Tuesday, October 29, 2013

Aunque Tú No Lo Sepas



Aunque tú no lo sepas, te juro que yo estuve allí contemplándote a lo lejos, encubierto entre los curiosos. Te lo puedo jurar.

(dale play, por favor)



¿Recuerdas cuando éramos unos párvulos impolutos, tontos ilusos que pensábamos que el amor era para siempre?. ¿Recuerdas? Me pregunto si aún evocas esos sueños inalcanzables de querer ser estrellas de rock. Yo recuerdo y me sale una mueca involuntaria que aún no sé si es una sonrisa o el puchero de una tristeza.

Aún me pregunto si te viene mi nombre a tu cabeza al escuchar esa canción que hicimos nuestra y que yo te cantaba desafinado, como una promesa de amor, "I'll be there for you, these five words I swear to you, baby". Sí. Aún en mi corazón tu nombre está adherida a esa melodía. No lo puedo disociar. Me pregunto si a ti te pasa lo mismo.

Recuerdas aquel día de fiesta de mi promoción que como una promesa de amor eterno te regalé esa pulsera tejida con cables delgadísimos de telefonía, de colores, que yo mismo hice y que luego de ponerla sobre tu muñeca prometí amarte y nunca dejarte. Recuerdas que luego te besé quizá como nunca te había besado. ¿Aún lo recuerdas mi cómplice?. Y esbozo una sonrisa pues hace mucho no te llamaba así, aunque ahora sólo te lo pueda decir en letras. 

Y aunque tú no lo entiendas, hasta hoy, que ya ha pasado tantos años, tu recuerdo me viene a veces con fuerza, como una puñalada mal clavada, repentinamente. Te puedo jurar que, no sé por qué. O tal vez, es porque un día como hoy decidiste casarte con ese sujeto mayor, que alguna vez se interpuso en tu promesa de amor; sí porque no hay más culpable que él. Tú no tuviste nada que ver en esto. Lo sé, ni siquiera tienes que decírmelo.

¿Sabes? en la lejanía, cuando me dijiste que todo se había acabado que decidiste partir convencida quizá en lo que él te pudo ofrecer sólo lo acepté y decidí largarme lejos. Si eso era lo mejor para ti pues a otro lado con mis tontas canciones de amor.

¿Quieres saber un secreto que aún guardo hasta hoy entre el sístole y el diástole?, ¿sabes?. Yo estuve el día de tu matrimonio contemplándote a lo lejos, fuera de la iglesia. Estabas linda lo admito, quizás tu belleza opacada un poco por el exceso de parafernalias. Yo sé que tú no querías eso. Odiabas los protocolos, me lo dijiste alguna vez. Pues aunque tú no lo sepas, yo estuve allí, escabullido entre la multitud afuera de la iglesia, encubierto como un curioso más, un poco alejado. Yo estuve allí te lo puedo jurar como quien jura el pecador frente al cura.

Yo estuve allí y te lo confieso porque quizás también quisiera tener alguna respuesta sobre lo que alguna vez fui para ti.

Pues al tener claro que tu promesa de amor había terminado y que entre tú y yo solo el vacío existía, repentinamente todo tuvo un giro inesperado. Cuando subiste a ese carro de novia adornado con flores y al bajar los vidrios de las ventanas sonaba a todo volumen "I'll be there for you". Tú la pediste, lo sé y mientras agitabas la mano saludando a tus amigos divisé que entre tu vestido blanco y tu joyería carísima llevabas en tu mano derecha aquella pulsera de colores mal hecha, que alguna vez te regalé, casi rasgando el organdi de tu vestido. Esa imagen, esa canción y esa sonrisa tuya como una mímica aprendida se quedaron como una interrogante en mi corazón.

Friday, October 04, 2013

A, E, I, O, U (AND SOMETIMES Y)


Como estamos en pleno concurso del Blog-day me estoy poniendo serio con este relato, con la esperanza, que alguno de los organizadores se dé una vueltita por este humilde espacio y piense que soy un tipo circunspecto y responsable y no se lleve la impresión que soy un degenerado, un sibarita, un truculento que anda escribiendo por ahí cosas sin sentido. Espero les guste









Mi hijo tiene los ojos vivaces y una falsa tristeza en su cara. Es zurdo. Su cabeza es grande como la de un marciano, tiene dos remolinos y es muy inteligente.  A pesar que le he comprado autos, aviones y muñecos de súper héroes vive obsesionado con las vocales A, E, I, O y U (and sometimes Y). No es muy sociable, le gusta mucho la música y siempre me pide que ponga canciones de navidad en cualquier fecha.


Suele revisar mi velador, mis cajones, sacar las cosas, tirarlas por allí y poner otras. 


Todo estaría bien si no fuera hasta aquel día que nos quedamos jugando hasta altas horas de la noche. Vencido por el cansancio y por su inagotable fuente de energía, caí en un sueño profundo. Me quedé dormido y lo dejé jugando a mi lado mientras él revisaba mi maleta de trabajo.


Aprovechando mi estado de somnolencia sacó cada uno de mis papeles, mi agenda, mis cables cargadores de teléfono, jugó con ellos, los mezcló con sus juguetes, con su ropa, sus baberos y cuanta cosa encontró a su alrededor,  y luego los guardó uno por uno, en desorden, al azar hasta cansarse.


Al otro día desperté tardísimo azuzado por mi esposa “¡es tarde nos quedamos dormidos!” me dijo. Me levanté de un salto y me dirigí al baño de inmediato a darme una media lavada “justo hoy que tengo reunión a primera hora” me lamentaba en silencio.


A duras penas me vestí, agarré mis llaves, billetera, celular y mi maleta. Me despedí, puse primera y salí a enfrentar el tráfico limeño. Durante el camino miraba a cada instante mi reloj. Aún podía llegar. Pasada las ocho y treinta recibo una llamada “Eduardo, donde estás, ya va a empezar la reunión, faltas tú nomás” era mi compañero de trabajo. “ya ahorita llego, dame cinco minutos” respondí. “Apúrate que tú tienes que hacer la presentación” culminó.


Lejos de tranquilizarme, me invadió el nerviosismo. Esta reunión era muy importante para exponer el proyecto que habíamos planeado ejecutar en los próximos meses y necesitábamos la aprobación de la Gerencia.


Llegué corriendo al trabajo y subiendo las escaleras de tranco en tranco me dirigí de frente a la sala de reuniones. Apenas entré todas las miradas se fijaron en mi. “Buenos días con todos” dije “el tráfico está terrible” agregué tratando de justificar mi tardanza. Sólo tuve como respuesta el estridular de un grillo. Me habían reservado una silla para que haga la presentación, así que aún con todos los ojos apuntándome, puse mi maleta sobre la mesa y jalé mi agenda donde tenía mis notas. El problema fue que lo jalé de un tirón y salió enganchado de un calzón de encaje rojo de mi esposa, el cual se deslizó por la mesa de reuniones hasta posarse al lado del “ipad” del Gerente.


Luego de ver la cara de sorprendidos de todos y después de un segundo de silencio que pareció eterno todos echaron a reír.
Al llegar a casa, como siempre, mi hijo salió a mi encuentro. Lo abracé fuerte y le dije mentalmente “gracias por ayudarme al romper el hielo en mi reunión”, mientras él me iba contando que estaba jugando con las vocales A, E, I, O y U (and sometimes Y).

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