Tuesday, February 25, 2014

Mis 100 Primeros Posts




Exactamente el treinta y uno del mes pasado publiqué mi entrada número cien. Cuando me percaté de aquello me embargó una extraña emoción y se despertó en mí unas ganas inusuales de celebrar. Llamé a un conocido hotel cinco estrellas de la capital Limeña y coticé el costo de una cena-recepción, pensando en invitarlos a todos ustedes que siguen este humilde espacio.

Con la cotización en mano me dispuse a hacerles un sondeo para que me confirmen su asistencia (incluido a aquellos que residen fuera de la capital o del país a quienes les había cotizado pasajes y estadía), sin embargo al entrar a sus blogs noté que muchos superaban las trescientas, quinientas e incluso ochocientas entradas en su bitácora.

Apocado por mi escasa producción llamé al hotel y cancelé la reservación aduciendo que por motivos ajenos a mi voluntad se iba a postergar la reunión para una fecha que comunicaría con anticipación.

Habiendo perdido ya las ganas de celebrar pomposamente mis ridículas cien entradas, he decidido postergarla hasta la publicación de la entrada número mil y en su reemplazo hacer este humilde post donde pretendo repasar algunos relatos.

Aunque sé que este tipo de “posts” donde uno hace un ranking generalmente nadie los lee (o nadie entra a los links), igual lo he querido hacer por un acto de reivindicación conmigo mismo.

Por otro lado sé que es injusto (para mi) porque a todos los “posts” les guardo un afecto especial. Los escribo con muño cariño y particularmente me divierto escribiéndolos; de modo que esta selección es prácticamente los que se me han venido en estos momentos a la mente. A ver, si no han leído alguno de ellos, anímense a darle clic:

1.
En una de mis vacaciones de verano en Lima, me encontré con un compañero de estudio que también había venido a vacacionar a la capital. Juntos salimos a dar unas vueltas por la inmensa ciudad hasta que llegamos al jirón Cailloma, donde la lujuria y el sexo nos arrastraron a pasar estas aventuras.
"Aventuras en el jirón Cailloma"

 
2.
Dicen que para superar los traumas hay que contarlos. Guardártelos es lo peor que puedes hacer. Así que en este post escribí mi primer trauma cuando llegué a Lima. En unas vacaciones de verano fui víctima de un ladronzuelo de poca monta. Me bautizaron por inocente.
"Mis primeras adidas"
http://eduardounalm.blogspot.com/2011/09/mis-primeras-adidas.html


 
3.
A veces los recuerdos vienen de golpe en esas noches sin sueño. Y uno no sabe por qué te llegaron así de la nada, sin ningún motivo, sin existir ninguna chispa que haya desatado el  fuego vivo del recuerdo. A veces pasa y así salió, de golpe, a las 3 de la mañana, en 5 minutos, este post un poco triste:
"Aunque tú no lo sepas"
http://eduardounalm.blogspot.com/2013/10/aunque-tu-no-lo-sepas.html

 
4.
No quiero usar palabras bonitas para definir el estado en el que te sumerges cuando estás enamorado. Simplemente te vuelves idiota. Eso es lo que me pasó en una etapa de mi vida. Cancelé un ensayo con mi banda de rock (una de mis grandes pasiones) por ir a ver una mujer con resultados poco alentadores.
"Por el amor de una mujer"
http://eduardounalm.blogspot.com/2008/10/por-el-amor-de-una-mujer.html


 
5.
Siempre quise escribir poemas y valgan verdades me gané un poco de respeto en estos menesteres en el tiempo que estuve en secundaria. Y no por mi creatividad sino por mi habilidad de ir traduciendo canciones y parchando pedacitos de aquí y de allá.
"El peor de todos"
http://eduardounalm.blogspot.com/2011/09/el-peor-de-todos.html


 
6.
Cuando estaba en el colegio subir al techo a tomar el sol y mirar el horizonte era una de las cosas que más me placía. Mi estado de procrastinación cambió radicalmente cuando una nueva niña se mudó a la casa vecina y coincidentemente su azotea, daba con el techo de mi casa. Amor de colegio, amor del bueno.
"Vestido de mujer"
http://eduardounalm.blogspot.com/2011/11/vestido-de-mujer.html


