Wednesday, October 26, 2011

A La Tercera Va La Vencida (Parte Final)



Viene del Post anterior. Dar clic AQUI

Cuando empezó el desfile, primero pasaron los colegios locales, luego pasaron los invitados, antes de nosotros el colegio de mujeres donde iba Miluskita que marchaba graciosa, coqueta con casi una sonrisa en los labios. Mentalmente le decía “Las piernas no tan altas niña bonita no quiero que cualquier viejo degenerado se vaya a ganar con tus atributos”. Y luego seguimos nosotros. Pasé marchando. Me habían puesto al final. Como no había ido a ningún ensayo iba descompasado de la banda que nos acompañaba. De vez en cuando cambiaba el paso, pero ni uno ni otro, no llegaba a alinearme con los demás. Y mi chompa ploma era notablemente más clara que el resto del batallón.

Demás está decir que mi colegio no obtuvo ningún gallardete. El resultado fue el siguiente: “Colegio José de San Martín, Segundo batallón, 8 puntos, uno de sus integrantes no llevaba el mismo uniforme que los demás; Paso Marcial: 7 puntos, uno de sus integrantes iba de forma desigual que el resto”. Creo que no debo decir quién era ese sujeto.

Pero a quien carajo le importaba el desfile y un gallardete que no era más que un palo con un banderín en la punta. A mi solo me importaba Miluskita y estar con ella. Pasear tomados de la mano en silencio, porque allí las palabras sobran, una miradita, una sonrisa, un beso, el aire en sus cabellos, sus labios suaves sin maquillaje y sus manos blancas acariciando las mías. Yo sólo quería estar a su lado sin importarme más nada.

Acabó el desfile con el catastrófico resultado. “Rompan filas” gritaron a unos metros de mi oído, y yo me salí rápidamente del tumulto y buscaba con la mirada a Miluskita. Cuando me tocaron el hombro, volteé con el corazón en la boca de encontrar a mi reina y princesa y me encontré con la cara de uno de mis amigos, cara por demás horripilante. Y me dijo casi susurrando “Oe Eduardo, vamos a ir al chongo de Chincha, habla te anotas?” y miraba para todos lados como si alguien lo persiguiera, “Habla de una vez que no tenemos tiempo” añadió. “No, no pasa nada, voy a estar con Miluskita” le respondí. “bueno weón, allá tú. Tú te lo pierdes… pisado”. Y se retiró gritando “Antiguos espíritus del maaaal…”

Desesperado seguí buscándola con la mirada. La ví a unos metros en un grupito de estudiantes. Me acerqué. Sus amigas, después de todo habían terminado por aceptarme. Solía llevarme bien con ellas. De hecho sabían que Miluskita se iría conmigo y las dejaría “Pero que se va hacer chicas es la ley de la vida, y que culpa tengo yo que estén solas, posiblemente ya algún varón macetón las buscará y las pretenderá”.

Me jaló al grupo y caminamos todos juntos dirigidos por una de sus amigas por una callecita estrecha de Chincha. Llegamos y entramos todos en mancha a un hotel. Su amiga pidió la llave y pasamos al tercer piso. Yo era el único hombre rodeado de 5 féminas. Era una habitación grande con baño propio. Las chicas habían traído en sus bolsos ropa de calle para cambiarse. “hoy va haber discoteca en el centro, nos vamos a cambiar” me dijo una de sus amigas, “así que nos esperas afuera” agregó. Cerraron la puerta y me quedé parado en el pasillo con mi uniforme y mi chompa ploma sin saber que hacer. De vez en cuando pasaban algunas personas y me miraban como bicho raro. Después de varios minutos, por no decir muchos minutos, me abrieron la puerta y pasé nuevamente. Estaban terminando de arreglarse y ponerse un poco de maquillaje en sus caras de aún niñas. Miluskita no necesitaba más. Ella era preciosa, porque así nació con la sonrisa que le ilumina el rostro y con sus ojos coquetones.

Sus amigas salieron una por una y cuando yo pensaba también abandonar ese cuarto, Miluska me susurró “quédate”. La última al salir, simuló cerrar la puerta, la volvió a abrir y nos dijo “chau chicos cuídense… y cuando digo cuídense es en toda la extensión de la palabra”. Nos dio un guiño y cerró la puerta.

Estaba por demás nervioso. No sabía que hacer. Yo que había esperado este momento para estar con ella a su lado, ahora estaba hecho un manojo de nervios sin saber por donde empezar. Nos quedamos en silencio sentados en la cama uno al lado del otro, mirando los dos al piso. Luego nos miramos al unísono y sonreímos. Le tomé la mano quedito y le susurré “te amo” y la besé. Miluska también me besó y nos abrazamos sobre la cama y nos devoramos como dos presos recién salidos de prisión.

Miluskita me besó como solo ella sabe. Me besaba de forma única, despacito, succionaba mis labios, arriba, abajo, metía su lengua en mi boca, luego otra vez despacio, luego me lamía como un helado, me chupaba como un chupetín, me mordía suavecito como un flan. Jugaba con mi lengua como ella sola.

La acaricié, toda y cuando ya estábamos piel con piel, cuando ya no había sufrido por sacar el brassier o su calzoncito “mochita”. Como dos locos desesperados me subí sobre ella e intenté ingresar en su anatomía. “ayyy” me dijo, “me duele, me duele” me decía. Y yo sintiéndome quizás, superdotado, sintiéndome un macho de aquellos, le susurraba despacito “te amo Miluskita siempre voy a estar contigo”. Nuevamente y poco a poco nuestros tesoritos se entregaron mutuamente en ese rito de amor.

Recién me acordé que debía tener protección cuando en una de esas arremetidas, en uno de esos zarandeos, en uno de esos agitamientos, luego de mis tres minutos de gloria, sentí venir el mundo y con un jadeo casi interminable terminé dentro de Miluskita. Me quedé sobre ella sobre su cuello. Un hilo de baba salía de mi boca y corría por su hombro. Ella me sacó del trance “Eduardito… oye!, ... que pasó?”. “me vacié” le dije con ese vocabulario procaz poco técnico. “Idiota” me dijo y me empujó con sus manos. Me miró y se rió de mi. “vas a ser padre idiota” me dijo una vez más y volvió a sonreír y a darme de besos. Nos quedamos tirados sobre la cama, de costadito, mirándonos, susurrándonos “te amo’s” y pensando que nombre ponerle a nuestro primer vástago. “yo quiero que se llame Joey… como Joey Tempest de Europe”, decía Miluskita, “no, mejor Paul, como Paul Stanley” agregó. “Bueno si sale como yo, más se parecerá a Paul Pfeiffer” le dije y empezamos a reír.

Después de unos minutos, de recuperar fuerzas, de reponernos del desgaste, me transformé otra vez y saqué mi espada y empecé “Thunder, thunder, thunder, thundercaaaats” y nuevamente comenzamos a enredarnos, a besuquearnos, a lamernos, a amarnos hasta ser como uno solo. Pero esta vez juro, ¡Juro! que duré mucho más. Bastante más. Lo suficiente para que Miluskita sea feliz.

Friday, October 21, 2011

Primer Premio















Este post, es un post fuera de lo normal, ya que no estaba en mis planes escribirlo pero dos personas a quienes aprecio muchísimo me han dado mi "primer premio" (Mimy y Bellarte).
Aunque pensándolo bien ya no sería mi "primer premio" pues tengo dos.

Bueno, estos premios son muy especiales para mi porque me lo han dado mis amigas bloggeras a quienes siempre leo y sigo (en el orden que me dieron el premio):

Mimy: Siempre con sus enseñanzas y sus ejemplos me da una sacudida de cerebro y me hace pensar en lo que tengo, en lo que deseo, donde estoy parado, las personas que me rodean, el verdadero valor de las cosas y digamos que me hace reflexionar, hace ejercitar mi cerebro y mirar las cosas diferentes.

Bellarte: Sus relatos oscuros y lúgubres me sitúa en el otro lado de mi cerebro. En esa parte de nuestros pensamientos que a veces no queremos explorar. Sus relatos de ficción me hacen pensar que estoy viendo una película o leyendo un libro de terror. Pero a pesar de sus escritos, todos sabemos que ella es un "encanto".

Como el premio viene con batería de preguntas, acá van mis respuestas:

¿Un cielo despejado o uno nublado?
Los dos. Depende de la situación. "Cielo serrano, cojera de perro y llanto de mujer, no debes creer".

¿Qué piensas cuando ves una bandada de pájaros atravesar el cielo?
Lo primero que pienso es esconderme no vaya ser que me llenen la cabeza de popó.

¿Te gusta tumbarte a mirar las nubes?
Si, me gusta tumbarme a mirar las nubes. Si de pasada puedo tumbarme a una fémina para que mire las nubes conmigo, sería genial.

¿Te consideras una persona "en las nubes"?
Creo que paro en las nubes todo el tiempo porque ya me van robando varios celulares y no me doy cuenta en que momento me los sacan.

¿Eres de los que piden un deseo cuando ven una estrella fugaz?
No. La primera y única vez que vi una estrella fugaz pedí como deseo un largo romance con una fémina. Pero más "fugaz" me resultó ella porque se fue rapidito con otro.

¿Crees que hay vida en otros planetas?
Por supuesto que si. Creo en los extraterrestres, en los platillos voladores y en Luciano el Marciano "Lau Lau que rico lau".

¿Te afecta el tiempo?
Me afecta porque cada año me hago más viejo.

¿Alguna canción que te sugiera ingravidez?
Tuve que buscar en el diccionario que era ingravidez para poder responder. He pensado en un tema en nuestro idioma y lo primero que se me vino a la mente es "Cadillac Solitario" porque significó mucho en una parte de mi vida amorosa. Si bien nunca tuve un cadillac pero sin un Escarabajo del 71 que cumplía las mismas funciones que se relatan en la canción "...y dice la gente que ahora eres formal y yo aquí borracho en el cadillac, bajo las palmeras luce solitario"




Bueno, es difícil escoger a 5 blogs, porque cada blog que sigo es porque da un equilibrio a mi vida. Cada blogger tiene una temática que aporta para que este sujeto esté estable y pueda escribir. Ahí los nombro sin ningún orden (bueno, primero las damas!):


wow se me quedaron varios (as) en el tintero pero me cuesta poner el enlace, sorry.

Thursday, October 20, 2011

A La Tercera Va La Vencida (Primera Parte)



Miluskita, no hay cielo que cubra lo que siento por ti y nada se parece a ti, busquemos la manera de vivir “no lo dejes morir”. Por eso ahora que estás frente a mi, ahora que estamos “face to face” y no hay más pretextos que valga voy a amarte y voy a dejar que me ames, porque no hay nada más grande que este amor por demás sincero y lleno de harta miel y melcocha.

Era 1990 y era aniversario de la ciudad de Chincha y como todos los años habían invitado a desfilar a algunos colegios de las provincias vecinas. Miluska estudiaba en el colegio de mujeres y yo en el de varones. Recuerdo que me dijo “nos vemos en Chincha?”, y yo “En Chincha?... que hay en Chincha?” y ella me respondió “Que? No vas a ir a desfilar?, nosotros vamos a ir por su aniversario”, y yo que estaba perdido en la “luna de Paita” y no tenía la más mínima idea que era aniversario de Chincha y le dije “Ok, voy a ir no te preocupes”.

Al otro día al llegar al colegio, me enteré que el desfile iba a ser un viernes y que el colegio llevaría la escolta, la banda y dos batallones para que hagan gala de su marchar gallardo. Y los que no desfilarían asistirían normalmente al colegio a continuar con las clases de siempre.

Yo que siempre he sido un opositor de los desfiles. Yo que me había negado siempre a participar en esas descerebradas celebraciones, yo que siempre había dicho que no existe un razón para que un pobre niño esté tantas horas paradas para que pase desfilando como si el colegio fuera un recinto militar o una prisión de máxima seguridad. Yo que siempre propuse que para las fiestas patrias se hagan concursos de bailes folklóricos, de canto de música criolla, huaynitos, de quena, danza; ahora estaba desesperado por inscribirme en algún batallón para ir a desfilar a Chincha.

Después que Miluskita me dijera que iba a estar por esos terruños y que luego del desfile podríamos pasearnos por la ciudad de Chincha, corrí de inmediato donde el Auxiliar, porque así los llamábamos en esos tiempos, no existían tutores. Eran auxiliares y solían andar con un palo en la mano. Recuerdo que entré a OBE. “Auxiliar buenos días”, “buenos días alumno. Tú eres…”; “Eduardo, auxiliar, Eduardo Rodríguez”, “Ah ok, en que te puedo ayudar”. “Auxiliar, me quería inscribir para marchar este viernes con el colegio”, “Marchar?... mmm, a ver primero tus notas, cualquiera no puede ir a desfilar así porque sí… mmmm a ver” decía mientras con su dedo buscaba en un registro de hojas blancas llena de cuadritos pequeños. “Acá estas, Rodríguez Eduardo… ah, estás bien, tienes buenas notas, peroooo, peroooo, ya no hay cupos para desfilar, tenemos dos batallones, más la banda y la escolta, están llenos los ómnibus”; “Pero auxiliar, yo quiero desfilar”; “Pero tú desde cuando acá quieres desfilar, nunca te he visto en los desfiles”; “Si pues lo que pasa es que ahora quiero representar a mi colegio”, deslicé la mentira más absurda y ruin para ocultar que mi verdadero motivo era una fémina de sonrisa radiante y de piernas voluminosas. “Nada, lo siento, para la próxima te voy a anotar si quieres, desde ahorita” y agarró su lapicero y anotó en un block que tenía como carátula “Desfile, aniversario ciudad de Ica” y puso mi nombre como cabeza de lista.

Regresé derrotado al salón sin saber que hacer. Al salir de clases, pasé como siempre por el colegio de mujeres y me encontré con Miluskita con su mochila jean al hombro, llena de pins y de garabatos con tinta negra, donde había dibujado los nombres de los grupos que más le gustaban “Europe”, “Kiss” y “Bon Jovi”. Le dí el alcance, y la saludé a ella y sus amigas. Nos retrasamos un poquito. “Vas a ir?” me preguntó, “después del desfile nos vamos a pasear y tomarnos un vinito” me dijo y sonrió pícaramente. Temí decirle la verdad, que era un fiasco y que ni siquiera podría acompañarla y le mentí “sí” le dije, “no te preocupes, allí estaré”, agregué y parafraseando una de sus canciones favoritas le susurré con mi inglés masticado “I’ll be there for you, these five words I swear to you” y rocé su mano con la mía.

Avanzaban los días y yo no encontraba solución alguna a mi problema. Cuando llegó el viernes, me cambié impecablemente con mi uniforme y ya previamente le había mentido a mi madrecita santa que todo el colegio iba a desfilar a Chincha y que tenía que ir, que era obligatorio, bajo pena de un rojo en la libreta, sección conducta. Salí rápido y me fui al colegio más temprano de lo debido. Cuando llegué dos ómnibus estaban parados en la puerta. Un grupo de entusiastas muchachos ya estaba adentro y se habían agarrado los asientos posteriores para ir haciendo “chacota”. Llegué y me presenté. En la puerta del ómnibus estaba uno de los auxiliares. Apenas me vió me dijo “Apellidos y nombres”, “Rodríguez, Eduardo Rodríguez Auxiliar”; “a ver”. Buscaba con su dedo en una lista larga ordenada alfabéticamente, “nada, no estás”. Luego me miró de pies a cabeza. Me dió una “escaneada” minuciosa y me dijo “y su chompa alumno”. Miré a todos los que estaban detrás y todos vestían su chompa ploma oscura y su insignia del colegio en el pecho, mientras yo, solo vestía mi camisa blanquísima, que fácil hubiera pasado el desafío de la blancura. Tartamudeé, titubeé y solo se me ocurrió decirle “yo soy el del batallón que va con camisa”. “No hay batallón con camisas, todos van iguales, además no estás en la lista, así que pasa a clases nomás”. Me di media vuelta con la moral en el piso. De una ventana me gritó uno de mis amigos “Oe Mum-ra, que pasó?, porque te han shoteado?”. Sonreí y le dije “Me olvidé de la chompa”. “Más cojudo no puedes ser, anda trae tu chompa de tu casa, apúrate”. Simulé que no me importaba. Hice un gesto con la mano y le dije “Me voy a clases mejor”.

Pero el amor podía más. Peor aún que ese día iría infinidad de lobos que estarían atrás de mi chica. Odiaba a sus amigos que siempre estaban dándole vuelta y esperar mi menor descuido para lanzarse como hienas por su presa, “porque el cariño es como una flor que no se puede descuidar”. Hice la finta que regresaba al colegio y me fui caminando por una de las callecitas contiguas. Caminé casi sin rumbo con la mirada perdida y llegué hasta el mercado. Un viejo con una camisa cochina llamaba a voz en cuello “Chincha, Chincha, vamos pa Chincha familia”. Se me iluminaron los ojos. Me envalentoné y me subí a esas combis sucias y me fui. Me fui sin conocer y sin tener la más mínima idea donde iba a ser la concentración. Llegué después de 40 minutos y encontré infinidad de alumnos, miembros de las fuerzas armadas, bomberos e institutos, cerca de la plaza de armas, todos correctamente uniformados, concentrándose para lo que iba a ser el desfile. Me fui al mercadillo y busqué una chompa ploma oscura. Compré la primera que encontré y no me percaté que era ligeramente, por no decir, notablemente más clara que la chompa oficial del colegio. Me la puse y regresé donde estaban los alumnos. Cuando pasé por la concentración de marchantes, busqué con la mirada a Miluskita. Ya estaba allí, preciosa ella con su uniforme plomo, su falda corta y su cordón de policía escolar rojo con blanco trenzado sobre su hombro izquierdo. Cuando la vi, otro escolar con un uniforme verde oscuro, fijo del colegio particular, le estaba hablando, diría yo por sus gestos, tratando de cortejarla. Cuando me vio Miluskita, me sonrió y el sol, por arte de magia, apareció con fuerza en Chincha. Se olvidó de su interlocutor y se acercó a saludarme. “hola” me dijo con su sonrisa despreocupada “donde están ustedes” agregó. “estamos por allá” le mentí. No quise decirle que estaba allí solo, perdido, como un osezno expulsado de la manada, en esa ciudad desconocida sin nadie más que ella. El grito de su auxiliar hizo que me dejara “chau chau” me dijo, “nos encontramos al final” agregó y me guiñó el ojo.

Caminé y caminé buscando entre cientos de grupos alguna cara conocida, hasta que encontré a mis amigos. Como haciéndome el loco, ocultándome entre la multitud fui a parar a la cola de uno de los batallones “Oe mum-ra llegaste? En que ómnibus viniste?” me dijo uno de mis amigos “shhhh” le dije y me paré al final. Al avanzar las horas ya me había integrado al grupo, cuando al auxiliar se le ocurrió pasar lista. Cuando llegó a mi lado: “apellidos y nombres” dijo en tono militar, “Eduardo Rodríguez”, “mmm no estás” Me miró nuevamente de pies a cabeza “Tú no eras el que estaba en la mañana en el colegio?”, “yo?” dije de la manera más cínica, “noooo” agregué. “bueno, no estás”, “anóteme pues auxiliar, al final” dije en tono de súplica. Como habían faltado algunos, conseguí que me anotara en la lista de marchantes y así poder justificar mi ausencia en el día de clases...

(CONTINUARÁ)

Estrella de Rock



Soy melómano. No concibo mi vida sin música. Podría vivir sin cine, sin televisor, hasta sin libros, pero quizás no podría vivir sin música. Y comparto plenamente lo que dice Fernando Vallejo “el cine es muy poca cosa al lado de la literatura, y la literatura es muy poca cosa al lado de la música”.

Por eso siempre quise ser una estrella de Rock. Quise estar rodeado de “groupies” y que mi lema sea “sexo, drogas y rock and roll”. De hecho, nunca le entré a las drogas, (ni lo volveré a hacer!) y el sexo tampoco fue mi paradigma por mi extremada torpeza en relacionarme con las chicas. Por eso solo me quedó el rock and roll, mi camino, mi alternativa para que me persigan las chicas bellas, las chicas raras, las metaleras, las chicas vestidas de cuero, para que se metan a mi remolque y me agarren a latigazos. Yo quería ser como Tommy Lee Jones y tener mi Pamela Anderson y que mi tesorito se muestre en un video por toda la red, como Bret Michaels y tener mi programa “Love of Rock” y estar rodeado siempre de chicas guapas empapadas en alcohol o como Gene Simmons y tener mi conejita Play Boy y poder mostrar mi lengua sin más miramientos.

Por esta acérrima afición, a los 16 años aprendí (bueno “aprendí” es un decir) a tocar guitarra a fuerza de voluntad y a costa de los oídos de mis hermanas. Y a los 17 años formé mi primera Bandita de Rock, de heavy metal. Mi bandita de flacuchentos pelucones. Claro que si me ven ahora con mi pinta de señor serio y cara de nerd ni me creerían que en mis años mozos anduve greñudo con un arete de cruz invertida en la oreja izquierda y por los caminos del rock and roll.

El primer escollo que tuvimos que pasar como banda fue “ponerle nombre al grupo”. Buscábamos un nombre que atrape, que de miedo, que nos haga ver como rebeldes sin causa, como chicos malos del rock and roll; pero las propuestas que lanzamos sólo era una lista interminable de nombres ridículos, absurdos, irrisorios o estrafalarios. Sólo por nombrar algunos “Panteón”, “Ataúd”, “Espectro”, “Castillo Sucio”, “Los Perros Hambrientos”, “Las Cucarachas Enojadas”, “Los Pirinchos”, “Los buitres del Amor”, “Las Pulgas Saltarinas” hasta terminar con “Espaldas Mojadas”. Pero bueno, era una democracia y se respetaban las ideas (admito que propuse como nombre para la banda “Eduardo y sus amiguitos” pero tampoco fue aceptado no sé porque).

Para la única presentación que habíamos conseguido por esas fechas era indispensable el nombre de la banda, para que se estampe en los volantes de fondo negro y letras fúnebres. Aquel día el organizador, nos anotó, nos hizo firmar un seudo contrato en el cual a cambio de presentarnos teníamos que vender 15 entradas. Y aún me resuena en la cabeza sus palabras “A ver, ustedes son el grupo…?”. Un silencio sepulcral por unos segundos, hasta juraría que escuché la estridulación de un grillo, “Los Bestias… somos el grupo Los Bestias” interrumpió uno de los guitarristas. Todos nos miramos con cara de sorprendidos, porque jamás ese nombre se barajó entre las posibilidades, pero delante del productor nadie dijo nada.

Saliendo de las oficinas le dijimos de todo pero ya estábamos inscritos, no había nada que hacer, no había marcha atrás y nos tuvimos que quedar con ese nombre. Así empezamos a presentarnos en algunos pubs de la Lima ciudad.

Mi papá cada vez que venía a visitarme a Lima y al verme con mi bajo practicar y al no acordarse del nombre de mi banda solía cambiarlo con algún sinónimo, “Como van Los Imbéciles”, me decía, “ahí papá, ensayando”, le respondía. Pasaba otra semana, se aparecía por Lima y otra vez “Sigues tocando con Los Idiotas”. Yo solo sonreía y le respondía que si. Y la última que recuerdo fue “Cuando sacan su disco pues Los Subnormales”.

Pero yo me mantenía firme en mi convicción de querer ser estrella de rock. Y mi momento de gloria no tardaría en llegar, a fuerza de voluntad y de ensayos, y de cambiarnos el nombre por supuesto, logramos tocar en algunos locales conocidos de Barranco y Miraflores.

Y mi corta carrera de músico metalero terminaría un día de gloria infinita que aún guardo en mi memoria. Diría yo que ese día fue una mezcla de felicidad e infelicidad por lo sucedido.

Era un día de setiembre y nos presentábamos en Miraflores. Como nunca, se había reunido un buen número de personas que habían ido a ver a las otras bandas por supuesto, pero cuando nos tocó saltar al escenario el público se hizo nuestro. Tengo grabada en mi memoria a fuego vivo como la gente coreó nuestras canciones y respondió a cada grito de guerra que lanzábamos. Escuchar que un grupo numeroso de personas desconocidas canten una letra o música que nació de tu corazón sólo es comparable a un orgasmo.

Pero bueno, aquel día, siendo un adolescente inexperto me había aplicado grandes dosis de esa “cervecita, licor amargo que era culpable de mis desgracias”, más las arengas que lanzaba el entonces vocalista de la banda, me desconocí y salí como una verdadera estrella de rock al escenario. Yo, que solía tocar tímidamente atrás, me transformé y alentaba a la gente y el público que me respondía. En las canciones hacía mi show y los adolescentes eufóricos empezaron a amarme. Me sentí una estrella de rock carajo!. Era mi día más feliz. Les juro que fue mi momento de gloria. Y de tanta euforia, cuando interpretábamos nuestra última canción, aquella canción que escribí junto a un amigo en un momento de frustración por la vida, y al escuchar al público corearla y “poguear” me emocioné al tope, creo que casi tuve un orgasmo sobre el escenario. Y envalentonado por los litros ingeridos de alcohol, me subí a uno de los amplificadores y me lancé al público, como quien se lanza para ser recibido con las manos en alto.

Todo hubiese estado bien si es que el público no se abría. Del tumulto de personas que había en el recinto se formó repentinamente un espacio vacío, no sé cómo. Nadie me recibió y fui a caer como una bolsa de cemento, como un costal de papas, como un zapallo reventado sobre el frío cemento, incluido mi bajo. Por un momento perdí el conocimiento. Cuando abrí los ojos solo vi sombras y sombras de personas a mi alrededor y murmullos. Ya no había bulla, solo mis lamentos dolorosos. El resultado “traumatismo encéfalo craneano, gastro hematoma, policoma con complicación cervical” (bueno, es una exageración) y el mástil de mi bajo roto.

Demás está decir que se acabó la presentación del grupo, no nos volvieron a llamar nunca más y no pude tocar el bajo por unos buenos meses.

Esta es la canción que tocábamos en esas fechas y que volví a grabar posteriormente con mi nuevo grupo “Thelonius” (y que para variar ya no existe). La canción se llama “Instintos del Mal” y el video sólo es una secuencia de imágenes. Yo no canto. Soy el bajista. A ver si logran escucharla hasta el final.

Aclaración 1: “la letra no fue escrita por Bellarte”.
Aclaración 2: no se hagan la idea que hasta la fecha tengo pinta de rockero. Ahora tengo pinta de nerd.


Friday, October 14, 2011

Segundo Intento



Después del incidente con Miluskita y todo lo que tuve que soportar por este amor que le tenía, volvimos nuevamente a frecuentarnos, esta vez lejos de su casa. Ya no era bienvenido allí. Su madre no me quería ver y su hermano, nunca supe si se enteró o no, pero cuando lo veía por alguna calle prefería evitarlo, la conciencia cochina de quien ha cometido un delito me hacía rehuir de su presencia. (Ver post: “La Primera Vez” AQUÍ).

Durante ese corto tiempo que nos habíamos dejado de ver, esperando que se calmen las aguas, empecé a ocupar mis tiempos con mis amigos. Primero se sorprendieron de verme más seguido en aquella esquina, pero con un par de mentiras dejaron de instigarme con sus preguntas acuciosas.

Era una tarde y Fernando, quien se supone era el más experimentado del grupo y quien me había aconsejado y me había hecho quedar como un subnormal , como un retrasado sexual por no haber debutado con Miluskita, empezó nuevamente a mofarse de este jovencito respetuoso de su enamoradita.

Fernando me decía delante de todo el grupo “uhhhh no seas monse pe, yo hace rato la hubiera agarrado y la hubiera…” y en plena calle se ponía a simular estar en pleno acto sexual, cabalgaba, sacaba la lengua, humedecía su mano y simulaba dar de lapos, luego cambiaba de pose, se frotaba los pechos, se agachaba y daba de alaridos. Todos los del grupo se desternillaban de risa y empecé a ser el punto del regodeo, de las mofas inevitables. Y yo, “lo que pasa es que ustedes no saben lo que es amor, nosotros nos respetamos”. Peor aún las risas, la sorna y el pitorreo se hicieron más intensos, “anda vete a la mierda, mejor ponte las pilas porque si no eres tú, va a venir otro y le va a voltear los ojos como carnero degollado” me dijeron entre risas.

Cuando acabaron de burlarse de mi, Fernando me dijo calladito “ser pendejo no significa ser huevón, toma esto y úsalo porque todavía no quiero ver criters corriendo por el barrio” y me entregó dos paquetitos, dos sobrecitos blancos. Los guardé en mi bolsillo evitando que alguien más los vea.

Al llegar a mi casa, escabullido en mi cuarto, saqué del bolsillo los dos sobrecitos y leí “Sultán… Sultán Condoms”. En esa época pues nos habían invadido los famosos “Sultán” y no había otra marca en el mercado, ni la variedad de colores, sabores y texturas que se encuentra hoy en día. Sólo esa. Después de leer el contenido me sentí macho y quise golpear mi pecho como King Kong. Y me sentí nervioso también.

A los pocos días que volvimos a frecuentarnos con Miluskita se presentó una inmejorable situación. Mis padres viajarían a la ciudad de Ica para asistir a una ceremonia religiosa por la novena del Señor de Luren. Me encargaron cuidar de la casa y portarme como es debido. No fiestas, no reuniones de amigos, no tragos y no amanecidas.

Los días previos conversé con Miluskita y la invité a salir. Llegó ese día, salimos como siempre, ella vestía una minifalda jean que mostraban sus preciosas piernas y una polera algo suelta, zapatillas “converse” que, a pesar de todo, la hacían ver un par de años mayor a lo que era. Por mi parte yo que era un escuálido macilento parecía tener menos edad, lo que generaba que cuando me paseaba con ella por las calles todos esos achorados, esos galanes de barrio, le silbaran y la piropearan en mi cochina cara y me hacían sentir como si no existiera. Y que podía hacer yo, si estaba solo, mientras que estos galanes improvisados caminaban en turbas interminables. Y yo que me tragaba toditita la cólera porque soy un celoso, lo reconozco, soy un celoso “pero ni de macho ni cornudo, simplemente de amor puro de tristeza y desconsuelo” como canta mi buen amigo Camilo Sesto. Pero este un tema que les contaré algún día, de mis aventuras que he pasado por ser extremadamente “celofán”.

Pero ya me desvié del tema, aquel día después de dar unas vueltas por la plaza de armas y que mi chica luzca sus piernas por las callecitas de Pisco, le propuse como quien no quiere la cosa, ir a mi casa, que estaba solo, para estar más tranquilos y poder mostrarle mis cassettes de Kiss el “Dinasty” o el “The Ultimate sin” de Ozzy Osbourne, como mensaje subliminal de mis oscuras intenciones de querer cometer con ella mi último pecado.

Accedió y caminamos a casita que previamente ya había barrido, arreglado y humedecido con media botella de colonia “Salvaje” que había encontrado en el dormitorio de mi papá.

Entramos casi escondidos como dos ladronzuelos para que no nos vea ninguna vecina chismosa y después no le vaya con el cuento a mi madrecita. Nos sentamos en la sala. “huele fuerte a alcohol” me dijo Miluskita. Sonreí “no te preocupes” le dije y puse un cassette en mi equipo “National” y empezó a sonar los tambores que daba inicio a “the Ultimate sin”. Metí mi mano sudorosa al bolsillo y me cercioré que estén los dos paquetitos de “Sultán”. Sentados en el mueble la rodeé con mi brazo y le susurré “sabes que te amo Miluskita” y ella sonrió tímidamente y me regaló un beso, un besito, un chapecito, un chape de aquellos.

Me desprendí por un momento y cambié de cassette por uno más acorde con la ocasión. Puse mi recopilación de “Baladas Heavys”. Empezó a sonar “Never say goodbye” de Bon Jovi.

Mis manos empezaron a magrear su cuerpo entradito en carnes. Ella “sabes que te amo Eduardito” y yo “si, yo también” mientras me retumbaba en la cabeza lo que me habían dicho mis padres. Y mientras ellos por allá, por Ica estarían orando para que este su menor hijo sea un hombre de bien ante la sociedad, yo estaba aquí tratando de comer de la fruta prohibida. Mi mano se movía desesperada por su corta minifalda. Y su polera, ¡como me costó sacársela!. Deslicé mis manos por debajo le saqué primero las mangas y luego su cabeza no salía y yo la jalé tanto que hasta se le pusieron los ojos chinitos del jalón que le dí. Después de casi arrancarle la cabeza, me saqué de un tiro el polo que llevaba puesto y mientras la besaba di curso de mi correa y mi jean. Y Miluskita entre “el sigue y el detente” me ayudó con su minifalda que tenía unos tres botones en la parte posterior. Ya piel con piel, luego vendría el brassier. Quise ser Fonzi por un momento y con un chasquido de los dedos abrir cuanto sostén se interponga en mi camino. Me peleé con el bendito brassier que no abría, mientras Miluskita parecía por momentos arrepentirse. En un acto de desesperación estiré mi mano por su espalda y alcancé unas tijeras que estaban sobre el aparador y quise cortar uno de los sujetadores. “Que haces” me dijo Miluskita y se asustó de verme con las tijeras en las manos. “Eres un menso” me dijo y abrió su brassier por la parte de adelante. Y yo que pensaba “nunca en mi putañera vida he visto un brassier que se abre por adelante y justo a ella se le ocurrió comprar ese?”. Ya con un punto en contra decidí seguir adelante. Mis manos acariciaron sus piernas y subieron buscando su tesorito que debería ser para este pirata, “su querido ladrón de amor”.

En un abrupto movimiento, Miluskita me separa con sus manos “tengo miedo” me dijo. “No tengas miedo” le repliqué “yo te amo y voy a estar contigo siempre” le dije tratando de convencerla de no desistir “y si salgo embarazada” agregó. Busqué en mi pantalón que estaba regado sobre el piso y saqué el paquetito que decía “Sultán”. Miluskita como que hace un gesto no muy agradable y me dice “okey, póntelo”. Traté de abrirlo desesperadamente y el bendito sobrecito que no se abría e intentaba exasperado de arrancarlo con mis manos humedecidas, con mis dientes, mientras sujetaba a Miluskita entre mis piernas para que no se me escape. De un tirón de diente logré abrir el paquetito y salió un jebecillo blanco lubricado y ahora... ¡como carajos se pone esto!. O era una talla muy chica o yo había sido bendecido por la naturaleza como Rocco Sigfredi, porque no podía ponerme el bendito latex. Miluskita que me observaba atrapada bajo mis piernas y yo tratando de ponerlo, lo estiré y empecé a desenrrollarlo sobre mi tesorito, pero como no entraba, se me soltó de los dedos y salió volando como si un cañón disparara una bala, hasta caer sobre el ojo izquierdo de Miluskita. “ayyy” dio un grito lastimero ella y yo “perdón perdón”. Se puso de pie mientras se tapaba el ojo con las manos. Empezó a lagrimear. Se sentó en el mueble desnuda “Ay me arde” me dijo, y yo “Perdón Miluskita… la verdad no podía”. “Mi ropa, mi ropa” me dijo estirando su mano.

Se cambió rápidamente y se metió al baño. Y yo, sentado, esperándola afuera me reduje a mi más mínima expresión y me lamenté no haber logrado nada.

Cuando salió tenía el ojo rojo. Al ver mi cara de preocupado, de atormentado, de atribulado, de contrito, me sonrió y me dijo “No te preocupes, estoy bien”. Se sentó a mi lado, me abrazó y me susurró al oído “para la próxima será”.

Tuesday, October 11, 2011

Tips Para Saber Si Tu Chico Te Ama (Sólo para Mujeres)



A raíz que publiqué “una mancha de lápiz labial”, recibí algunos comentarios del sexo femenino en los cuales de alguna manera me agradecían por haber develado algunas cosas que hacemos los varones para ocultar algunos “detallitos” y evitarnos problemas. Por el contrario, los comentarios del sexo masculino fueron por demás claros y precisos, me amenazaron con atraparme, cortarme el pelo, pasearme calato por todo el barrio con un cartel que diga “soy traidor”, luego rociarme con kerosene y prenderme fuego para morir como un bonzo, si es que seguía develando los secretos del “Perfecto Infiel”. Bueno, en realidad exageré un poquito solo me advirtieron que no siga hablando.

Y es que las relaciones entre hombre y mujer son muy complejas y muchas veces siempre uno termina dando más que el otro. Como dice Andrés Calamaro “nos fuimos juntos a volar con un solo paracaídas, uno solo va a quedar volando a la deriva”. Porque es así, siempre hay alguien que pierde y alguien que gana, acá no existe el ganar-ganar, esas teorías que las apliquen a las negociaciones, a las empresas, al mercado. Por más duro que suene, en las relaciones de pareja alguien siempre terminará llorando. Que no se diga más!.

Así que este post está escrito sólo para las damas y si eres un caballero y has llegado hasta aquí te pediré que abandones la lectura, bajo pena de aplicación de la castración química.

Y bueno, esta vez, considerando el gran aprecio y admiración que siento por todas las féminas, me pondré del lado de ustedes (ahora podemos hablarnos de tú a tú ya que no hay hombres leyendo) y aquí, he pretendido dejar algunos tips para que evalúes cómo es el comportamiento de tu pretendiente, tu cortejador, tu chambelán y de esta manera puedas determinar si te ama, te quiere o simplemente no te quiere.

Ojo, todos los tips son referenciales, cada quien aplique en su vida de acuerdo a su realidad:

- Tu enamorado te ama: Te invita a comer en un buen restaurante o cebichería reconocida, te retira la silla para que te sientes y paga la cuenta.
- Tu enamorado te quiere: Te invita a comer en un restaurante desconocido, cada quien se sienta y al final pagan mitad y mitad.
- Tu enamorado no te quiere: Te invita a comer “huesitos brosther” en el carrito sanguchero de su barrio, se gana el único banquito que queda libre y al final te aplica el viejo truco “no tengo sencillo, paga tú y mañana te repongo”.

- Tu enamorado te ama: Para beber pide inca Kola, Coca kola o un buen vino
- Tu enamorado te quiere: Para beber pide “Isaac Kola”, “Big cola” o un vaso con agua.
- Tu enamorado no te quiere: Cuando el mozo se descuida saca de su bolsillo una bolsa con chicha morada y dos cañitas.

- Tu enamorado te ama: Después de una cita, para un taxi, te acompaña hasta tu casa, te da un piquito y luego se marcha.
- Tu enamorado te quiere: Después de una cita, para un microbús, te acompaña hasta tu casa, te da un beso en la mejilla y luego se marcha.
- Tu enamorado no te quiere: Te da cincuenta céntimos y te embarca en una combi.

- Tu enamorado te ama: Si van al cine, te pide que escojas una película romántica
- Tu enamorado te quiere: Si van al cine él escoge una comedia romántica.
- Tu enamorado no te quiere: Si van al cine él escoge “Rambo”, “Rocky “ o en el peor de los casos “Garganta profunda”.

- Tu enamorado te ama: Se esmera en llevarte a algún buen hotel, con Jacuzzi y con Ducha Española.
- Tu enamorado te quiere: Te lleva a un hotel de media caña y pide el cuarto con columpio.
- Tu enamorado no te quiere: “Aquí nomás en el parque, nadie nos ve”


- Tu enamorado te ama: Para tu cumpleaños te trae flores y te regala tu perfume favorito “Channel Nº 4”.
- Tu enamorado te quiere: Te trae una rosa que se arrancó del jardín del vecino y te regala un “Heno de Pravia”.
- Tu enamorado no te quiere: Te regala un limón para que lo uses como desodorante y un jabón “Aval”.


- Tu enamorado te ama: Para año nuevo, planifica y separa con anticipación entradas para una fiesta en un club exclusivo.
- Tu enamorado te quiere: Para año nuevo te invita a su casa para pasarla con el grupo de sus amigos.
- Tu enamorado no te quiere: Te dice “necesitamos nuestro espacio, tú la pasas por tu lado y yo por el mío”.


- Tu enamorado te ama: Te dedica “Unchained Melody” de Righteous brothers
- Tu enamorado te quiere: Te dedica “ven devórame otra vez” de Lalo Rodríguez.
- Tu enamorado no te quiere: Te dedica “ojalá que te mueras” de los hermanos Yaipén.


- Tu enamorado te ama: Te regala un I phone para estar comunicados todo el tiempo (se acepta la variante de un blackberry)
- Tu enamorado te quiere: Te regala un celular ZTI para estar comunicados todo el tiempo (se acepta la variante de un “bamberry”).
- Tu enamorado no te quiere: Te regala un beeper (se acepta la variante de regalarte leña y fósforo para que hagas señales de humo).

- Tu enamorado te ama: Te lleva a un viaje romántico en un crucero por el Caribe.
- Tu enamorado te quiere: Te lleva a un viaje de aventura dentro del país.
- Tu enamorado no te quiere: Te lleva al Castillo de Chancay.

- Tu enamorado te ama: Se esmera en vestir bien, oler bien y lleva un buen corte de cabello.
- Tu enamorado te quiere: Se cambia regularmente, parece haberse bañado y se peina con “glostora”.
- Tu enamorado no te quiere: un pantalón le dura una semana, huele a comino y se peina con petróleo.

- Tu enamorado te ama: Para esas ocasiones especiales él usa sus calzoncillos Calvin Klein, blancos impecables.
- Tu enamorado te quiere: Para esas ocasiones especiales él usa sus calzoncillos Boston negros, para que no se vea nada.
- Tu enamorado no te quiere: Para esas ocasiones especiales él usa sus calzoncillos “Estriper” y cuando se da vuelta tiene una línea de oro atrás.

- Tu enamorado te ama: 5 veces al día.
- Tu enamorado te quiere: 1 vez al día.
- Tu enamorado no te quiere: 1 vez al mes y solo cuando siente la necesidad.
(Estábamos hablando de bañarse por si acaso).


- Tu enamorado te ama: Se esmera en ser un buen amante y al terminar te abraza, te besa, sigue a tu lado hasta que te duermas sobre su pecho.
- Tu enamorado te quiere: Trata de ser cumplidor y al terminar prende su cigarro y mira su partido de futbol.
- Tu enamorado no te quiere: Le importa un comino ser un eyaculador precoz y al terminar se queda dormido y ronca como tractor descompuesto.


- Tu enamorado te ama: Te regala el libro original: “El Secreto” (Entiéndase como su deseo de verte exitosa y realizada).
- Tu enamorado te quiere: Te regala “Padre rico, Padre pobre” de Robert Kiyosaki en versión digital (por no decir pirata… y entiéndase como la intención que le generes dinero).
- Tu enamorado no te quiere: Te pasa por correo el link del blog “Me gustan los problemas, No existe otra explicación” de Eduardo Rodríguez.

Si alguna de ustedes, desea agregar otros tips para enriquecernos todas (ay por un momento me sentí una de ustedes), por favor dejarlo en los comentarios.

Saturday, October 08, 2011

No es más que un Hasta Luego



En el 2006 creé mi cuenta en el blogspot y la abandoné por completo. En esa época solía escribir en otra plataforma. En el 2007 y 2008 entré para copiar unas entradas y al volver después de un buen tiempo me emocioné mucho al ver que una de ellas tenía cerca de 17 comentarios. Me dije “Vaya! Me hecho popular, alguien me descubrió”, ilusionado abrí el post para saber que me habían puesto, quizás alguna felicitación?, alguna oferta para escribir en algún diario?, en el decano de América acaso?, algún contrato de trabajo con Editorial Planeta?, Alfaguara? o del Grupo Santillana?. Pero grande fue mi decepción que solo era una sarta de propagandas, de spams relacionados a video juegos, videos triple X y de píldoras para la impotencia sexual. Aunque sea me hubiera conformado para escribir para “Editorial Coquito”, “la Imprenta Chirre” o por último para “Toribio Anyarín Injante”. Me desilusioné y no volví hasta el año 2011, en realidad de pura casualidad. Leyendo otro blog encontré un comentario de Paty. Llegué a su página, que a decir verdad supera largamente al blog que me trajo hasta allí. La empecé a leer, a rebuscar las entradas pasadas. Me divertí (y me divierto) mucho leyéndola. Le dejé unos comentarios y me animé a reactivar este blog.

Luego vinieron los demás, descubrir nuevos amigos, personas muy talentosas cada quien en su estilo y a quienes les debo un post que no he escrito por temor quizás a no saber plasmar con exactitud el cariño especial que siento por cada uno de ustedes.

Ahora que reviso mi blog veo que he publicado 27 entradas en los dos últimos meses, es decir a razón de 1 post cada dos días. Y no es que este sujeto sea una máquina de escribir, un tipo talentoso capaz de plasmar en un par de días un relato que cumpla al menos los estándares mínimos para ser leído. En realidad, como canta Joan Manuel Serrat “soy cantor, soy embustero” pues lo que he hecho es venir publicando en esta plataforma mis escritos anteriores. En realidad solo hay dos entradas nuevas, escritas en el 2011: “El Peor de Todos” y “Cita a Ciegas”, el resto es una retahíla de escritos anteriores.

Ahora que ya culminé de colgar todas las entradas de mi anterior plataforma no me queda más remedio que despedirme por unos días. O digamos que no postearé tan seguido, sino, sólo cuando las musas decidan visitarme. Y que esto no se entienda que no los visitaré y leeré porque se han vuelto parte de mi círculo de amigos, a quienes leo cada mañana con ilusión, con sonrisa o con asombro.

Un Comercial y Regreso.

Pd.- Si alguien se unió a este humilde blog un poco tarde, puede revisar las entradas anteriores que nadie le ha dado bola como:

“Por el Amor de una Mujer I” (No confundir con "Por el Amor de una Mujer II") AQUI

“Impresionando a una Dama” AQUI

“Algunos Errores Fatales” AQUI

“Amor Pasajero” AQUI

Y otras tantas más

Tuesday, October 04, 2011

Cita a Ciegas



Si alguna vez lo dije, hoy lo repito, soy mejor escribiendo que hablando. Y si piensan que escribo pésimo imagínense como seré hablando en vivo y en directo.

El problema nació en un anterior blog que tenía en otra plataforma, no muy parecido a éste, en el cual solía a hablar sobre algunos temas relacionados a las relaciones de pareja (entiéndase relaciones sociales), de hombre mujer, a las dificultades para entendernos. Todo esto basado en mi amplia experiencia con el sexo opuesto. Y que esto no se entienda que he sido un “don juan” un “Pedro el escamoso”, un “Pirulino” o un “Avelino”, donde me he ligado a cuanta chica se haya cruzado por mi camino. Muy por el contrario, en base a mi experiencia de ir dándome de narizazos contra la pared, de ir estrellándome contra la cruda realidad de ser poco versado en las relaciones humanas, y basado en el dicho “Se aprende más de los errores” decidí soltar algunos consejitos donde detallaba las cosas que debe hacer uno para flirtear, para galantear, para cortejar, que temas de conversación tocar en las primeras citas y otros temas que se me iban ocurriendo en el camino.

Bajo esas perspectivas, había acumulado un pequeño grupo de fieles seguidores que semana a semana esperaban que este sujeto escribiera lo que su fructífera y a veces onanista imaginación plasmara en su blog.

Abigail era una de mis seguidoras que cada semana comentaba con un desenfado único. Siempre estaba dándome la contra o “peleándome” en cada uno de sus comentarios, que a decir verdad me iban dejando como un papanatas frente a mi poca legión de seguidores. Así que solía discutirle de la manera más amable sus comentarios punzantes y filudos pero en el fondo graciosos y con mucho de verdad.

Así nos pasamos semana a semana, discutiendo por cualquier razón o por tener opiniones contrarias. No siendo suficiente con eso, nuestros desencuentros se pasaron también a otros blogs de los cuales éramos seguidores en común y agarramos sus espacios como ring de box, ring de la WWE, como foro de opiniones, para lanzar nuestras más agudas respuestas. Más de una vez nos botaron de algún blog amigo… bueno en realidad me botaron a mi y censuraron mis comentarios porque ella por tener el privilegio de ser una dama, solían tratarla con mayor cariño.

No contento con eso, entraba como anónimo para lanzar nuevamente mis ataques, mis golpes bajos, hasta que me detectaban o la buena Abigail me tiraba dedo con el propietario del blog y nuevamente desaparecían mis comentarios.

Así que habiéndome quedado “picón” por un comentario de Abigail en el que prácticamente me había dejado desarmado y me hizo sentir como si me hubieran bajado el pantalón y me dejaran calato en medio de un colegio de niñas, decidí buscar incesantemente en el google el correo de aquella niña que había venido a retarme y dejarme mal parado. Después de una larga búsqueda encontré su correo y de inmediato le escribí para preguntarle un par de cosas, faltaba más!, esta chiquilla venir a cuestionarme mis teorías sobre las relaciones humanas.

Al día siguiente recibí su correo de respuesta y muy por el contrario a lo que era en el blog me respondió amablemente y hasta me bromeó. Yo también le respondí, le escribí bonito usando mi “rollo mareador”, mi verbo florido y me atreví a preguntarle un par de cosas más, ya fuera del blog sin ningún interés subalterno, sólo de curiosidad.

Luego vino su respuesta y nuevamente le escribí y comenzamos a contarnos cosas, ella de su familia y de las cosas que hacía y yo de mis teorías estúpidas y aburridas. Y nos peleábamos una vez más y nos amistábamos por correo y confieso que me gustaba leerla cada día y me hacía reír en cada línea con sus cosas disparatadas y el lenguaje tan ligero que usaba. Por supuesto que yo, no quedándome atrás le escribía y le cuestionaba algunas cosas que hacía y le contaba algunos chistes dignos de un niño de infancia. Abandoné por unas buenas semanas mi blog y mis pocos seguidores que tenía decidieron ir marchándose “de a puchos”.

Entre mail y mail quedamos en encontrarnos un día. Recuerdo que me escribió “que tal si nos vemos un día y me explicas tu quesque (sic) teoría sobre que a las mujeres le gustan los hombres malos”. Así que al leer esas líneas sentí miedo. Yo que tenía un blog sobre las relaciones sociales de hombre mujer y de las conversaciones interesantes que se debe desplegar en una primera cita, me empezaron a temblar las piernas como becerro recién nacido y tuve miedo de aceptar la invitación. Después de una larga meditación, me armé de valor y acepté. Quedamos en tomar un café con algún sándwich en el San Antonio. No tomo café, es solo un decir, pero ya ahí pediría mi jugo de papaya.

Sentí miedo porque primero Abigail no tenía idea de cómo era, sólo me imaginaría con los datos que en algún mail yo le habría enviado. Me había descrito, por supuesto como un galán y había callado o escondido mis defectillos visibles a cualquier ojo del ser humano. Me había descrito de la siguiente manera en un correo que le envié “soy delgado, tengo 30 años, pelo corto, uso lentes, mido 1.75, cariñoso, de buenos sentimientos, gusto de la vida sana y los deportes”, lo que callé es que “no soy bonito, es más tirando para el otro lado, tengo algunas marcas del acné, pelo trinchudo y tengo cara de nerd”. Por supuesto que con la primera descripción posiblemente se habría imaginado algún tipo delgado pero guapo, más rudo, más aún que le conté que solía tocar en algunos grupos de rock fuerte. Porque así es la magia de las letras y del que escribe, deja mucho a la imaginación de la persona que lee, para que ella en sus ideales de persona le ponga una cara al personaje. Bueno pero esta vez, esas cosas jugarían quizás en mi contra.

Quedamos a través de los correos de la siguiente manera: “voy a estar con terno color plomo porque salgo del trabajo y de ahí me voy de frente, camisa blanca, corbata amarilla y con una flor en la cabeza” (bueno lo de la flor era un broma solo lo del terno) y ella me dijo “voy a estar con un vestido hermoso color negro y un abrigo con coderas grises, medias color gris y zapatos cerrados color negro, mi cabello suelto, ah! Y no uso maquillaje”.

Todo el día me la pasé preguntando cómo diablos sería un vestido hermoso. Yo que tengo pésimos gustos no podría diferenciar entre un vestido hermoso y uno normal, el abrigo con coderas como sería, me preguntaba una y otra vez. Se habría hecho huecos por alguna caída y decidió parcharlos con algún forro de tapicería?. O sus coderas serían como los que usan para patinar o como las que se usan en las camisetas de arquero?. Como va los vestidos con medias color grises?. Como es zapatos cerrados? Es que existen los abiertos? Los abiertos no llevan pasadores? No es que todos llevamos los zapatos cerrados para que no se salgan los pies cuando caminamos?.

Casi todo el día me la pasé cavilando y practicando mi presentación “Abigail?, hola que tal, soy Eduardo” y extendía la mano. Luego me parecía muy nerd, o muy ñoño como dicen ahora los jovenzuelos y ensayaba otra vez con más efusividad “Abigail? Hoooolaaa que tal, que gusto conocerte, que guaaaapa” y le daba un besito en la mejilla. Luego me parecía muy mandado y buscaba otras alternativas “buenas tardes madame” y me inclinaba simulando darle un beso en la mano, tampoco me pareció, “eres Abigail? Como estás soy Eduardo, vamos pasa, siéntate” y simulaba acomodarle la silla, pero al final nada terminaba por convencerme.

Llegó el día esperado, llegué temprano al San Antonio, había hecho previamente la reserva. Le dejé dicho al mozo, después de su propina, que vendría una señorita a buscarme y que la guíe hasta mi mesa. Me pedí una manzanilla para calmar los nervios, a los pocos minutos, diría yo, exactamente a la hora que habíamos quedado aparece el mozo con una señorita guapísima, un poco chata eso si, de ojos preciosos, sin maquillaje con un vestido hermoso color negro, un abrigo con coderas y zapatos cerrados. “Hola” me dijo, sonrió y me extendió la mano. Limpié rápidamente mi mano que estaba sudorosa de tantos nervios y se la dí. Le dije “siéntate”. Me senté primero yo, se me olvidaron las reglas de un caballero, olvidé ayudarla a sacarse el abrigo, no le jalé la silla. Todas mis reglas que había escrito alguna vez en algún post “tips para ser un caballero” se fueron al tacho al quedar abobado.

Abigail tenía unos ojos preciosos color café penetrantes que cuando en algún momento trataba de olvidarme de mi interlocutora y hablar de lo más normal como quien se habla a un amigo, una mirada suya me hacía titubear, me trababa, se me confundían las ideas, me olvidaba de lo que estaba hablando y usaba las palabras incorrectas, hasta llegué al extremo de preguntarle “que bonitos ojos, son color popó?”. Creo que después de tomar el café, el jugo y el sándwich decidió retirarse de aburrida, de los largos silencios. Cuando quiso pararse, tratando de resarcir mi error me paré rápido para retirarle la silla pero moví la mesa, se cayó el vaso de jugo y una buena cantidad de papaya líquida fue a caer a su hermoso vestido negro y allí comprendí qué era hermoso (sin papaya) y que no (con papaya). Traté de disculparme y me paré para acompañarla, pero no me percaté de un tacho de papeles y metí el pié, jalé con fuerza y el zapato se me quedó adentro y allí entendí que era un zapato cerrado. Metí mi mano al tacho para buscar entre servilletas remojadas mi zapato. Lo encontré, para eso Abigail ya había caminado hasta la puerta, sólo vi su espalda, su abrigo y sus coderas y allí entendí que no eran como las que había imaginado. Y los únicos que quedaban eran todos los demás comensales que estaban mirándome ocultando sus sonrisas.

Al otro día cerré mi blog al demostrarme a mi mismo ser un embustero y que no tenía moral para escribir cosas como “Tips para ser un caballero”. Por esa razón me mudé al blogspot y también por esa razón ya no creo en las citas a ciegas.

Saturday, October 01, 2011

Una Mancha de Lápiz Labial



Como cada año, en el mes de marzo culminaron las prácticas profesionales de algunos jovencitos que estuvieron ávidos en la institución por aprender los procedimientos, aspectos técnicos y trámites burocráticos que caracterizan a la gestión pública. Culminaron sus prácticas y como están en la flor de su juventud, todo lo ven fiestas, reuniones, juergas y cuantas cuchipandas haya de por medio.

Suelo juntarme con la gente más joven, me contagian de alegría y me inyectan de nueva energía con sus ocurrencias o porque me hacen acordar cuando yo también pasé por esa etapa.

Así me invitaron a la reunión de despedida de uno de ellos. El punto, El Bolivariano en Magdalena Vieja. Llegué después de dos horas a la cita, haciéndome el interesante. Me uní a la mesa y me serví mi vaso de Pisco. Porque un macho que se respeta toma pisco y puro. Nada de “Bloody Mery”, “amor en llamas” “Baylies”, “Blue Hawaian”, “Palmas Punch”, “tequila sunrise” o “Daikiri” y menos aún esos que están llenos de colores unos sobre otros.


La pasé bien. Me divertí viendo bailar a los muchachos coquetearse, pelearse, irse hasta el suelo con algún baile de moda y excederse también con el alcohol.

Así que ya habiendo transcurrido un par de horas más en la reunión, era la hora de la partida. Me levanté y me fui despidiendo uno por uno, dando la mano a los practicantes y su respectivo besito a las “practicantas”.

Pero por esas contorsiones que uno se da para darle su besito de despedida a las chicas que están sentadas, no me percaté que una de ellas accidentalmente había manchado con lápiz labial el cuello de mi camisa, exactamente en la puntilla del cuello izquierdo.

Un amigo, notó la mancha que era una línea minúscula de unos tres centímetros y me pasó la voz.

Mientras salía me jalaba el cuello y trataba de ver la mancha. Saqué un poco de saliva y traté de limpiarla. Grave error. El lápiz labial empezó a esparcirse. Y mientras más la frotaba con saliva iba creciendo hasta que se hizo un círculo entre rojo y negro de sucio.

Lo que inicialmente era una línea minúscula de lápiz labial se transformó en un círculo rojizo que caprichosamente había tomado una forma circular similar a una boca.

Subí al primer taxi que encontré sin saber que hacer. Todo el trayecto de regreso a casa me la pasé intentando limpiar. Agarré un papelillo celeste que había en el asiento trasero del taxi y empecé a frotarlo con el cuello. Me decía por último si va haber una mancha prefiero que sea celeste a que sea rojo pasión. Un color celeste o azulado puede ser una mancha de algún lapicero. Una mancha roja detectada por tu enamorada o esposa es fatal. De inmediato significa la presencia de una tercera persona que ha estado muy o extremadamente pegada a ti.

Es más se me vino a la mente aquella vez que me contó mi amigo Roberto que su esposa le detectó una mancha de lápiz labial en la espalda de su camisa y de inmediato le hizo un escándalo y peor aún que lo agarró frío y sin saber que hacer esgrimió que se había manchado en la combi, que algún amigo le había jugado un broma pesada, por último que esa mancha era sangre de un forúnculo que tenía en la espalda; pero todos sus argumentos fueron desbaratados porque el buen Roberto no viaja en combi, tiene carro propio y su sangre no huele a cerezas perfumadas.

Pero después de todo el buen Roberto recibió el castigo luego de haberse gozado de lo lindo con otra fémina; pero en mi caso yo que soy un “Pan de Dios”, una “inocente paloma” iba a ser acusado y llevado al cadalso por un acto que no cometí.

Cada minuto que pasaba se tejían finales cada vez más trágicos. Me imaginaba a mi Janecita acusándome sin piedad hasta terminar en una separación.

Cuando llegué a casa y bajé del carro me tapé de inmediato la solapa del cuello con el saco. Entré a casa, Janecita descansaba sobre la cama, saludé como de costumbre y de inmediato me saqué la camisa. La hice un "puñete" y simulé dejarla de lado. Me desarropé y me arropé luego con la pijama. Agarré la ropa que me había quitado y me dispuse a llevarla a la lavandería. Me desplacé sigilosamente a dejar todo en la lavandería (menos la camisa). Rebusqué los bolsillos de mi pantalón como de costumbre antes de dejarlo y encontré aquel papelito azul que había usado para limpiar. Por curiosidad lo desdoblo antes de tirarlo al tacho de basura y era una boleta de venta, decía “Hostal Soy Calidad”, más abajo “Habitación Matrimonial, 30 Soles” y más abajo "prohibido dejar fluidos corporales sobre el colchón". Definitivamente no era mi día, más salado no podía ser. Agarré el fósforo y lo quemé en el lavadero, luego pasé las cenizas por el desague. Ahora sólo me quedaba la mancha de la camisa. Busqué rápidamente lejía y no había. Agarré un poco de “ayudin”, me puse la camisa bajo la pijama y me escabullí hasta el baño. Simulé entrar para hacer una evacuación de los intestinos. Me puse frotar el cuello y la bendita mancha de lápiz labial no desaparecía. Salió la suciedad pero el color rojizo no desaparecía. Se acabó el poco “ayudín” que tenía y esta vez intenté con champú con “ceramidas”, pero con resultados poco alentadores.

En eso suena la puerta del baño “apúrate que quiero entrar” dicen al otro lado. Era Janecita. “espera ya salgo” respondí. Me escondí nuevamente la camisa bajo el polo que uso de pijama. Bajé el tanque del baño a pesar de no haber hecho nada y salí rápido esta vez hacia el cuarto. Metí la camisa en la mochila que suelo aventar al lado de la cama. Mientras simulaba mirar televisión se me cruzaban todo tipo de ideas para evitar ser puesto al descubierto de algo que no hice.

Me llegó a la mente aquella vez que mi amigo Raul me contó que en una oportunidad al llegar a casa, luego de una faena con una fémina, se dio cuenta que su calzoncillo blanco, estaba manchado de lápiz labial, Dios sabe cómo y al llegar a casa se desvistió sigilosamente, hizo el calzoncillo un "puñete" y lo escondió en el maletín de su lap top. Al otro día al salir se deshizo del calzoncillo tirándolo en un bote de basura muy alejado de su casa. Bueno, exactamente no fue así, me cuenta Raul que llegó ese día a las justas al trabajo donde tenía una reunión para hacer una presentación del presupuesto que había venido haciendo. Como llegó tarde cuando entró a la sala de reuniones, abrió de inmediato la maleta para sacar la laptop y salió elcalzoncillo volando sobre la mesa. Pero bueno, esa es otra historia que algún día les contaré.

Así que barajé la posibilidad de deshacerme de mi camisa al otro día tirándola en algún bote de basura. Pero me dolía perder mi camisa casi nueva, solo tenía una lavada. Así que empecé a barajar otras opciones mientras Janecita descansaba a mi lado.

Después de tanto pensar me dormí y me desperté sobresaltado a las 2 horas. Janecita dormía plácidamente. Muy despacio deslicé el cierre de la mochila y saqué la camisa. Me fui de puntillas a la lavandería y nuevamente intenté limpiarla esta vez con un poco detergente que logré raspar de una bolsa que quedaba, pero igual, aún se podía distinguir un tono rojizo. Otro intento en vano. Voy a la cocina y había gelatina. De inmediato se me ocurrió tirar un poco de gelatina al piso, cerca al cesto de ropa sucia, un poquito de agua y poner la camisa estratégicamente como que se hubiera caído y justo la puntilla del cuello se manche con la gelatina. Pero era muy forzado. Ese argumento podría ser desbaratado rápidamente. Cortar el cuello y coserla hasta que me quede un “cuello nerú” tampoco era la salida. Fácilmente sería detectado.

Rebusqué entre las cosas y encontré “Pinesol”. Vacié un poco de la botella (en realidad vacié media botella) sobre el cuello de la camisa y luego de unos minutos de restregar desapareció la mancha. Desapareció pero aparecieron unos hilillos de la tela maltratada.

Puse la camisa en el cesto de la ropa sucia y cuando intentaba salir de puntillas escucho la voz de Janecita “Eduardo que haces”, “Tomando agua” tartamudeé apenas y luego lance un “ahhhhhh” como si hubiera tomado una coca cola helada. Me fui a la cama y recién concilié el sueño después de una media hora.

Al otro día salí temprano al trabajo y en la tarde al volvera casa, entré sigiloso, saludé y disimuladamente me fui a la lavandería y vi el cesto de la ropa sucia vacío. Creo que había pasado lo peor.

A los minutos aparece Janecita con mi camisa blanca entre sus manos. Puse mi cara de miedo y empecé a sentir el calor de inmediato, como cuando se calienta un motor sin radiador. Miles de pensamientos corrieron en mi mente y las excusas se me cruzaron todas por la cabeza.

“Mira esto”- dijo Janecita y me enseña el cuello de la camisa. En mi cara se empezó a dibujar la expresión misma del terror y cuando me iba a tirar de rodillas para jurar que no era lo que ella pensaba, Janecita añadió “La lavadora le ha agarrado el cuello y se ha deshilachado”.

El alma me volvió al cuerpo y se me salió nuevamente un “ahhhh” pero esta vez como el de Fulvio Carmelo.

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