Wednesday, June 04, 2014

Lluvia en Cusco




Por Marcelo Gasán


Cuando le dije a mi compañera de trabajo Cassandra para irnos de viaje juntos al Cusco, no pensé que fuera a aceptarme. Estábamos en una de esas conversaciones banales sobre lo que nos gustaba hacer y salió de la nada emprender esta travesía. Yo estaría por motivos de trabajo en Abancay y luego de allí me saltaría al Cusco. “¿Vamos?” Le pregunté como quien no quiere la cosa. “¿De verdad?” me dijo ella. “De verdad pues” le dije con una seguridad poco usual en mí. “ya pues” respondió de inmediato. Luego de recibir su respuesta me ganó la incertidumbre, el nerviosismo y me quedé en silencio. Me delaté de ser un seductor de pacotilla.

Luego de unos minutos quedamos de la siguiente manera: Ella viajaría al Cusco y llegaría un sábado por la mañana. Yo, como estaría en Abancay, le daría el alcance el mismo día. Los días previos discutimos un poco el itinerario. El primer día haríamos el city tour, al día siguiente el valle sagrado, y el tercer y cuarto día Machu Picchu. Los días restantes nos quedaríamos para hacer vida bohemia en la ciudad.

Cassandra me discutía con severidad y siempre terminaba por imponer sus planes. Que su prima le había dicho, que su amiguita le había recomendado, que había encontrado en internet y al final ella terminaba teniendo siempre la razón. Tenía un carácter fuerte, algunos rasgos de agresividad que le afloraban sobre todo cuando ella consideraba que algo le era injusto, sin embargo, tal vez sin explicación alguna me gustaba su forma de ser, su manera de imponerse, su seguridad, esa forma tan sutil, a veces, de hacerme daño.

Hablamos de todo pero lo que no dijimos es en lo que más estuve pensando el día que me enrumbaba hacia la ciudad imperial: El hotel. Si bien yo, me había repetido en mi cabeza “si me aceptó el viaje tiene que aceptarme lo otro”; no sabría cómo actuar al momento de escoger el lugar donde nos quedaríamos. Para mi bien o para mi mal, mi ómnibus se retrasó un poco, así que preocupado empecé a escribirle mensajes de textos “Partimos tarde voy a demorar una hora más en llegar”. Ella me respondió a los pocos minutos “no te preocupes, ya tomé el hospedaje. Ahí te envío la dirección”.

Al llegar al terminal, tomé el primer taxi que encontré y me dirigí al hotel. Nervioso entré al recinto. Una puerta de vidrios estéticamente dispuesta y un portero uniformado me hicieron pensar que no era cualquier lugar. Era lo menos que podía esperar. Luego me enteraría que Cassandra se había fijado en cada detalle: lugar, acceso, había revisado las sábanas, las toallas y hasta las juntas de las mayólicas que se encuentren escrupulosamente limpias.

Cuando toqué y entré a la habitación lo primero que noté es que tenía dos camas simples separadas por casi metro y medio. Un televisor y un baño. Todos mis sueños de noches salvajes de sexo desenfrenado de pronto se derrumbaron hasta casi quedar en ruinas. Simulé  la mayor naturalidad, la saludé con una sonrisa fingida y me dirigí directo a darme un baño.

Al salir de la ducha, las pocas piedras que quedaron de pie de mis sueños de lograr algo, terminaron por desaparecer cuando Cassandra me dijo “¿has visto los italianos que están en la otra habitación?, están buenaaaazos”. Allí entendí definitivamente que debería quitarme esta loca idea de tener algo con Cassandra.

El primer día hicimos el “city tour” y como aún era temprano salimos a dar una vuelta por la ciudad, comer algo y tomar un vino. En la noche, en el hotel, cada quien fue a su cama. El frío pareció arreciar con más fuerza aquel día. “tengo frío” me dijo Cassandra. No sabía si era una indirecta pero decidí arriesgarme, jugarme el todo por el todo “si – si –si quieres te abrigo” le dije titubeando. Sentí de pronto que la habitación se hacía más oscura, más muda y los pocos segundos que esperé su respuesta parecieron eternos. “Ni te atrevas” respondió Cassandra apretando los dientes.

A la mañana siguiente actué como si nada hubiera pasado y conforme lo planeado hicimos el tour al “valle sagrado” y un día después “Machu Picchu”. El penúltimo día estuvimos en una discoteca. Pero como había venido ocurriendo durante todo el viaje ella nunca se quedaba conmigo. La veía caminar, dar vueltas como si yo no existiera. Luego de unos minutos la vi conversar con los italianos que se hospedaban en nuestro mismo hotel. Acodado en la barra de la discoteca tomaba una cerveza mientras miraba el espectáculo de mi derrota. Cassandra reía y bailaba con uno de los italianos. Las luces multicolores y la cortadora hacían que todo pareciese un sueño. Un mal sueño.

