Wednesday, April 04, 2012

Mi Primera Chamba

La verdad no sé si aún se estila esta estructura organizacional de géneros en Pisco, pero en mis épocas, por allá por los 80, mi madrecita querida cocinaba apuradita en la mañana y a las 12 nos mandaba de forma rotativa, un día cada uno, a mi hermano y a mi a pararnos en la esquina con una canasta conteniendo “tapers” de comida a esperar que pase la bendita camioneta de la fábrica donde papá trabajaba. La camioneta recogía las canastas de comida de todos los trabajadores y llegaba a la 1 en punto a la fábrica para que los obreros y empleados hambrientos puedan deglutir su opípara comida. Presumo que ahora las cosas ya no funcionan así, las damas ya no cocinan, trabajan fuera de casa y a la porra con los esposos que coman en la calle su menú de 5 soles y que se enfermen de la gastritis. Todo esto me trae al recuerdo mi “primera chamba”. Tenía 10 años, cuando una señora mofletuda, gorda, rolliza, que no quería caminar, y que valgan verdades buena falta le hacía, me “contrató” por unos cuantos billetes mensuales, para que le lleve la canasta de comida desde su casa hasta la plaza de armas de Pisco, donde esperaba un ómnibus de ENAPU, empresa donde trabajaba su queridísimo esposo. En eso consistió mi primera chamba. Todos los días me aparecía a la hora pactada en la puerta de su casa a esperar que me entreguen la canasta repletita de comida y luego correr hasta la plaza de armas, dejarla en el ómnibus, y el resto ya era parte de otra cadena que no me competía. Como en mi familia, de acuerdo a las enseñanzas de mis padres, todos somos super puntuales, me aparecía tempranísimo por su casa, pero a la tía poco o nada le importaba que el ómnibus lo deje sin comer a su pobre esposo. Preparaba la comida con una lentitud única, o cuando yo llegaba recién salía a comprar a la tienda un pedazo de carne, un par de tomates y una cebolla. Yo, por mi parte esperaba intranquilo en la puerta de su casa. Para matar el tiempo, me ponía a jugar con las plantas del jardín, contaba las hormigas, recogía semillas o me peleaba con las abejas. Mientras tanto la señora con toda la “pachocha” del mundo freía su pescado, preparaba su guiso, su mancha pecho o su combinado de chanfainita con tallarín. Cuando faltaba pocos minutos para las doce recién se apuraba la tía y me entregaba la suculenta comida acomodada en una canasta de paja con las iniciales del nombre de su esposo bordadas en la tapa. Como a las doce partía el ómnibus, lo único que me quedaba era correr y correr por las callecitas de Pisco para alcanzar el revejido ómnibus. Esa era mi rutina diaria, hasta que uno de esos días en que la hora me ganaba, por ir a todo galope, no me había percatado que uno de mis pasadores se había desatado. En plena carrera, se me enredaron los pies, tropecé y caí como una gelatina desparramada sobre el empedrado de la antigua calle comercio. La canasta se abrió y los tapers salieron volando unos metros más adelante. El guiso de papas con carne cayó sobre la pista y la botella de vidrio que contenía su agua de cebada heladita se hizo añicos. El suelo empedrado árido y reseco por el sol se bebió el agua en un santiamén. Rojo por la vergüenza y con el temor que me