Wednesday, May 16, 2012

Los Tres Regalos (Parte 1)



Dicen que el día de las madres no es un día, debe ser todos los días del año. Y en efecto así debe ser, pero igual uno, al final se ve atrapado en esta vorágine comercial y de alguna manera quiere hacer un presente a su madrecita querida o a su esposa. Más aún si eres niño te contagias fácilmente de la ilusión de tus compañeritos. En la escuela se hacen trabajos manuales y preparas un regalo dizque sorpresa para tu madre, cuando ella ya sabe lo que le vas a regalar porque le hiciste comprar unos días antes todos los materiales que necesitabas.


Y si eres adulto, igual tienes que comportarte con tu progenitora, tratando de justificar de alguna manera los días de ausencia, los largos periodos de tiempo que no pudiste verla. Y si tienes esposa, con mayor razón aún. Aunque ella te diga que no te preocupes, que el día de la madre son todos los días del año, ¡pobre de ti Que oses no regalarle nada!. Tus días están contados y tarde o temprano te las hará pagar.

Quizás la etapa más austera es la etapa de la adolescencia. Como que uno se desconecta temporalmente de ese vínculo con los padres. No estoy hablando de que se rompe el vínculo, sino que se aleja, disminuye la frecuencia, el voltaje, como quieran llamarlo. Según los psicólogos, es la etapa en que buscamos diferenciarnos, buscamos nuestra identidad.

Era 1988, estaba en cuarto de secundaria y atravesaba por esa etapa de la adolescencia, andaba un poco desconectado de la vida familiar. Mis amigos y amigas llenaban mi espacio, el poco tiempo que tenía.

Era una tarde y descansaba sobre mi cama. Entre libros apilados de uno de los cajones de mi escritorio saqué una revista que uno de mis amigos me había prestado temporalmente. Era una play boy. Escabullido en mi cuarto y en pleno despertar del sexo, empecé a hojear la revista con ojos concupiscentes. Por un momento me desentendí del mundo. Estaba tan concentrado viendo aquellas chicas que inconscientemente, quizás un impulso vital, necesario, me había hecho deslizar mi mano por sobre mi pantalón.

Cuando escuché unos pasos acercarse. Era mi madre. “¿Que haces allí?” Preguntó, como si supiera todo. Pero yo estratégicamente siempre tenía una revista de rock que lo ponía como cubierta: “nada” respondí. Cuando veo a mi madrecita acercarse con tres revistas en sus manos. La piel se me erizó, sentí un hormigueo en el bajo vientre. Mis ojos se abrieron, mis pupilas se dilataron. Me sudaron los pies, las axilas, me empezó a dar taquicardia. No había otra opción, había encontrado mis revistas que escondía entre mis libros.

Pero el alma me volvió al cuerpo cuando pude por fin ver la carátula de una de ellas. Si bien había el rostro de una mujer, en el título decía “Crochet, haz Maravillas con tus manos”. Por fin respiré aliviado. “¿Qué te pasa?” Preguntó mi madre. De hecho que me conocía al revés y al derecho y había notado a leguas mi cara de desesperado. “Nada” titubeé mientras ocultaba mi revistilla bajo una de las frazadas de la cama. Mi madre me entregó las revistas de crochet y antes que hablara interrumpí “yo quería un bordado en mi casaca, pero ni loco me vas a obligar a que lo haga a crochet”. “Anda loco” respondió mi madre”. “Envuélvelos en papel de regalo y se lo llevas a tu abuelita, a tu tía Nora y a la señora Salazar por el día de las madres” agregó.

Mi abuelita, hermosa ella como ninguna y que prácticamente había sido una segunda madre para nosotros, en esa época había empezado a hacer pisos para adornos en forma de estrella, de flores, de hojas, etc. Mi tía Nora, por su parte se estaba especializando en hacer ropones, chompitas, chaquetas, mitones y medias para sus nietos que vendrían pronto. Y la señora Salazar, amiga de mi madre de años y que tenía una hija preciosa a la cual le había echado el ojo, aunque a decir verdad, creo que ella nunca notó mi existencia, al menos hasta esa fecha, solía hacer trabajos a crochet que exhibía en una tienda que tenía cerca al centro de Pisco. Así pasaban su tiempo estas tres damas cuya actividad en común era el arte del crochet, de las lanas y los hilos.

