Thursday, November 17, 2011

Vestido de Mujer



Cuando se mudó mi amigo “el Mono Contreras” del Barrio, dejó un hueco en mi horario de juegos. Cada tarde después, de terminar las tareas del colegio, solía subirme al techo de mi casa y sentarme a mirar el horizonte, los techos de los vecinos y los pollos y pavos que criaba mi madre en el corral. La parte posterior de la casa del mono contreras, que su padre alquilaba, daba con la parte lateral de la mía. El Mono, a esa hora se aparecía también por su techo. Sólo un pequeño muro de ladrillos de un metro de altura, sin tarrajear, dividía mi casa de la de él. El Mono de un salto se pasaba a mi techo y nos sentábamos cada tarde a conversar del colegio, de fútbol y de mujeres.

Teníamos 14 años y empezábamos a interesarnos con mayor ímpetu en el sexo opuesto. “a que tú nunca has tenido enamorada” me decía el mono, y yo “la verdad no… y no me digas que tú si has tenido?”, el mono callaba y solo decía “sssssss si te contara”. Yo sabía que en el fondo tampoco, a pesar que él siempre terminaba contándome que por la casa de su abuela, donde se mudaría muy pronto, vivían dos mellizas preciosas que se peleaban por él.

Después de un fin de semana que nos ausentamos con la familia volví a subir al techo como cada tarde a contemplar el horizonte ponerse rojizo-anaranjado, pero el Mono Contreras no apareció. Husmeé cerca de su azotea y ya no estaban su bicicleta, ni su pelota que solía dejar allí. Al día siguiente tampoco se apareció y luego me enteré que ya se habían mudado. Me dio una tristeza saber que mi único confidente con quien podía conversar de mujeres sin ningún tapujo, se había marchado.

Así pasaron varios días, yo sobre el techo mirando la gente a lo lejos limpiar sus antenas aéreas del televisor o los pollos revolotear en el corral de mamá. Todo transcurría igual, hasta una tarde que al subir nuevamente, me topé con el canturreo de una niña que tendía ropa en la ex casa del mono contreras. Tenía un short diminuto y un gorrito con visera. Su coleta salía por la parte posterior de la gorra. Nuestras miradas se cruzaron, ella me sonrió y movió ligeramente la cabeza a manera de saludo. Yo que llevaba también siempre mi gorrita le hice un gesto cogiendo mi visera y me sentí realmente estúpido porque asumí que había hecho el saludo de un viejo, de un anciano. Por el rabillo del ojo la miraba empinándose de puntillas para alcanzar los cordeles que cruzaban la azotea, con una gracia inigualable, como una bailarina de ballet.

De inmediato, decidí investigarla, por unos días caminé por el frontis de su casa, pregunté disimuladamente con algunos amigos y me ofrecí hacer las compras en la tienda sólo para pasar por su casa una y otra vez. A los 3 días ya sabía que se llamaba Isabel, se había mudado hace pocos días a la ex casa del mono contreras y estudiaba en el colegio nacional de mujeres.

Todas las tardes volvía a mi techo, me trepaba por una de las cañas que sobresalía y me sentaba a esperar que ella apareciera. Cerca de las 6 de la tarde, ella se asomaba nuevamente a recoger la ropa tendida, pantalones, polos y buzos pequeños, definitivamente de su hermano menor que asistía a la primaria.

Así pasamos unas buenas semanas, sin hablarnos, yo sólo la contemplaba y ella solía regalarme unas miradas de vez en cuando, en silencio, sin decirnos nada. Sólo sonriendo cada vez que nuestras miradas se encontraban. Hasta que una tarde Isabel se acercó al muro de ladrillos que separa su casa de la mía y me dijo “hola!, tendrás un libro de Historia del Perú que me prestes?”. Esas fueron las palabras que rompieron ese hielo construido por mi timidez extrema. De inmediato me acerqué a ella, era casi de mi tamaño, un poquito más baja nomás. Siempre con su gorrita para cubrirse del sol y su sonrisa de niña coqueta. Le dije que si, que me espere unos minutos. Bajé de mi techo, busqué entre mis libros, el de Historia del Perú, regresé al techo, trepándome por la caña y se lo presté.

Al día siguiente, otra vez nos encontramos en el mismo lugar. Me devolvió el libro tal y como se lo presté y desde allí, como un ritual, como una obligación placentera nos encontrábamos cada tarde a conversar. Nuestros encuentros eran fuera de lo común. No nos encontrábamos en el barrio, en la calle, en un parque o en un patio, nos encontrábamos en nuestros techos sólo para hablar de nosotros. Y no solo le presté mis libros de historia y matemáticas, sino unos cassettes, unas Revistas de grupos de rock y le regalé los dibujos que solía hacer a lapicero negro. Ella me prestó un cassette de “Jeannette” que si bien nunca le había prestado atención, desde esa fecha adoré a esa cantante y hasta hoy cuando la escucho en alguna radio limeña me viene a la memoria el nombre de Isabel.

Así pasábamos las tardes conversando del colegio y de su vida pasada. Ella me contaba que había vivido en Pisco Playa, en San Andrés y en San Clemente. Su vida había sido un trotar como gitanos por distintas partes de Pisco. Así pasaron los días y los meses hasta que llegó diciembre, el mes de la navidad.

Con los pocos soles que había juntado de mis propinas había decidido comprarle un regalo. Con un amigo del colegio, saliendo de clases nos habíamos ido a una tienda. Apenas teníamos 14 años y una vergüenza enorme de comprar un regalo para una chica. No sé por qué nos hacíamos tremendos enredos por cosas insignificantes. Con lo poco que había juntado logré comprarle una cajita musical, pequeña, a cuerda que cuando se abría aparecía una bailarina de puntillas dando vueltas y sonaba “Para Elisa” de Beethoven. Era precisa para ella, así como Isabelita se ponía de puntillas para alcanzar los tendederos de su casa.

Guardé celosamente el regalo en mi cuarto, hasta el 24 de diciembre. Subí al techo como siempre pero Isabel no apareció. Toda la tarde la esperé en vano. Mi madre me llamaba para que me bañe y me cambie antes que anochezca y yo seguía sobre el techo, recostado ya sobre el muro que separaba mi casa de la de ella, esperando que aparezca con su short diminuto y su gorrita con visera.

Con mi regalo en la mano, salté el muro y me dirigí hacia la puerta que llevaba al primer piso “Isabel” llamé bajito, mientras caminaba despacio. La reja que comunicaba al primer piso estaba entreabierta, Asomé mi cabeza “Isabel” llamé nuevamente, “Señora” empecé a decir esta vez y solo un eco tímido me respondió. Por un acto de valentía o estupidez empecé a descender las escaleras. Se me había ocurrido en ese momento dejarle el regalo en su habitación. Total! Yo, por el “mono contreras”, me conocía esa casa al revés y al derecho. El regalo tenía una tarjeta de esas pre-impresas, recontra “pacharaca” a la que había escrito: “Para: Isabelita”, “De: Eduardo” y más abajo “No es un libro de Historia del Perú”. Bajé con la firme convicción de entrar rapidísimo, dejarle el regalo sobre su cómoda y regresar de inmediato a casa. Ya me imaginaba la cara de Isabelita, sus ojos grandes y vivaces, sorprendiéndose de encontrar el regalo en su habitación y preguntándose como hice yo para dejarlo allí.

Llegué a la habitación de Isabel, que era la misma que había ocupado el mono contreras, no me había equivocado, mis dotes de Sherlock Holmes los tenía en los genes. Entré despacio como un ladronzuelo y en vez de dejar el paquete y salir corriendo me quedé mirando los “pinta uñas”, cremas, espejitos, peines, joyeros y cientos de chucherías que tenía sobre una cómoda. Dejé el regalo, haciendo un espacio y cuando me disponía a salir, suena la puerta de su casa abrirse. El ruido de esa puerta de fierro con vidrios era inconfundible. Recién allí entendí la magnitud de lo que estaba haciendo. Me escondí entre su cómoda y un ropero que tenía, de cuclillas y me cubrí con unos cojines viejos que había al lado. Temblaba como un teléfono en vibrador y empecé a sudar frío.

