Wednesday, February 27, 2013

Baila Conmigo




Siempre he escrito en este humilde blog que el suscrito es un incompetente, un inepto, un imposibilitado para los bailes. Y en efecto, si bien podría memorizar ciertos pasos como una rutina de ejercicios no cuento con esa gracia, ese salero, esa fluidez de movimientos, esa elegancia, esa postura que derrocha cualquier bailarín. Mi expresión en el baile más se asemeja a la cara de Silvester Stallone cuando interpreta a Rambo, a Pocoyó cuando baila con  Ely y Pato o a los movimientos de Optimus Prime cuando se está transformando en trailer. Soy un inútil, un negado, un descoordinado, un subnormal para cualquier tipo de baile.

Y es que tampoco haya puesto mayor empeño en aprender porque en realidad no me ha nacido de las entrañas esa vocación. No tengo ese gustito por el baile como muchas veces veo reflejado en el rostro de mis amigas cuando se contornean al compás de una música. Siempre he preferido mantenerme al margen, a un lado, con un trago y si es posible con una buena conversación con alguna fémina.

A decir verdad, estas cosas traen problemas. Sobre todo en este mundo latino donde si no bailas como “America’s best dance crew” o mueves tus caderas al compás de una salsa como bailarín cubano o te sacudes al ritmo de la culebrítica del Grupo 5 estás “out” en tu objetivo por flirtearte alguna fémina. Estás “Knock out” si tuviste la osadía de ser padrino, amigo o hermano de la novia y tienes que bailar “tiempo de vals” de Chayanne” frente a 1500 invitados. Tus pasos de poguero borracho no te servirán para estos casos.

Bueno, mi poco empeño por aprender a bailar, me ha llevado a meterme en algunos problemillas, que he pretendido resumir a continuación:

Caso 1

Había ido tempranísimo un domingo, a casa de Adela para terminar un trabajo de la universidad. Pero lo que no me dijo mi amiguita es que su familia era apegada a los ejercicios semanales, a la vida sana y buenas costumbres. Su madre cada domingo no iba a misa, sino se enfundaba en unas mallas negras y junto a sus dos hijas y 3 vecinas del barrio, ponían música a todo volumen en su sala y empezaban a hacer su rutina de aeróbicos que seguían al pie de la letra de las rutinas de Jane Fonda que proyectaba su VHS en un viejo televisor.

Yo llegué para hacer un trabajo de Macroeconomía y de inmediato Adela me convenció que me una al grupo, que eso me ayudaría a despejar mis neuronas y estaría más brillante para poder resolver los problemas y casos de IS-LM, Balanza Comercial, Balanza de Pagos y de la Inflación subyacente. Por un momento la recriminé mentalmente a Adelita, pues fácil, me hubiera citado una hora después, pero al ver a sus vecinas, a su hermana e incluso a su mamá vestidas con unas licras pegadísimas que dibujaban sus delanteras y retaguardias pulposas y deseables, decidí unirme a su rutina de  aeróbicos más guiado por un instinto concupiscente que por buena salud

A fin de minimizar la ridiculez que iba  hacer, decidí ponerme en la segunda fila, tras la mamá de Adelita. Después de un par de canciones sencillas, tratando de agarrar el acompasamiento  y la cadencia de la rutina, trajeron unos “steps” caseros que se habían hecho a base de una madera reciclada. Me dieron uno a mi y arrancamos con una nueva canción que era más compleja en su composición de pasos y giros. Fue justo allí que en un par de vueltas me desorienté, perdí la noción de la ubicación y literalmente le metí una patada en el culo voluminoso de la mamá de Adelita. Para colmo de males, justo acabó la canción que sonaba, “pump up the Jam” de Technotronic, y juro, que el pulposo trasero de la mamá de Adela siguió moviéndose como gelatina de torta helada. Un silencio invadió el lugar y nadie se movió de su sitio, hasta que la señora dio por terminada las rutinas.

Caso 2


Mi segundo hijo tiene 2 años y me invitaron hace poco a una fiesta infantil. Después de muchos años volvía a asistir a estas reuniones por lo que me encontraba totalmente descontinuado, desactualizado, fuera de training en cuanto a canciones infantiles de moda y dibujos animados más populares del público menudo.

Llegué al Pardo’s, donde se había dispuesto y decorado todo el local color verde, relacionado a Ben 10. Nunca en mi vida había escuchado antes de este sujeto, al único “Ben” que conocí yo era al de los 4 Fantásticos.

Y justamente por haberme olvidado cómo actuar en estos casos cometí el error de sentarme en la fiestecilla junto a Janecita y no irme a un lado, afuera en la terraza con los demás padres ausentándonos de alguna manera de la fiesta y conversar de cosas triviales como autos, deporte o música.

