiene-
- Toda mi fuerza radica en una sola parte de mi cuerpo-
Después que su amiga se sonroja
- En mi inteligencia-

9
Eduder conversa con su esposa
- Ya es hora que tengamos una casa para los dos-
- ¡Eduder! Siempre te olvidas de la bebe-
- No, yo hablaba de la bebe y yo.

10
Su esposa le dice:
- Discúlpame Eduder por no llamarte pero es que no pude cargar el celular-
- ¿Tanto pesa?

11
Estaban comiendo en el segundo piso de una pizzería conocida. Un árbol justo tapaba la vista de la ventana. El mozo al percatarse que Eduder hacía esfuerzos por mirar por la ventana le dice:
- Señor, estamos haciendo los trámites con la municipalidad para retirar el árbol que entorpece la vista.
A lo que  Eduder responde
- Con tanta contaminación deja al pobre árbol. Mejor muevan toda la casa un poquito más allá.

12
En San Miguel, frente a la costanera, mirando el mar, le dice su enamorada a Eduder
- Que lindo es el mar, la brisa… mira estamos acá arriba y se sienten las gotillas del mar llegar hasta nuestros rostros-
A lo que Eduder responde

- Que gotillas de mar, debe ser salpicaduras del colector que está más abajo-

Thursday, January 08, 2015

Recuerdos de Colegio


Hoy terminé de forrar los cuadernos de mi hija Lucía. Todos quedaron muy bien, sobre todo porque, vale decir, los cuadernos de hoy, tienen una presentación envidiable. Forré como 14 cuadernos con la cara de Pucca, los Jonas Brothers y Hanna Montana. Lucía los decoró con algunos stickers que venían en el mismo cuaderno y extrajo los posters que traían de regalo para pegar en su cuarto.
Rápidamente mi mente me llevó a aquellos años en los que yo estaba en el colegio y que paso a resumir a continuación:

De los cuadernos
Tuve que llevar mis cuadernos populares, todos chiquitos, con la pasta de un mapa del Perú en fondo plomo, con unas hojas más corrientes y amarillas que parecía que alguien con infección urinaria lo había usado de mingitorio. 

Luego, salieron los cuadernos pre-forrados. Eran lo máximo. Mi hermana como no tenía los benditos cuadernos, los forraba con “vinifan” y luego con una plancha ligeramente caliente los pasaba hasta que el forro se adhería. Cabe señalar que a veces se le pasaba la mano y los forros se achicharraban y lejos de quedar como un pre-forrado quedaba como un pre-arrugado.

Del Vinifán
En un año a mi papá se le ocurrió la grandiosa idea de traer unos plásticos que había en su trabajo para usarlos como “vinifan”. Eran unos plásticos más duros que forrar un cuaderno se convirtió en toda una odisea. No se podían doblar. Las cintas scotch reventaban cuando intentábamos pegarlos. Pero a fuerza de tesón y terquedad (vale decir no teníamos otra cosa con que forrar) terminábamos de revestir con ese plástico todos los cuadernos. El problema venía después. Cuando terminabas de forrar y lo soltabas el cuaderno se despaturraba por el plástico duro que quería regresar a su forma original. La siguiente idea fue ponerle una maleta pesada encima por una par de días para que el plástico se acostumbre a su nueva forma.

Después de ese año ya no tuvimos problemas con los forros de los cuadernos porque estos plásticos eran tan duros que sirvieron para el año siguiente y para el siguiente más. Y como ya se habían amoldado a la forma del cuaderno lo sacabas como si fuera una casaca y se lo ponías al otro.

Carátulas
Y luego que Lucía  terminó de arreglar sus cuadernos, siguió con los fólderes, para variar, de Hanna Montana, Demi Lovato y de Nick Jonas. Entró a la computadora, se bajó unas carátulas, puso su nombre, las imprimió a color y listo para empezar las clases.

Vaya que sencillo, en mi época cada quien tenía que dibujar su carátula. Yo, si se puede decir, me especialicé en eso. Me gustaba dibujar así que agarré una habilidad para hacer mis carátulas y con una regla de letras escribía mi nombre, calculando el espacio y tratando de evitar que alguna letra se salga del dichoso pergamino o agarre uno de los rollitos que le dibujaba a los lados. Algunos amigos por flojera a veces me alcanzaban un par de monedas y les hacía sus carátulas. Así me “recurseé” hasta que empezaron a vender las carátulas en las librerías, ya hechas, sólo para poner tu nombre y mi próspero negocio se fue a la quiebra.

Asignaciones
Me acuerdo de las famosas “asignaciones” (ahora ¿hacen asignaciones?). Agarraba mi máquina de escribir y me ponía a digitar mi tarea previamente escrita. Pero los errores nunca faltan así que agarraba mi “radex” y le aplicaba a la letra errada. El problema era regresar a la misma línea, por eso a veces me salía algunas letras montadas como si saltaran por encima de la palabra queriendo figurar. Peor aún mi bendita máquina de escribir se había malogrado y no corría la cinta así que con la mano derecha escribía y con la izquierda iba dando vuelta al rollo de cinta. Al final terminaba con un dolor en la yema de los dedos índice y medio de la mano derecha.

Luego de digitar unos párrafos dejaba unos espacios para los dibujos que iba hacer posteriormente y más valía no cometer algún error dibujando porque si no tenía que volver a digitar toda la hoja nuevamente.

Luego salió el “liquid paper”. El problema es que en esa época aún trabajábamos mucho con el papel “bulky” y el papel “periódico” que eran más prietos que ropa percudida. Cuando le aplicabas el “liquid paper” quedaba una mancha blanca que se podía divisar a kilómetros de distancia.

Y si tenía que sacar alguna información tenía que irme a la biblioteca municipal. Cabe indicar que previamente había tenido que hacer mi pago respectivo, llevar mi foto carnet blanco y negro y esperar 20 días para que me entreguen mi dichoso carnet con sus respectivos sellos de tinta y sello de agua infalsificable, que me acreditara como inscrito y me permitiera pedir algunos libros para leer en la sala. Sólo tres por día.

Colegio
Y ya que hablamos de colegio, Lucía va a un colegio particular con piscina y agua temperada, con salones acondicionados, lleva música, arte, danza, natación, etc. No es un “gran colegio” pero al menos, creo yo, cumple con un mínimo de estándar para su educación.

En mi colegio de primaria en cambio a las justas tenía un patio central. Cuando quisieron ampliar el colegio se cayó una pared. Se escribía en pizarra con tiza. Para los cambios de hora o anunciar el recreo sonaba una campana. No existía cursos de música natación y mucho menos había alguna piscina. A las justas había agua en los baños.


(Escrito en marzo de 2010)

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