despidan con una soberana patada en el culo de mi primera chamba, busqué la manera de corregir el error rápidamente, así que recogí con la mano la comida, con piedra, con tierra con todo. Cerré el “taper” y lo puse en la canasta nuevamente. Recogí los cubiertos y el mantel, los limpié con mi polo y los coloqué en la canasta. Ahora solo me faltaba la bebida. Gracias a Dios, mi trayecto estaba a una cuadra del Mercado Modelo de Pisco, así que a desesperado y apremiado por el tiempo bajé una cuadra hacia el mercado sin un cobre en el bolsillo. Encontré en un montículo de basura una botella de plástico de alguna bebida gaseosa. La enjuagué con una manguera que regaba solitaria un jardín y la llené de agua. Recogí un limón podrido y lo exprimí en la botella. Así sin azúcar, le puse una tapa y la agité vertiginosamente. Vi que algunos “gajitos” flotaban en el líquido elemento y me dije “Listo! una limonada saludable”.
Acomodé la botella en la canasta y corrí agobiado por el tiempo. A media cuadra de mi destino veo que el ómnibus de Enapu avanzaba lentamente echando el humo negro por el tubo de escape. Corrí desesperado. Al ver que no lo iba alcanzar, aplicando mis conocimientos de Pitágoras, crucé por la hipotenusa imaginaria que divide a la plaza de armas en dos triángulos, sabiendo que el ómnibus daría la vuelta necesariamente. Corrí esquivando peatones y bancas hasta llegar a la esquina contraria. Levantando la mano y prácticamente parándome frente al ómnibus como estudiante en la plaza Tiananmen, logré parar el vehículo. Me subí rápidamente, previo saludo acomodé la canasta atrás del chofer, le di una sacudida tratando eliminar cualquier vestigio de polvo o tierra y listo. El ómnibus nuevamente arrancó lentamente y se perdió por las calles de Pisco. Regresé con una doble sensación, de alivio por haber alcanzado a enviar la comida y de preocupación por el temor a ser descubierto. A mi corta edad, había tratado de borrar todas las huellas de la caída. Me sentí como un delincuente “primarioso” y hasta pensé que mi futuro ya no sería la de ser un economista renombrado, sino más bien me vi como un integrante de los “Destructores” o de “Los Malditos del Fundo Oquendo”. Al otro día al dirigirme nuevamente a realizar mi labor, toqué la puerta de mi empleadora con un poco de duda y temor. Abrieron despacio y asomó sigiloso el señor, su esposo. No había ido a trabajar. Luego cruzó por completo el umbral de la puerta. Tenía una venda blanca que le rodeaba toda la cara, desde el mentón hasta la cabeza y se veía una hinchazón en su cachete izquierdo. Farfullando me dijo: - Muchacho, hoy no he ido a trabajar. Ayer mordí una piedra en mi comida y me han tenido que sacar una muela- Sin saber que hacer sonreí nerviosamente. - Y por si fuera poco- agregó -estoy con una diarrea bárbara que ya me duele el culo de tanto limpiarme… Anda nomás muchacho ya te pasaremos la voz cuando me reintegre- Nuevamente con la doble sensación, aliviado de saber que no me habían detectado y sentimiento de culpa por la muela y por la diarrea del señor. A las 2 semanas me enteré que el señor se había enfermado de la fiebre tifoidea y recién se reintegró al trabajo después de 1 mes. No me volvieron a contratar.