Cometí ese error porque una de las animadoras pidió “voluntarios”, una mamá y un papá para bailar el famoso “chu chu wa” y que para mi hasta esa fecha era totalmente desconocido.

Fui elegido por ser el único papanatas que estaba sentado en la fiestecita, así que me dispuse a hacer los pasos estrambóticos y casi imposibles del “chu chu wa”. Luego de hacer el ridículo con las patas tronchadas intentando seguir la coreografía, se acercó una niña inocente con ojos grandes y con dos moñitos en la cabeza, cogió el micrófono y dijo con voz angelical pero firme “así no baila Piñón fijo”. Luego de la risa de los asistentes, quedé patidifuso porque no sabía quién carajos era Piñón fijo, lo único que sabía es que había sido bien Piñón para terminar allí en el medio bailando.

Caso 3

Era matrimonio de mi primo Ramiro. Había asistido como siempre acompañado de Janecita. Después de los protocolos de ley, empezó la fiesta. Pasadas unas buenas horas de haberme alicorado lo suficiente salí a bailar con Janecita. Sonaba en esos instantes un “popurrí” de música rock de los ochentas, así que me había animado a hacer mis movimientos de Robocop.

La pista se llenó rápidamente de otros advenedizos que querían disfrutar  del variado popurrí. Sonaba en esos momentos parte de la canción “hurt So Good”, cuando yo me movía simulando ejecutar la guitarra. El espacio de baile se atiborró tanto que una joven muchacha que  llevaba un vestido largo color azul tuvo la mala suerte de pegárseme mucho. El problema surgió cuando di un salto simulando tocar la guitarra, pero para mi mala suerte el taco de mi zapato se enredó con uno de los adornillos de su prenda y literalmente le descosí el vestido de la cintura para abajo, llevándomela hasta el piso. Lo peor es que se le vio todo el calzón, enorme, blanco, con un bordadillo de flores a uno de los lados, que si lo veía tendido en algún cordel, fácilmente lo hubiera confundido con una sábana o un fantasma. Su pareja de baile que era su novio por poco y se pone a poguear con mi cerebro.

 
¿Bailarías conmigo?.

Wednesday, February 20, 2013

Hoy Me He Googleado


Por: Eduardo Rodríguez Campos

Hoy me encontré con un amigo. Después de conversar de diversos temas me comentó que  había “googleado” su nombre y que en los resultados, había aparecido en las primeras páginas, su blog, su cuenta de Facebook, su my space, su linkedin, incluso en algunas listas de publicaciones que hacen las instituciones del Estado.

Apenas llegué a casa me metí a la lap top con la curiosidad de saber que aparecería si también “googleo” mi nombre. ¡Vaya! No quiero pecar de falsa modestia pero mi blog tiene más seguidores, mi linkedin tiene más visitas y valgan verdades en el Facebook me dejan más comentarios y le dan más “likes” a mis fotos que cuelgo que a las de él, así que modestia aparte lo debo apabullar también allí.

Mientras encendía la lap top pensaba que definitivamente en primera línea tenía que aparecer mi blog, luego mi Facebook y por último mi linkedin. Con esas tres cositas me doy por bien servido. Mi blog, porque es mi afición escribir y hacer catarsis de alguna manera. Mi Facebook, porque estoy abierto a todos mis amigos y amigas que en algún momento tuvieron la dicha (o la desdicha) de compartir tiempo de su vida con este sujeto, en el colegio, en la secundaria, en la universidad, en el barrio, en centros de trabajo, en clubes, lo que sea; soy transparente y mi cuenta está abierta para que puedan encontrarme (aunque a decir verdad nadie me busca). Y finalmente mi linkedin porque tengo la esperanza remota que alguna empresa importante del sector me ubique y desee contar con mis servicios. Por favor acepto propuestas de catorce mil soles mensuales para arriba. Abstenerse intermediarios.

Y valgan verdades, las personas sólo revisan la primera página de búsqueda del Google. Nadie revisa la segunda página y mucho menos las siguientes. Si la página web de tu negocio no está en la primera página estás muerto varón, sólo te queda hacer tu propaganda en las páginas amarillas o en el Talán del Trome, junto a los avisos de masajes tántricos.

“Googleé” mi nombre y lo primero que apareció fue “Eduardo Rodríguez Campos – Facebook”. Le di clic pero me llevó  a una cuenta de un tal Eduardo Rodríguez Campos de Guatemala. ¡Vaya!, el siguiente Eduardo Rodríguez Campos, tampoco era yo, era otro sujeto de Puerto Rico, pero ¡Qué Carajos! ¿Tantos Eduardo’s Rodríguez Campos hay en Centroamérica?.

