Tuesday, September 24, 2013

El Inicio De Mi Carrera Literaria





Después de haberse publicado uno de mis cuentos en un diario de circulación nacional, algunas personas, que nunca antes me hubieran dirigido la palabra empezaron a indagar más sobre mi. Se agenciaron de otras publicaciones incluida aquella que sólo se publicó en la edición de la web.

Por otro lado el área de comunicaciones de la empresa en que laboro se puso en contacto conmigo, me hicieron una pequeña entrevista y publicaron un par de mis cuentos en la intranet. Adicional a ello, coincidiendo que nuestra institución viene organizando un concurso de cuentos dirigido a escolares a nivel nacional, me solicitaron participar activamente a través de unas charlas dirigidas a los alumnos sobre mi afición a escribir, lo que me motiva y cómo plasmo lo que pienso de la mejor manera sobre el teclado de la computadora.

Días antes de la charla, recibí un correo electrónico del área de Comunicaciones donde me daban unas pautas para la exposición y adicionalmente me enviaron el arte de unos avisos publicitarios de tamaño A5 que había tenido a bien el colegio publicar entre los estudiantes con mi rostro y una pequeña reseña de mis publicaciones, a fin de incentivarlos a participar en la creación de cuentos.

Totalmente emocionado, pues nunca antes había tenido tanta publicidad preparé mi presentación con unas cuantas diapositivas, practiqué una y otra vez mi exposición, preparé unas citas importantes, me asesoré con mi esposa, que es profesora, sobre métodos para captar la atención de los estudiantes y traté de mejorar mi oratoria hablando con un lápiz en la boca.

El día pactado llegó, fui a la exposición, hice mi presentación con un singular éxito. Capté la atención de los muchachos en buena parte de la charla, tuve muchas preguntas y recibí la felicitación del director y los profesores de aula.

Aún alborozado por el repentino éxito del inicio de mi carrera literaria y queriendo conservar para mi currículum la prueba fehaciente de mi exposición le solicité al director que me proporcione algunos de los “avisos publicitarios” de mi charla  que se había venido repartiendo entre los alumnos. El director luego de pasar por su oficina me trajo unos quince avisos los cuales guardé cuidadosamente en mi maleta que me había comprado días antes para interpretar mejor mi rol de intelectual.

Antes de regresar triunfante a casa me dirigí al baño de la escuela y grande fue mi sorpresa que al entrar a uno de los cubículos encontré cientos de los “avisos” de la charla con mi rostro sobre el inodoro y otros tantos usados y embarrados sobre el tacho.

¡Carajo!, después de ver eso, sólo me ha quedado concluir que mi inicio literario ha sido una cagada.

Tuesday, September 17, 2013

Estrella de Rock II






¿Quién no ha tenido sus 15 minutos de fama?. A Edch lo nombraron en la fallida campaña de Donofrio; Marité aparece de vez en cuando en algunos diarios limeños; Lucho ha salido en televisión y radio por su fanatismo por Queen; Paty ha publicado poemas en un semanario nikkei, Rubén apareció en televisión en un operativo policial y Munani ha ganado premios L.G.T.B.  por su blog (espero no olvidarme alguna de las iniciales).

Todos hemos tenido alguna vez nuestros quince minutos de fama, en el colegio, en la universidad, en alguna radio local o en la televisión. Pues déjenme decirles que yo también he tenido mi momento de fama, ¡Qué se habrán creído!, con justo derecho he sido asediado también por la prensa y sobre todo por un grupo numerosos de chicas. ¿No me creen?, pues aquí les cuento:

Invitados por un grupo de rock Trujillano, junto a mis amigos nos dirigimos a la ciudad de la eterna primavera a tocar lo mejor de nuestro repertorio, a seguir en  la dura batalla de alcanzar la fama sin claudicar nuestros principios del rock. Los anfitriones nos ofrecieron hospedarnos en sus casas, como se suele hacer en el mundillo del rock amateur, pero yo, preferí irme solo a un hotel del centro de la ciudad, a sabiendas que quedarme allí con los demás miembros de la banda únicamente significaría armar juergas nocturnas interminables llenas de alcohol y cigarrillo.