 
7.
¿Creen en el amor a primera vista?. Pues eso me pasó cuando vi a una impulsadora en una de las tiendas de Wong. Aún estaba en la universidad y por conocerla postulé e ingresé a trabajar allí. Del resultado de esta aventura sólo salió una “misiva” poco común, que nunca llegué a entregársela. Después de leerla, ¿ustedes creen que me hubiera aceptado? (este post tiene dos partes y por primera vez realicé un sencillo concurso que tuvo como resultado una feliz ganadora).
"Kathy Kotex y el Chico Pejerrey"
http://eduardounalm.blogspot.com/2012/09/la-impulsadora.html
 
http://eduardounalm.blogspot.com/2012/10/kathy-kotex-y-el-chico-pejerrey.html
 

Tuesday, February 04, 2014

Esta Desquiciada Manía



Exactamente desde principios del año de 1985 se desató en mí un inusitado deseo de ir pintando las carpetas y paredes. Repentinamente me apareció un deseo voraz, desquiciado, de ir malogrando la propiedad privada y pública con mensajes, refranes, nombres de grupo, nombres de canciones y frases, que iba dejando a punta de lapicero, lápiz, pintura o pepa de mango verde.

Yo que había sido un niño modelo durante toda mi etapa escolar, me volví de pronto un vándalo, un gamberro, un pirañón que iba por allí expresando sus ideas más inauditas. Y esto como podrán imaginar me trajo más de un problema.

Los que tendrán mi edad probablemente se acuerden de la emblemática sala de ensayos “FILDERES” ubicada en San Martín de Porres. Por esa época todos los grupos de rock pasaban por allí. En ese estudio había una “sala de espera” donde las bandas aguardaban su turno para ingresar a hacer bulla con los instrumentos musicales. Las paredes de esa sala poco a poco se convirtieron en un campo de batalla de letras anónimas donde cada quien escribía el nombre de su agrupación. Llegó el día en que no había espacio para una letras más y todo se volvió una lucha encarnizada y sin cuartel borrándonos o escribiéndonos unos sobre otros. Así que en cada sesión llegábamos a reescribir nuestros nombres y a desaparecer a los demás. En una oportunidad a trompicones y por encima de los demás dibujé el nombre de mi banda “Los Buitres” y más abajo los sobrenombres de todos: “Diablo”, “Judas”, “Paco” y “lucifer”. Al otro día al volver para un nuevo ensayo habíamos sido víctimas de nuevos vándalos. Nuestros nombres habían sido deformados por: “Los Buitreados”, “Diablo Rosa”, “Judas escabrote”,  “Paquita la del barrio” y “luci cabrera”. Nadie sabía quién había sido el “jijuna granputa” pero igual nos desquitamos con el primer nombre que vimos en la pared deformándolo de igual manera.

Luego trasladé mi desquiciada enfermedad a las carpetas de la universidad donde iba dejando entre clases de integrales, derivadas, teorías keynesianas y curvas de indiferencia,  mis frases, letras de mis canciones o libros que supuestamente estaba escribiendo. En aquella época me había esmerado en recopilar mis memorias en un cuaderno al que llamé “Diario de un Loco”. Lo pinté con letras góticas sobre una de las carpetas del curso de Cálculo III. A los dos días, en la siguiente clase, me topé con mi misma carpeta, dándome cuenta que había sido nuevamente víctima del ingenio Peruano. El título de mi libro había sido trastocado y ahora decía “Diario de una loca”.