22 comments:

  1. jajaja, con esa agua de caño y un limón podrido cualquiera no?

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  2. JAJAJAJA cuando no!
    Me imaginé que harías pichi en la botella por no encontrar agua en ningún lado! QUE ASQUITO! jajaja

    Al final qué penita que el señor se enfermó! Pero el de arriba te ayudó un montón para que nada te delate! GRANDE EDUARDO!

    Es una buena idea para un post... mi primera chamba. La mia fue de "masajeadora". Mi hermana me pagaba un sol (sí, era negrera y yo mongola) por hacerle masajes en los pies con cremas y todo... más feo! jajaja

    Un beso!

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  3. Cafeinómana: Que milagro que viene por acá, no gustas a pasar una tacita de café?

    Marité: Después de leer tu comentario créeme que no era mala idea lo de orinar en la botella... fácil pasaba como la bebida de sabor nacional weeee.

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  4. Hola mi estimado Eduardo. Muy divertido tu post, me he arrastrado de la risa con la sacada de mugre en el piso.

    Pobre el tío, y que cargo de conciencia te habrá quedado por meses, ja ja ja. Que pendevis eres, un limón podrido, ja ja ja.

    Muy bueno tu post.

    Un abrazo.

    LUCHO

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  5. jajajajajajajajajjajajajaja nooooooo y como quedo Doña Conciencia? jajajajaja pobre señor! es justo así... jajajajajaj ... cuando pensamos que hicimos todo bien.. justo la conciencia nos traiciona... aunque a ti no te traiciono... yo creo que la mía lo haya hecho! porque soy Buena nena! jajajajaja.... Saludos Edu!!!... ♥

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  6. Si no es mucha molestia!




    (Y no jorobes que comente el post pasado y ni siquiera me has contestado :(

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  7. Lucho: era un niño, de los errores se aprende.

    Mariela: si me pesó la conciencia por unos buenos años, pero no hay nada que el tiempo no cure.

    Cafeinómana: ya te respondí, como que no... además mira ve quien habla la que se desaparece por meses enteros. A ver voy a revisar cuantos comentarios míos has respondido.

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  8. Me contestaste mucho después de hacer este post, no seas floro.
    Y me desaparecí por razones personales ya!, no hables mucho nomas que también te has desaparecido un buen tiempo y sin razona alguna

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  9. jajajjja OOOH Dios! pudo haber muerto!! jajaajaj

    que piña el señor!

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  10. jajaaja que cagada esa historia. Que iba a hacer el pobre, con tanta hambre no se daba cuenta de lo que comia. Y que pendejo ese chibolo. Como dices que los relatos ocurren en tu imaginación, no me da pena del tio

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  11. Jaaaaaaaa, pobre hombre Marcelo! Lo dejaste chimuelo y encima con tifoidea, te maleas! Jajaja, lo que no me explico, es cómo no se dieron cuenta de lo de la limonada, te imaginas que se hubiese colado un pedacito de vidrio en la comida???

    Ay amigo, qué no te pasa a ti por Dios! Pero de verdad no sospecharon nada? Para mí que si, solo que no lo podían comprobar, me imagino el escándalo que le habrá armado el señor a su esposa, por mandarle piedras en la comida, jajaja.

    Besoooo!!!

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  12. Mi primera chamba era la de acompañar a un viejito jubilado, paciente de cáncer. Buenísima chamba, el viejito era un baúl de historias increíbles.

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  13. Cafeinómana: Que carácter!.

    Gary: Pudo haber muerto... el señor murió muchos años después pero creo que ya no fue por mi culpa... eso espero.

    Maxwell: tenía 10 años

    Lenya: espero sus historias de su primera chamba de todos. A ver si te animas. Un abrazo.

    Oscar: esperaremos esas historias del jubilado.

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  14. Claro! Pero yo solo tuve una chamba, fue mi primera y última, fui profesora de inglés, no tiene mucha gracia no? :0(

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  15. Jajaja cuando leo este blog ya no sé dónde me río más, si con el post, o con los comentarios.

    Un mate de risa el comment de Marité, y qué fue eso de " el señor murió muchos años después pero creo que ya no fue por mi culpa... eso espero" jaja te pasas Marcelo. xD

    Empiezo con una gran sonrisa la semana :)

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  16. Por eso nadie me aguanta :(

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  17. Lenya: la experiencia de ser profesora debe ser genial. Repasa tus recuerdos, algo debe haber que debas contar.

    Paty: también me río mucho con los comentarios. Lo de Marité es excepcional jajaja.

    Cafeinómana: creo que hay que darle unos tips al Verde. Vas a ver que en un mes te convierte en una inofensiva minina.

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  18. Marcelo, muy divertido tu post, jajajaja.
    Me sacaste unas sonrisas con tu forma de contar las cosas.
    Besos.

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  19. Acabo de stalkearte por fb :S

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  20. Towanda: gracias por entrar, estás invitada a revisar los posts anteriores.

    Cafeinómana: el verde no ha aplicado las técnicas correctas.
    Disculpa la ignorancia que es "stalkearte"?

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  21. Pues ya lo habia leido! y bueno aunque no lo dije en su momento!

    Shame on you!! jajajajaja

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