Friday, February 15, 2013

Mi Historia entre sus Dedos



Cuando vió pasar nuevamente a Estela por la vereda del frente, Ignacio se apresuró en darle el alcance, simulando una vez más que sus caminos se cruzaban por una simple casualidad. Le gustaba Estela, hasta su nombre tenía que ver con la luminosidad del rastro que dejan las estrellas fugaces. Siempre se inventaba cualquier excusa, fingía que iba por la misma ruta que ella tomaba cada tarde, sólo para acompañarla y hablarle esos pocos minutos que duraba el trayecto, ver su sonrisa, escuchar su encandiladora voz y perderse en sus ojos acaramelados.

Estaba cerca el 14 de febrero y ya había pasado mucho tiempo haciendo casi la misma rutina, encontrarla en el camino o en la panadería del barrio. Así que Ignacio, cansado que sus amigos lo llamaran “termo”, decidió declararse de una buena vez “¿quieres ser mi enamorada?” le preguntó uno de esos días que caminaban juntos. Pero para lo que no estaba preparado Ignacio era para la reacción casi violenta de Estela “NO, NO ME GUSTAS, NO TENGO EDAD PARA TENER ENAMORADO Y TÚ… TÚ APESTAS, ¡APESTAS!, VETE, VETE” y le sacó la lengua.

Ignacio nunca entendió por qué le dijo tantas cosas feas a la vez, si siempre la había tratado con respeto, la hacía sonreír, había sido amable con ella y le había hecho notar que era un buen chico.

Desde ese día evitó todo lo que alguna vez buscó. La sorteaba si iba a cruzarse por su camino,  rehuía de la panadería en cuanto la veía llegar y eludía cualquier reunión donde estaría ella presente. Pero como dicen los cronistas “el maldito destino se había empecinado en ponerla en su camino” y cada vez que la encontraba en la panadería, le rechinaban los dientes, le transpiraba el cuerpo y le temblaban las manos haciendo sonar la bolsa de papel que llevaba.
Aquel día después de tiempo, al despertar una mañana y ver a Estela tan dulce e inofensiva enredada entre las sábanas, vulnerable, a mi lado, durmiendo inocente, me llegó a la mente lo que me confesó de Ignacio y por una súbita curiosidad, decidí buscarlo en el Facebook. Nunca lo encontré con una cuenta propia. A quien encontré fue a su hermana y entre sus fotos de ella lo reconocí. Lo vi viejo, delgado, demacrado, como huyendo su mirada de la cámara. Nunca vi la soledad y la tristeza tan mejor reflejada que en sus ojos. Lo encontré en pocas fotos y siempre solitario a sus 38 años de edad. Al volver la mirada a Estela y verla tan candorosa durmiendo desnuda, sentí temor… sentí miedo de terminar, algún día, igual que Ignacio.

12 comments:

  1. pues percibo que tienes miedo a perder lo que tienes y aunque no lo creas, eso es bueno.

    La gente se acostumbra y da muchas cosas por sentadas! Nunca dejes de enamorarla, los detalles, Sacala llevala al cine, comprale un ramo de flores bañate junto con ella, llevale la comida a la cama tratala con mucha ternura, hablale pero con mucha dulzura dale amor por que ella merese
    le gusta que la trates asi acuerdate en el tiempo que eran novios la llevabas al coctel, la invitabas a comer la sacabas a bailar, tu unica mujer ahora no puedes cambiar tu forma de ser.

    jejejeje espero reconozcas la cancion jejejeje pero bueno, que mal debia oler el tipo, lo cual es una buena oportunidad para invertir en desodorantes y colonias! jejejejeje

    No temas!! actua!!

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  2. Olvide mencionar un detalle adicional! ciertamente Estela es un nombre bonito que me acompaña siempre!!!

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  3. Ay me muero, pero qué rata Estela!!! Me imagino al pobre Ignacio, pobrecito, nadie merece que lo traten así.

    Me dio pena el relato :0(

    Beso Marcelino <3

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  4. Hola Eduardo. Buena historia.

    Aunque bien basura fue Estela al decirle todo eso a Ignacio. Con un simple no bastaba. Y eso le fregó la vida al pobre Ignacio.

    Un abrazo.

    LUCHO

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  5. Ahora te toca cumplir fielmente si no quieres que te haga una fama de impotente.
    :)

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  6. Wow no creo que alguien pueda tener el poder de sentenciar la futura vida de alguien, pero sí que alguien se lo pueda creer.

    Saludos

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  7. Wow que tal historia. Creo que es cierto lo que dices, pasa y mucho.

    Ella debió tener cuidado no tratarlo como basura.

    Hay un cuento similar de Ribeyro, alienación, pasa lo mismo pero él era negro.

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  8. Pobre de verdad, qué mala y dura Estela... me dieron ganas de golpearla jajaja
    Beso!

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  9. Pucha, injustificable la reacción de Estela, a menos que tenga 8 años!!!

    Un beso!!

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  10. Tu lucha por conservar lo que tienes y disfrutar de ello que ya vendrá quien intente llevarselo lo antes posible y entonces todo se habrá terminado,
    un abrazo

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  11. Las mujeres cuando queremos joder, jodemos.

    Pero bueno es entendible si nos han hecho algo malo, en este caso Ignacio parecía un buen chico, quizás ella también estaba nerviosa, pero siempre hay que cuidar no lastimar o no lastimar tanto a alguien, lo digo por separado porque ya era malo para él que le dijese que NO, y al hacerlo más aún de esa manera, terminó de (casi) matarlo.

    Cuidala ya que la tienes contigo, se ve que es de armas tomar, aunque creo que con el tiempo habrá aprendido a controlar su cólera o negación cuando algo no le parece.

    Saludotes!

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  12. Gary: Dice Estela que Ignacio no olía mal para nada. Había sido un caballero pero no se explica por qué reaccionó mal. Ella tenía 14 años.

    Lenya: si pues lo trataron mal. Nadie merece eso.

    Lucho: En efecto bastab un no... y eso ya era traumático.

    Elmo: vaya! todo el mundo me puede descubrir.

    Munani: Tienes razón, pero que te trauma, te trauma.

    Maxwell: De hecho que he leído el cuento, pero no sé si se parece tanto. Este es un hecho real.

    Marité: Haz memoria, alguna vez has hecho algo así? algo parecido? has traumado a alguien?

    Franchis: Tenía 14 años.

    Orthos: A vivir el presente entonces... jejeje aunque ya pasó hace mucho, ya se la llevaron.

    Daría: Las mujeres suelen traumarnos seguido, así que se levante el que puede... creo que su reacción también fue más por nerviosismo, bastaba un NO.

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