En épocas de colegio, por el año de 1989, junto a un par de amigos formamos el grupo “Gileros”, nombre al cual le hacíamos poco honor por nuestros continuos fracasos con el sexo opuesto. El logo de nuestro grupo se lo pirateamos al del rockero venezolano Paul Gillman, con las variantes del caso. Era el año de 1988 y esperando que la noche caiga y “nos cubra con su negro crespón”, salimos a pintarrajear las paredes de todo Pisco con spray marrón “Gileros” por aquí, “Gileros” por allá. Al día siguiente mi mamá me despertó con una rechifla y me pidió que no me mueva de la casa. Todas las paredes de Pisco habían amanecido con lemas senderistas y para colmo de males con pintura marrón. Todo el día me la pasé escondido en el baño tratando de quitarme la pintura de las manos.

Antes que se me quite esta chifladura hice otro disparate. Lanzarme con mi spray a la casa de una de las niñas que me gustaba para dejarle un mensaje de amor. Spray en mano y con el apoyo de uno de mis amigos, a quien convencí que era la ocasión especial para hacer justicia al nombre de nuestro grupo, nos aventuramos a altas horas de la noche por las calles peligrosas de un barrio populoso de Pisco. Caminamos, simulando ser dos vándalos más tratando de evitar los grupos de pandilleros que se apostaban en las esquinas a defender su territorio y sus mujeres. “¿qué vas a escribir?” me preguntó mi amigo. “acá lo tengo escrito”, le dije. Saqué el papel y se lo leí “Niña hermosa, me gustan tus ojos, me gustan tus labios, eres todo para mí”. “Que cursi” me dijo. “no jodas, tú no sabes lo que significa esas palabras para los dos, es más yo le he prometido que le voy a dejar este mensaje frente a su casa” le respondí. “¿frente a su casa?, ¿dónde está la frutera?” preguntó nuevamente. “Sí, ahí mismo, le voy a malograr su pared porque tú sabes que ella odia a su vecina la frutera porque para dejando cáscaras de plátano en su puerta” contesté. “¿Y dónde vas a escribir si en su pared han pintado todas las frutas con sus nombres?”. Alegó. “De eso se trata, de malograrle la propaganda... ¿entendiste?, hoy le dejo un mensaje de amor a mi chica y a la vez le cobro su venganza, doblemente agradecida”, terminé diciendo.

Llegando a su esquina, nos agazapamos mirando tras un poste que no hubiera testigos de nuestra hazaña. Luego de pasar dos veces por su calle y no encontrando ningún curioso llegó el momento de tomar acción “tú haces de campana”, le ordené. Saqué el spray y mi papelito con el mensaje y empecé a escribir sobre los dibujos y letras que la frutera había mandado pintar para hacerse propaganda. Escribí “Niña hermosa…”. “Apúrate” me dijo mi amigó poniéndome nervioso el tono de su voz desesperada. “Creo que viene alguien” gritó. “no te desesperes ya termino” le dije mientras seguía escribiendo “… me gustan tus ojos, me gustan tus…”. “¡mierda!” gritó mi amigo. “¡corre!” vociferó y salió disparado como alma que lleva el diablo. En la esquina un grupo de unos quince sujetos armados de hondas, piedras y palos había aparecido como una turba desquiciada. Dejando todo inconcluso partí a toda carrera tras mi amigo mientras sentía que una lluvia de piedras iba cayendo  a mi lado. Doblamos la esquina y galopamos como dos caballos en la final del Derby. Después de unos 3 minutos interminables de carrera traspasamos esa línea imaginaria que divide un barrio de otro. Cesando como dos animales, con las manos en las rodillas y con las gotas de sudor que resbalaban por nuestras sienes descansamos unos segundos “conchasumadre casi nos matan” me dijo mi amigo. “Sí, tienes razón, hemos tenido suerte, con tantas piedras que cayeron” respondí interrumpidamente por el cansancio. “¿terminaste de escribir?” preguntó. “eso es lo peor… me quedé por la mitad” le dije.

Tres días después, en una mañana de sol intenso fuimos nuevamente por el barrio de la niña hermosa. Grande fue mi sorpresa al descubrir que caprichosamente la frase había quedado dispuesta de la siguiente manera “Niña hermosa, me gustan tus ojos, me gustan tus…” lo que yo había escrito con el spray, seguido había quedado la propaganda de la frutera  donde decía “melones”.
Con razón me terminó a la semana siguiente.

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