Siendo un inútil para estas cosas de envolver regalos, decidí recurrir a una de mis amigas. Llegué donde Marita, quien hábilmente hizo una especie de forro del papel de regalo, sacó una cinta de agua e hizo tres moños. Antes de cerrarlo me sugirió escribir una dedicatoria en la revista “vas le escribes algo bonito aquí en la contratapa, lo cierras y listo”. Así que regresé a casa y me senté a pensar que podía escribirle. Después de unos largos minutos no se me ocurría nada creativo. Eso de “Del cielo cayó un pañuelo…” como que ya estaba muy trillado y como que no iba con un macho de 15 años. Cansado, decidí despejar un rato la mente sacando nuevamente de entre los libros de unos de los cajones del escritorio mi revista play boy favorita. Otra vez acodado en el escritorio caí en la enajenación, atrapado por la revista. En lo más concentrado que estaba “leyendo” uno de los “artículos”, escuché la voz de mi madre” yaaaa”. Bastaba esa palabra para entender que ya debía salir llevando los regalos a las tres distinguidas damas. Rápidamente escribí “para la mejor madre y abuela del mundo”, para mi abuelita “para la mejor madre y tía del mundo” para mi tía (no se me ocurrió algo diferente) y para la Sra. Salazar no sabía que ponerle, así que escribí en la contratapa “Para que la lea detenidamente y haga maravillas con su mano”, haciendo alusión al slogan de la revista. Metí cada revista en el envoltorio de papel de regalo, lo pegué con una cinta adhesiva, le pegué el moño a cada una y salí disparado a la calle a dejar los regalos.

Caminé despacio por las calles de Pisco y me demoré más de lo debido por entretenerme en el camino con uno y otro amigo o por darme una vuelta demás tratando de pasar por las calles donde vivían las chiquillas que me gustaban. Primero llegué a la casa donde vivía temporalmente mi abuela. Como no estaba, dejé el regalo con la empleada. Luego pasé por la casa de mi tía y dejé a mi prima el regalo y finalmente me aparecí en casa de la señora Salazar. Toqué la puerta y apareció su hija con un short casual, de esos que uno usa para estar en casa. Sus piernas como dos pilares de alguna construcción griega le daban la belleza que sólo era comparable a una maravilla del mundo. Una vez más titubeé, balbuceé, casi tropecé con el felpudo de la puerta, “hola” me salió por fin, como quien desatan un nudo de la garganta, “si, buenas tardes” respondió ella con esa cara que uno pone cuando se está frente a un desconocido. “hola, soy, esteee, soy hijo de la señora Raquel” agregué tratando de hacerle recordar de mi existencia “ah hola” por fin me reconoció y puso una cara “y que mierda haces aquí”, después de un silencio casi eterno me salió la segunda oración “esto le envía mi mamá a tu mamá”, oración por demás infantiloide, pude haber dicho “este es un presente para tu señora madre” o “te entrego un detalle que le envía mi madre a la tuya y espero que tal vez algún día puedan ser familia” o quizás un “te dejo este obsequio a tu distinguida madre de parte de mi familia”, pero nada de eso me salió, sólo dije el simplón e infantiloide “esto le envía mi mamá a tu mamá”.

Regresé rápido a casa, con el sabor amargo de haber dejado una mala impresión, pero a la vez con la satisfacción de haber hecho algo bueno, un buen trabajo, una acción humanitaria pues recibir un regalo para cualquier mortal es una alegría. A veces ya ni siquiera importa el contenido en si, sino saber que alguien más ha pensado en ti y se ha tomado la molestia de buscar un regalo, envolverlo y entregártelo, sin ningún interés de por medio.

Ya en casita, siendo muy tarde, encendí mi lámpara, saqué dos cuadernos los tiré en la cama, para hacer la finta, saqué el atlas para poner dentro de él mi revista favorita. Busqué a tientas en el cajón del escritorio la “play boy”, la jalé. La puse dentro del atlas y cuando me asomé a la luz de la lámpara veo que decía “Crochet, Haz Maravillas con tus manos”.

“Mierda” dije casi en voz alta. Nuevamente se me escarapeló el cuerpo. “Si tengo acá la revista de crochet, entonces, ¿qué carajos envolví yo en el regalo?”. Desesperado, con una minúscula esperanza, busqué entre los cajones la “play boy” pero no la encontré. No había otra salida, había envuelto la revista equivocada en uno de los tres regalos… (CONTINUARÁ)

18 comments:

  1. Jajajaja no puedo creer que no se hayan dado cuenta mientras envolvían la revista xD

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  2. ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh Eduuuuuuuuuuuuuuuu quiero leer el restoooo please!!!! jajajajajajjajajaja para que haga marivillas con sus manos??? me late que esa es la elegida ajjajajajajaja.... =)...<3

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  3. Jaaaaaaaaaa, lo sabía desde que tu mami te entregó las revistas para que las envuelvas!!!

    Quiero la segunda parte pues!!! Pucha me imagino a tu madre, jajaja, te habrá castigado sin salir hasta que te cases, jajaja, quiero saber más!!!