Encendí un cigarrillo mirando alrededor buscando tal vez encontrar a alguien, planear una venganza. Pero venganza de qué, si todo lo que había planeado sólo había ocurrido en mi mente. Resignado a mi suerte me pasé las próximas horas mirando cómo Cassandra se divertía bailando con los italianos, alternándose entre uno y otro y conversando sabe Dios en qué idioma. De pronto las cosas empezaron a tomar un giro inesperado. De una película de diversión la cual miraba parecía convertirse en un drama. La vi a Cassandra con el ceño fruncido. Uno de los italianos la había tomado por la cintura y ella parecía sentirse incómoda. Por un momento no supe qué hacer. ¿Debería hacer algo?. Me volví a apoyar en la barra cuando a lo lejos vi su cara desesperada, me había buscado con la mirada a través de la multitud. Me acerqué empujando cuerpos sudorosos hasta llegar a ella “¿pasa algo?” le grité al oído pues la música era altísima. “sácame de aquí” me dijo. La tomé de la mano, le saqué el brazo del italiano que la sujetaba por el hombro y nos apartamos. No sé qué hubiera pasado si los extranjeros hubieran decidido buscarme la bronca. Posiblemente no estuviera en estos momentos contando esta historia. Al menos no, entero.

Llegamos pasada la 1 de la mañana al hotel. Me arropé y me metí a mi cama. Cassandra no había querido decirme lo que había ocurrido en la discoteca, el por qué de su enfado. La había visto tan contenta y tan feliz y luego verla en ese estado. No quiso contarme, quizás no quería admitir que había necesitado de mi ayuda, no había querido admitir que en el fondo era débil también.

Me metí a mi cama y en silencio traté de dormir. La música estridente aún zumbaba en mis oídos y el olor a cigarrillo estaba impregnado en mis manos. Cassandra estaba sobre la otra cama dándome la espalda. “Tengo frío” me dijo y luego agregó la frase que jamás pensé que dijera “abrígame”. Ahora quien permaneció en silencio fui yo porque no sabía que decir. Después de un minuto que pareció nuevamente interminable me acerqué a ella, la abracé por la espalda y la abrigué.

Ella se volvió a mi y me besó. Me mordió los labios, me arañó la espalda hasta arrancarme pedazos de piel y mientras la penetraba me mordió el brazo hasta dejarme una huella que hasta hoy conservo como una cicatriz de guerra.
Cuando terminamos de hacer el amor se puso de pie sobre la cama y se orinó sobre mí.

21 comments:

  1. PRIMEROOOOOOOOOOOOOOOO!

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  2. A veces las lluvias son doradas.

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  3. cicatriz de guerra...

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  4. ejejej sería para sellar las cicatrices de guerra ajjaaj
    Bueno al menos al final se consiguió el objetivo no?

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    1. sea como sea y al costo que sea, se consiguió el objetivo jajaja. Saludos.

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  5. Caray todo tan chévere, siguiendo el patrón de un buen cuento de hadas, el villano (el que vive en una villa) que se enamora de una princesa y que esta desprecia por otro príncipe pero que al final es rescatada por el villano y se enamoran y hacen el amor tres veces seguidas sin descanso pero en ningún lado dice que le orina encima! Eso me bajo todo!!! Wacala! Me hacen eso y creo que me traumo para toda la vida! Pero por que hizo eso? Hablaste con ella?? Qué asco! Sé que algunos animales marcan su territorio así pero bueno, estaré atento a tu respuesta.

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    1. Si reescribo el cuento de hadas no vale la pena. Contar lo ya contado no tiene valor. Además las mujeres no son proncesas perfectas y lo que tenía Cassandra era agresividad pura... Traumarte?! no puees no te me pongas tan delicado.

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  6. Jajajajaj qué excelente, al menos hubo su calentadito XD Y Cuzco es una maravilla de ciudad.
    Fácil Cassandra aplicó lo de "mejor cholo conocido... " :D

    Un abrazo Edu!!

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    1. Franchis volviste!!! siempre paso por tu blog y no publicas nada y ni respondiste los comentarios!. Cusco es una maravilla de ciudad... y llueve bastante!. SAludos y bienvenida again (Escribe!)

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  7. JAJAJAJAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
    Morí con el final!!! EPICOOOOOOOOOOOO!
    jajajajajaja!

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    1. Esto sólo me lleva a una frase de Woody Allen que descubrí después "El sexo sólo es sucio si se hace bien".

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  8. jajajaajjajaja como dicen en american pie! son extrañas esas mujeres! fuiste afortunado! jajajajajajaajaja

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  9. Fuerte final, de una buena historia.

    Salud

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    1. historia común, final poco común.

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  10. Hombre, el final marcó la diferencia, no me lo esperaba. Y mordió??? Me muero, bueno, hay de todo. Cada quien disfruta con lo que quiere.

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  11. Buena historia. Cassandra es nombre de prosti, o no? Creo que no, o si? Jejeje, todo lindo para que te quitó piel de la espalda y te orinó...eso no es normal Edu, tienes problemas xD

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