Decidí irme a los resultados del linkedin, “Eduardo Rodríguez Campos – Linkedin”, ese debo ser yo, es más mientras abría la página pensaba si estaría actualizado mi perfil y cómo me vería si en estos precisos momentos alguna empresa transnacional estaría revisando mi información; pero ¡Maldición! Apareció un “Accountant with Big 4 experience and excellent Excel skills” radicado en Estados unidos, pero ¡Qué coño! A los Eduardo’s Rodríguez Campos, nunca les han gustado la contabilidad, como este sujeto cuatro ojos se atreve a ser contador.


Resignado, seguí en la búsqueda esta vez apareció más abajo un tal “Walter Eduardo Rodríguez Campos”, con su Facebook, con su página oficial, su youtube  y con imágenes que a decir verdad y me perdone la divina providencia no es más que un pelado cabeza de pinga, que se jacta de ser un periodista de Costa Rica (disculpen la vulgaridad pero ando fosforito últimamente). Oiga Google, yo he pedido que busquen EDUARDO RODRIGUEZ CAMPOS  y no WALTER EDUARDO RODRIGUEZ CAMPOS, ¿no pueden entender eso tan simple?.


Pero si hay algo que no perdonaría jamás es que su blog esté por encima del mío. Mi desconcertada cabeza se tranquilizó y solo pensé, “ok acepto no estar en la primera página, pero definitivamente en la segunda debe estar mi blog”, Pero ¡Oh Sorpresa! Al pasar a la siguiente página apareció el Blog de Walter Eduardo Rodríguez Campos (que se habrá creído este pelado!). Y todavía atreverse a mezclar ese sublime nombre de “Eduardo” con el nombre de “Walter”. “Walter” me hace parecer a “Wáter” y a pesar que en inglés signifique otra cosa acá en el Perú llamamos “wáter” al inodoro, a la taza del baño, al retrete, al lugar donde uno evacúa los intestinos.
Así que me voy resentido con Google, ya no lo considero el mejor buscador. Me mudo al Dogpile o algún otro metabuscador. Después de todo, en el fondo, muy en el fondo mío, por medidas de seguridad no quería aparecer en la búsqueda. ¡Al carajo con el Google!.

Friday, February 15, 2013

Mi Historia entre sus Dedos



Cuando vió pasar nuevamente a Estela por la vereda del frente, Ignacio se apresuró en darle el alcance, simulando una vez más que sus caminos se cruzaban por una simple casualidad. Le gustaba Estela, hasta su nombre tenía que ver con la luminosidad del rastro que dejan las estrellas fugaces. Siempre se inventaba cualquier excusa, fingía que iba por la misma ruta que ella tomaba cada tarde, sólo para acompañarla y hablarle esos pocos minutos que duraba el trayecto, ver su sonrisa, escuchar su encandiladora voz y perderse en sus ojos acaramelados.

Estaba cerca el 14 de febrero y ya había pasado mucho tiempo haciendo casi la misma rutina, encontrarla en el camino o en la panadería del barrio. Así que Ignacio, cansado que sus amigos lo llamaran “termo”, decidió declararse de una buena vez “¿quieres ser mi enamorada?” le preguntó uno de esos días que caminaban juntos. Pero para lo que no estaba preparado Ignacio era para la reacción casi violenta de Estela “NO, NO ME GUSTAS, NO TENGO EDAD PARA TENER ENAMORADO Y TÚ… TÚ APESTAS, ¡APESTAS!, VETE, VETE” y le sacó la lengua.

Ignacio nunca entendió por qué le dijo tantas cosas feas a la vez, si siempre la había tratado con respeto, la hacía sonreír, había sido amable con ella y le había hecho notar que era un buen chico.

Desde ese día evitó todo lo que alguna vez buscó. La sorteaba si iba a cruzarse por su camino,  rehuía de la panadería en cuanto la veía llegar y eludía cualquier reunión donde estaría ella presente. Pero como dicen los cronistas “el maldito destino se había empecinado en ponerla en su camino” y cada vez que la encontraba en la panadería, le rechinaban los dientes, le transpiraba el cuerpo y le temblaban las manos haciendo sonar la bolsa de papel que llevaba.
Aquel día después de tiempo, al despertar una mañana y ver a Estela tan dulce e inofensiva enredada entre las sábanas, vulnerable, a mi lado, durmiendo inocente, me llegó a la mente lo que me confesó de Ignacio y por una súbita curiosidad, decidí buscarlo en el Facebook. Nunca lo encontré con una cuenta propia. A quien encontré fue a su hermana y entre sus fotos de ella lo reconocí. Lo vi viejo, delgado, demacrado, como huyendo su mirada de la cámara. Nunca vi la soledad y la tristeza tan mejor reflejada que en sus ojos. Lo encontré en pocas fotos y siempre solitario a sus 38 años de edad. Al volver la mirada a Estela y verla tan candorosa durmiendo desnuda, sentí temor… sentí miedo de terminar, algún día, igual que Ignacio.

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