    Beso!

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  4. Solo a ti carajo... jajajaja eres un caso!!! Pero ya quiero saber a quien se la mandaste! A la tía seguro!!! Y con la frase que le escribiste a ella, PEOR!!!

    Oye pero no entiendo! Qué fue con la tipeja! Xq te dijo "qué mierda haces aquí" que feo! Malcriada ahí... qué le habías hecho tu! Nada!

    No sabía esa de "del cielo cayó un paluelo" jajaja siempre pensé que cayó una rosa! jajaja

    Un beso! Espero la segunda parte!!!

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  5. Edch: Yo regresé con los sobres de regalo hechos y con las revistas afuera porque tenía que poner antes la dedicatoria. Si sigues leyendo para “inspirarme” saqué la otra revista y ahí se generó la confusión… y créeme que me han pasado otras cosas peores por confundirme que ya les contaré en otro post.

    Mariela: jajaja gran deducción, por ahí va la cosa, pero no le digas a nadie todavía.

    Lenya: jajaja como siempre adelantándote a los hechos. La otra semana cuelgo la segunda parte. Lo que pasa es que salió muy extenso y además tengo que corregir varias cosas para que se entienda. Un abrazote.

    Marité: la “tipeja” no dijo eso. En la lectura dice que me miró con cara de “y que mierda haces aquí”… bueno aunque los gestos dicen más que palabras. Justo estaba leyendo sobre ese tema, la interpretación de gestos y lenguaje corporal… y no habías escuchado ese poemita que enseñaban a los niños en mi época? “del cielo cayó un pañuelo / pintado de mil colores / y en cada esquina decía / mamita de mis amores”, bueno con sus variantes. La otra semana la segunda parte.

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  6. Jajaja Pobre Sra. Salazar, seguro fue ella la premiada, jajaja

    Cuando estaba en el colegio nunca pude entender exactamente como los chicos conseguian esas revistas... a ti te la presto un amigo??
    Como hacian? Cuenta. Se las intercambian? Las compraban entre todos? (porque no creo un chico de 14 o 15 años pueda estar gastando siempre asi su dinero, son caras, no??) Se turnaban?
    Y porque nunca es "tu" revista... porque siempre "alguien te la presta".........
    Para mi ese tema siempre fue un misterio...

    Saludos..

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  7. Coincido con los demás, la sra Salazar fue al premiada! =)

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  8. PD: Contra con lo de tía, porsiaca yo no llego a los 30 aún xD... en cambio de otros.

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  9. Vanessa: A esa edad uno no tiene dinero así que solo hay que conseguirlo de otras maneras. De un primo mayor, de un hermano o hacer colectas.... pero también creo que en el fondo nadie se atreve a decir "yo compré revistas" para no quedar como un enfermito, por eso prefieren decir "me prestó un amigo".

    Cafeinómana: ya viene la segunda parte y sabrán... jajaja ya estoy tío pues y tu? mmmm voy a repetir un comentario que pusieron en una de tus fotos "esa foto la tomaron cuando el flash era con pólvora" jajajaja.

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  10. Uy curuju! TU PORNO está en uno de esos regalos, pero algo me dice que no está donde la tia Salazar pero igual tienes que ir corriendo por las tres.

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  11. Desde el momento en que trajiste los regalos sin envolver a la casa ya olfateaba como Lenya tu equivocación, pero.. " para que haga maravillas con sus manos"? jajaja acabas de poner la cereza.

    Quiero segunda parte!

    Un beso Marcelo.

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  12. Ay perdó, no era Lenya, era Mina 30añera.

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  13. Maxwell: chessss creo que voy a hacer un concurso para que escriban la segunda parte. Premio, una cena.

    Paty: buenas deducciones, por ahí va el final. Pd.- Mina=Lenya

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  14. jajajajajajja todos hacemos una segunda parte si tu no la subes de INMEDIATOOOO jajaja....<3

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  15. Hola Eduardo. Que buena, ja ja ja ja. Ya me imagino cuanto debes haber sudado frío en ese preciso instante que tu revista pasó a calidad de "desaparecida".

    A esperar la segunda parte.

    Un abrazo.

    LUCHO

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  16. jaaaja menudo susto se llevarían tus familiares y la Sra Salazar, jejeje
    anda que ya te vale.
    Bueno veremos la segunda parte a ver como sales de esta, jejeje
    un abrazo amigo

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  17. jaaaja menudo susto se llevarían tus familiares y la Sra Salazar, jejeje
    anda que ya te vale.
    Bueno veremos la segunda parte a ver como sales de esta, jejeje
    un abrazo amigo

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