En la tarde, los organizadores habían arreglado una pequeña entrevista en una radio local a la cual acudimos y nos divertimos conversando y respondiendo las preguntas que hacían los pocos oyentes de esa radio pirata. En la noche fuimos a un bar de mala muerte donde se congregaron un número significativo de  incautos pelucones y desaliñados. Fuimos el tercer y último grupo que salió a escena y la respuesta fue favorable. Nos ovacionaron, la gente nos aplaudió a rabiar y al término de la última canción, los organizadores nos pusieron una caja de cervezas. De la alegría por el éxito obtenido tomé a rabiar de pura felicidad. Levanté mi vaso una y otra vez, brindando por la tocada, por el éxito, por el público, por las canciones y “por las mujeres aunque mal paguen”. Un grupo de chicas se acercaron a nuestra mesa y nos felicitaron y se quedaron con nosotros a seguir hablando de rock, de canciones y del amor. Por primera vez sentí que empezaba a tener groupies.

De tanto licor salí casi inconsciente del local, subí al primer taxi que encontré y me dirigí al hotel. Afectado por el alcohol, apenas me quité la ropa hasta quedarme sólo con mi bóxer atigrado que me había puesto por si la ocasión lo amerite y caí como una piedra sobre la cama.

Dormí como un desmayado, inconsciente, hasta cerca de las doce del mediodía cuando un bullicio de féminas adolescentes me despertó. Extrañado sin entender y tratando de tejer en mi mente que es lo que podría haber pasado en todas esas horas que dormí profundamente, me acerqué dispuesto a salir con el torso desnudo y con mis viejos calzoncillos al balcón que daba a la calle. Pero apenas empezaba a abrir la cortina un bullicio de gritos calenturientos de féminas me hizo cerrarlas de inmediato. Confundido, nuevamente hice el ademán de abrir las cortinas y otra vez los gritos. Incrédulo aún, empecé a jugar, abría un poquito las cortinas y las chicas gritaban, cerraba y se callaban. Así una y otra vez.

Totalmente confundido y aturdido, trataba de saber qué es lo que había pasado la noche anterior. Definitivamente el licor barato me había “borrado la cinta” en buena parte. Me puse a dar vueltas en el cuarto cavilando el porqué de mi repentina fama y sobre todo por qué de un momento a otro mi sola presencia había pasado a alborotar las hormonas de estas adolescentes. ¿Quizás la radio?, ¿el concierto que dimos?. Asomé mis ojos por un resquicio de la cortina y las chicas esperaban afuera separadas por una reja. Un par de matones de seguridad impedían su ingreso.

Sin poder creerlo decidí afrontar mi nueva realidad: “ERES FAMOSO EN PROVINCIA MARCELITO, ACÉPTALO TE LLEGÓ LA FAMA ” me dije mentalmente. Me duché de inmediato, me atavié de mi vestuario de rockero consistente en unos jeans gastados, un polo negro, un pendiente en la oreja izquierda, un collar con una cruz invertida, una casaca de cuero, el pelo desaliñado y botas militares. Respiré hondo, agarré un lapicero, practiqué mi firma unas 5 veces y decidí salir de una buena vez por todas.

Determinado bajé al lobby del hotel, caminé con el pecho erguido como quien camina a sabiendas que es una estrella de rock, salí a la puerta principal y las chicas empezaron a gritar con más euforia. Y mientras pensaba “ok chicas acá estoy, una por una por favor”; sentí el empujón de un fortachón de seguridad que me sacó de las escalinatas a un lado. Nuevamente confundido volteé buscando una explicación y tras de mi divisé a 3 jovenzuelos pertenecientes al grupo “Salsa Kids” que salían raudos del hotel y subían a una minivan de lunas polarizadas.
El grupo de chicas corrió con gritos calenturientos tras el vehículo que se alejaba por la avenida principal a toda velocidad. Mientras tanto yo, me quedé solitario en la calle con mi lapicero en la mano con las ganas de firmar autógrafos.

LinkWithin

Revisa también estos posts: