Monday, July 25, 2011

Hoy me Desperté Tarde

Hoy salí un poco tarde de casa. Desperté tarde y por lo tanto esos minutos adicionales de sueño tenía que pagarlos con el tráfico y con algunas carreritas tratando de ganar el semáforo.
Primero, opté por no bañarme para ahorrar tiempo. Me di una lavada de gato y me cambié rápidamente, total! Es invierno así que una buena casaca y un buen perfume pueden disimular esa falta de baño.
Salí disparado de casa. Lo bueno de despertarme un poco tarde es no tener que encontrar al gordo de mi vecino que cada vez que me ve, me pide prestado mi MP3 que con tanto esfuerzo compré y se clava mis pobres audífonos en su oreja grasosa.
Pero hoy es lunes, y como todos los lunes, las combis se esconden y la gente aumenta. No entiendo porqué los lunes hay mas gente. Escolares, universitarios, todos asisten el lunes con fuerza. Los que van a buscar trabajo con su periódico bajo el brazo. Los que inician sus primeras clases. Sus primeros días de gimnasio. No lo sé. Solo sé que hay mas gente.
Mi primera combi me lleva del paradero inicial en La Molina, hasta el óvalo de Santa Anita. Ahí no tengo problemas porque subo en el paradero inicial y voy sentadito, tranquilo. Mi problema empieza en la segunda combi. Esas que tengo que tomar en el óvalo. Esas combis verdes con blanco “los Olivos” o las anaranjadas “Federico Villarreal”.
Como es lunes, cada vez que llega una combi, corre medio centenar de gente tras ella, tratando de ganar la mejor posición para subir. Cuando abre la puerta el cobrador todos tratan de meterse. Que importa que haya gente que quiera bajar, empujan con todo adentro. Muchas veces he visto, ancianas en la puerta que a punto de bajar terminan sentadas en el asiento trasero por todo el tumulto de gente que se la llevó de encuentro. O aquella vez que en toda la multitud salió volando el zapato de una señorita, hasta la pista auxiliar. Hasta ahora no sé como.
Como podrán imaginar y como yo odio las multitudes, no tuve más remedio que subir al final Parado!!!, bueno “parado” entre comillas porque acá las combis son pequeñísimas. Creo que la expresión correcta es “doblado”. Así que hoy tuve que venir “doblado” en la combi, apretado, con gente por todos lados. Sintiendo la respiración de otros tantos. Yo que hoy no me había bañado, descubrí que mi olor era un campo de rosas, al lado de unos tipos cochinazos, recontra resinas, que subieron junto conmigo. Esos si que no se bañaban décadas.
Viajé “doblado” con la esperanza de sentarme en “Puente nuevo” ahí siempre baja gente. Pero equivocación, por el camino, la gente seguía y seguía subiendo. Me empujaban y yo a la vez empujaba a otros. Ya casi estaba encima de la chica que estaba sentada a mi lado. Lo peor es que de tanto que me habían empujado mi miembro viril daba justo en la dirección de su cara. En cada arremetida de la combi, cada frenada, cada mala maniobra le daba un “punteo facial” sin querer queriendo. Ese no es mi estilo y por su puesto que me daba roche, pero yo a la vez sentía un maletín que me daba un “levante” en cada movimiento de la combi. Puente nuevo por fin!!! Carajo! Nadie bajó, al contrario!! Subió más gente!!. Dios mío cuando me saco la tinka y me compro un carro!!!.
En Puente Trujillo bajan también, pero con tanta gente ojalá tenga la suerte de sentarme.
Bingo! La chica a la que de vez en cuando le daba un “punteo facial” bajaba en Puente Trujillo. Entre apretones y empujones logró ponerse de pie. Por fin!. Cuando me iba a sentar veo a mi lado una tía de lentes, sufriendo con un maletín y fólderes bajo el brazo tratando de mantener el equilibrio. No! Dios mío. Siempre he sido un caballero. Me acordé de mi madrecita y mi esposa Janecita. Tal vez algún día necesiten un asiento como el que tengo yo a mi disposición. Señora siéntese! Le dije. Se sentó la tía. Demás está decir que esperé en vano el “gracias” y mucho menos el “te llevo tu maleta?”. Eso me pasa por caballero carajo.
Puente Caquetaaaaaaa!!! Gritó el cobrador, bajaron dos, subieron tres y yo “doblado” (he dicho que no es correcto decir “parado”).
A estas alturas perdí la esperanza de sentarme. Vino Habich, Cayetano, Palao y yo estoicamente soporté estar doblado la hora que dura el viaje. Con este dolor de cintura. Prometo no hacer esas poses medios extrañas en las noches. Ya no soy el mismo chibolo de antes.
Por fin mi paradero. Baja Tomás Valle!!! Bajaaaaaa!!!
Me moví entre cuerpos apretados y malos olores, por fin… Dios libertad. Estoy en la calle otra vez. Nadie me empuja ni me aprieta. Vete combi!!! Aléjate lata de sardina.
Dios! Mi celular!, toco mis bolsillos desesperadamente. Fue en vano la búsqueda. Con razón a tanta gente le gusta viajar apretado. Me sacaron el celular CSM!

Thursday, July 21, 2011

Agunos Errores Fatales

Tengo uno de esos amigos que sólo está dispuesto a hacerme la vida imposible en el Messenger. Apenas ingreso mi clave y mi máquina a duras penas empieza a conectarse aparece el recuadro de conversación con un dibujo de un órgano sexual masculino, algún marica o transformista. Y como yo, medio poeta frustrado, suelo poner frases de canciones en mi Nick como “siempre seguí la misma dirección, la difícil la que usa el salmón” o “volveré a buscarte algún día” o alguna otra de inmediato me lanza sus frases como “porque no sigues esta dirección” y me adjunta la imagen de un pene apuntando hacia un lado.
Entonces, como suele fregarme la paciencia cada vez que me conecto a la red del Messenger he optado por entrar como “no conectado”, así me escabullo en el anonimato y converso con quien mejor me parezca. Hace un par de meses atrás, decidí darle una cucharada de su propia medicina y me conseguí las imágenes de otro pene que se formaba con tres claves y uno podía darle el tamaño que quisiera repitiendo la clave del medio. Lo grabé y lo guardé a fin de darle su sorpresa cuando se conectara.
Recuerdo que fue un lunes, estaba en la computadora en horas de la noche y mientras hacía tiempo conversaba con una amiga del trabajo, mi amiga Jazmin, linda ella, quien era seguidora de una religión evangélica y que cada vez que me conectaba a hablar con ella trataba de convencerme de unirme a sus filas, luchar contra el mal y prepararme para la llegada del Mesías. Solía recibir sus correos con pensamientos bíblicos adornados de hermosos paisajes como prueba irrefutable que Dios existe.
Yo, como siempre, si bien no he sido un religioso a ultranza, mantengo mi buena reputación. Puedo jactarme que la gente me aprecia, me considera un buen amigo, un buen padre de familia y buen esposo.
En lo mejor de la conversación con Jazmín, aparece la clásica ventanita “Carlos se ha conectado”. De inmediato eché a andar mis planes, abro el recuadro de conversación y leo que su “Nick” decía “Costa Rica, allá voy”. Conociendo a Carlos, no me extrañaba que estaría próximo a viajar. Así que ni corto ni perezoso eché a volar mi imaginación y antes que se pudiera adelantar le escribo “De costa rica te voy a dar ésta” y le adjunto el dibujo del miembro viril y se lo lanzo. Lo que no me había dado cuenta es que mientras escribía, Jazmín me había enviado un mensaje y por esas cosas que tiene internet, se había activado su ventana y en vez de escribirle a Carlos le había escrito a ella.
Cuando quise reaccionar y subsanar mi error era demasiado tarde. No pude detener tremendo Príapo que le había enviado, que aparecía inmenso ocupando toda la ventana y que para colmo de males era animado y le vibraban las venas como una serpiente eléctrica. Intenté resarcirme, limpiar mi imagen. Pedí disculpas pero se había desconectado. Llamé por celular y no respondió.
Desde ese día perdí una amiga por un error fatal.
En el colegio de mi hija me conocen como un esposo y padre modelo. Si bien no soy de asistir y estar metido en todas las reuniones cumplo en la medida de lo posible con mis obligaciones. Janecita mi esposa se ha encargado de difundir mi fama de buen padre y esposo contando nuestras actividades familiares de los fines de semana. La directora en el par de ocasiones que hemos coincidido hemos tenido una conversación amena y hemos discutido temas sobre proyectos sobre el futuro de los niños y el colegio. Cada vez que la directora se encuentra con Janecita le hace saber que soy un caballero y en más de una ocasión me ha puesto de ejemplo en las reuniones de padres de familia “el señor Rodríguez que es un caballero…”
Las cosas ocurrieron un viernes en la mañana. Yo estaba de vacaciones, así que aprovechando esos días empecé a llevar a mi hija Lucía al colegio. Yo soy un maniático de la puntualidad. No existe día en que llegue tarde al trabajo o alguna cita. Si en las tarjetas de fiestas infantiles o matrimonio me ponen “a las 4:00 p.m”, yo me aparezco como dicen las reglas de urbanidad, diez minutos antes. Si no me creen prueba de ellos son mis familiares que en sus reuniones me he aparecido cuando recién están colocando los globos o la decoración de la fiesta. Y todavía me dicen “Ponemos a las 4, porque en el Perú la gente se aparece una hora después”. Pero no, yo soy puntual a prueba de todo.
El hecho es que el día viernes me quedé dormido. Cuando desperté era ya un poco tarde y no podía permitir que mi hija Lucía tuviera una tardanza, más aún que pareciera que ella hubiera heredado esa manía de la puntualidad. La hice cambiarse rapidísimo y tomar el desayuno prácticamente de un solo bocado. Saqué el carro y arranqué de inmediato al límite de la velocidad. Pero cuando se hace tarde aparecen más carros y más gente, así que volteando la avenida, ya a escasos metros del colegio se había atravesado una camioneta guinda impidiéndome el paso. Estaba en el carril izquierdo. Así que empecé a tocarle el claxon insistentemente. Le hacía el juego de luces y nada. Miraba el reloj y ya eran las 07:45, hora de entrada al colegio. Nuevamente el claxon y las luces y sacaba las manos por la ventana haciéndole gestos poco amables. Apenas la camioneta avanzó un metro a la derecha, pude colarme y avanzar. Al pasar a su lado sobre paré un instante y me disponía a lanzarle el clásico “mujer tenías que ser”. Cuando estoy casi a su lado reconozco la cara de la Directora del colegio. Me hice el loco, bajé la cabeza, avancé unos metros. Dejé a Lucía y me desaparecí del colegio. Desde esa fecha no me han vuelto a nombrar como ejemplo en las reuniones de padres de familia.

Thursday, July 07, 2011

Impresionando a una Dama

Tenía unos 21 años y andaba como siempre solo, sin rumbo y sin saber que hacer los fines de semana. Un sábado, posiblemente al verme mi hermana en esas condiciones decidió invitarme al club al cual ella asistía religiosamente todos los fines de semana de cada verano.
No me pareció una buena idea ir con mi hermana y mi cuñado a un club donde la mayoría van con sus familias, con sus parejas a divertirse y pasarla de lo lindo, comer un cebiche y luego unas chelas, mientras tanto yo, iba a estar como un hongo, como un arrimado mirando como los demás se divertían.
Pero bueno, como no tenía nada que hacer acepté ir con el consuelo siquiera de encontrar chicas bellas en bikini y si bien no tendría oportunidad de “meterle letra”, al menos podría apreciar estéticamente la belleza de la mujer peruana.
Acepté ir, llegamos y nos instalamos en unas tarimas cerca de la piscina. Me senté al borde y me dispuse a tomar un poco de sol por un buen rato para luego tomar un chapuzón.
Mientras escuchaba Metallica en mi fenecido walkman, me tocan el hombro “Eduardo” me dicen. Volteé de inmediato y era mi amigo Ismael de la universidad. “que haces acá” me dice. Respondí sarcásticamente “dando mi examen parcial” y los dos reímos. “Que voy hacer pues, he venido a veranear un rato” agregué, haciéndome pasar como un tipo despreocupado que había venido a disfrutar del sol y la piscina. Ismael se ríe y de inmediato me presenta a una fémina que la acompañaba. Al verla, todo lo demás se puso en blanco y vi, una aureola de luz a su alrededor como el de la virgen de Guadalupe. Me quedé abobado de ver a una chica preciosa en bikini y con un pareo a la cintura que cubría las curvas de sus caderas. Era la mujer de mis sueños, mi complemento perfecto, el cóncavo para este corazón convexo. En mis oídos empezó a sonar de inmediato campanas con la melodía de “Historia de amor”. Tartamudeé, se me trabó la lengua, me puse rojo y solo atiné a darle la mano y un beso en la mejilla a la vez. “Elizabeth, mi hermana” dijo Ismael y sentí como un alivio como si una puerta se abriera, como una oportunidad, una lucecilla de esperanza de poder entablar una bonita amistad con fines serios con este no mal parecido tipo, deportista y con costumbres sanas, como dicen los anuncios de los diarios de las personas que buscan pareja.
“Vamos a tomar unas chelas” me dice Ismael. “Estoy allá con mis papás”, “Date un salto”, agregó. Y yo que aún no salía de mi estado de shock no me salía palabra alguna. “Chau” me dijo Elizabeth y agitó la mano con una delicadeza digna de una presentación de un certamen de belleza.
Luego de unos minutos de planificar algunas estrategias para florear a aquella dama le hago señas a lo lejos a Ismael. Este me llama y me acerco como quien no quiere la cosa. Me presenta a su papá y a su mamá y nos sentamos a la mesa a tomar unas chelas. Ismael me hablaba y me contaba de “ene” cosas de la universidad, y que me disculpe si lee estas líneas, mi mente estaba en otro lado, sobre la anatomía de su hermana. Estaba perdido mirando de reojo a Elizabeth como se deslizaba el bloqueador por todo su cuerpo. Su cabellera sujeta con una peineta y los lentes oscuros eran la prueba contundente para eliminar de una vez por todas el programa photoshop de las revistas de modelaje.
Elizabeth se pone de pie y dice “chicos que hacen ahí tomando vamos a darnos un chapuzón”. “No jodas” dice Ismael, “ya ahí vamos” añadió. Y yo, que quería irme corriendo atrás y decirle “Sirenita yo soy tu príncipe Eric”. “Terminamos esta chela y vamos” agregó Ismael. Luego de unos cinco minutos que parecieron una eternidad nos dispusimos a entrar a la piscina. Elizabeth se había acomodado al filo de la piscina con las brazos cruzados “Ya chicos”, nos decía.
“Vamos al trampolín” dice Ismael señalando una torre con una tabla donde un grupo de gente hacía cola para lanzarse.
“A ver vayan” dice Elizabeth. “Desde aquí los voy a calificar quien hace el mejor clavado”.
Ismael prácticamente me da un jalón y corrimos al trampolín. Yo, que nací en Pisco y viví prácticamente a orillas del mar me jacto de ser un buen nadador, de ser un viejo lobo de mar capaz de superar a cualquiera bajo el agua. Reconozco que nunca me había lanzado de un trampolín pero, no sería cosa del otro mundo. Total me había lanzado del muelle de Pisco incluso haciendo una pirueta en el aire. Hicimos la cola y empezamos a subir las escaleras.
Cuando llegamos a la cima, la verdad se veía mucho más alto que desde abajo. Pensé retroceder pero tras de mi seguía subiendo otro grupo de entusiastas muchachos y bellas chicas. Adelante se lanzaban como si nada algunas féminas, de pie y otros tantos de cabeza. Cuando nos acercábamos, Elizabeth desde abajo nos agitaba las manos con una sonrisa preciosa. Desde aquí pensaba que si había que morir por complacer a Elizabeth lo haría sin pensarlo dos veces. Lo haría como un super héroe que se sacrifica para que su bella dama esté feliz y contenta. Por esa sonrisa me lanzaría del Empire State o de la torre Eiffel sin la menor duda. Ismael que iba adelante le tocó su turno, agitó los brazos a Elizabeth para que tome nota de su clavado. Dio un par de brincos sobre la tabla y se lanzó de cabeza. Poco ortodoxo, poco estético y con las piernas abiertas terminó su pobre actuación que me hizo acordar más bien a la bruja del 71 cuando se tiró a la piscina en Acapulco para salvar a Don Ramón. Era mi turno, así que saludé a Elizabeth con las manos, miré abajo y la altura por poco me hace desistir de lanzarme. Pero no podía quedar como un cobarde frente a la que podría ser la madre de mis hijos. Tomé valor, respiré hondo, di un saltito sobre el trampolín Y de inmediato esa tabla me lanzó como un resorte medio metro más arriba, mientras me elevaba pensaba “tranquilo nomás”, me di una vuelta estética y empecé a caer de cabeza de forma vertical hacia la piscina cuidando de mantener de forma recta mis piernas. Pero como estaba tan alto, mientras más iba cayendo no podía controlar mi cuerpo y poco a poco me iba inclinando cada vez más. Cuando llegué a la piscina prácticamente estaba en posición horizontal mirando hacia arriba. Caí como un paquete. Como quien lanza un saco de papas desde un camión interprovincial. Caí y prácticamente hice un hueco en el agua con la forma de mi silueta que poco a poco se fue llenando de agua otra vez. Y ni hablar del golpe en la espalda que me di. Sumergido en el agua no quería aparecer a la superficie de pura vergüenza.
Cuando asomé los ojos, como un cocodrilo escondido en el río, Ismael y Elizabeth se desternillaban de risa. No me quedó más que hacerme el loco y atribuir que todo fue por culpa de las chelas que había ingerido.
Bueno, lo que siguió después fue peor. A la media hora apareció el enamorado de Elizabeth, saludó a sus padres con la mayor familiaridad y la abrazó como quien marca su territorio.Así como llegué, regresé a la tarima de la cual había partido a seguir escuchando “Nothing else matters” de Metallica en mi fenecido “walkman”.

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