Unos pasos se acercaron a la habitación, directo entraron hasta donde estaba yo de cuclillas tapado con algunos cojines, era su hermanito menor. Entró como si fuera un sabueso siguiendo una pista y se paró frente a mi mirándome en silencio y yo que lo miraba por un espacio pequeñísimo entre dos cojines. Miró mis zapatillas que aparecían abajo. Luego giró el rostro a uno de los lados. Sentí temor que me acuse, que dijera algo, saqué mi cara entre los cojines y le dije “shhhhh”. Busqué entre mis bolsillos, saqué un sol y se lo dí para comprar su silencio. El niño recibió el sol y se retiró. Si bien había aceptado esa mísera moneda, no significaba necesariamente que me había salvado de su acusación, así que debía tramar una huida urgente. A los pocos minutos se aparece Isabelita, traída por su hermano. Se asustó de verme metido allí, encogido entre los cojines “que haces allí” me dijo sorprendida pero bajito, apretando los dientes. Le señalé con mi mano temblorosa el regalo. Después de advertirle a su hermano que no dijera nada, me susurró “tienes que salir de acá porque si mi papá te ve te va a matar”. Lejos de aliviarme sus palabras lo único que hacía era acrecentar más mi miedo. Pero sus padres estaban sentados sobre los muebles revisando algunas compras y desde donde se divisaba fácilmente el pasillo que llevaba a la escalera. Como cubrirme?, no lo sabía. “Ponte esto” me dijo Isabel y me alcanzó un vestido corto similar al que tenía puesto y de un lado del ropero sacó su gorrito y me dijo “y esto también” y sales corriendo, mis papás van a pensar que soy yo. Me puse encima el vestido, que llegaba hasta el largo de mi short y la gorrita.

Salí disparado y crucé el pasillo. Su padre levantó la mirada y quizás el disfraz improvisado, el contraluz del pasillo o mi espalda esmirriada, delgaducha habrían terminado por confundirlo. Trepé a trancos la escalera, de dos en dos, llegué a su azotea. De un salto pasé el muro de ladrillos y me descolgué por la caña que sobresalía. Cuando caigo al piso, se enciende la luz del corral y entraron mi papá, mis tíos, mis primos y primas que habían llegado de Lima a pasar navidad con la abuela.

Y yo con el vestido puesto y la gorra rosada sólo atiné a sonreír forzadamente y a decir “bienvenidos”. Y mi padre, sorprendido, pasmado, desconcertado, al verme en esas fachas, casi farfullando sólo gritó “Que mierda haces vestido así?”.

29 comments:

  1. No hay segunda parte??? di que siiiiii ajajja esta lindo el relato envuelve toda la inocencia de esa etapa.

    Un abrazo :)

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  2. Ay no Eduardo, o realmente te gusta meterte en problemas o tienes un imaginación de la ptmare para mandarte con esas historias tan buenas...

    Me arrancaste una sonrisa, hoy que el día me ha dado jodido y el horizonte ya empezó a ponerse rojizo-anaranjado.

    =)

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  3. No me imagino la cara de tu viejo, jajaja, pero que piña que eres para que justo te ampayen todo rosca y TODA la familia.

    Cuál fue tu salida?

    Saludos Edu, este post está excelente!

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  4. A ti sí que te pasa de todo ah! Pero es mejor hacer las cosas que no hacerlas creo yo.

    Saludos! :)

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  5. Este post estuvo muy gracioso. Tienes ese poder para atrapar al que te lee desde la primera linea.
    Bien ah! me reí mucho ;D

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  6. Hola Eduardo. Que mate de la risa, te ampayaron y para evitar una masacre, tuviste que hacer tus pininos como travesti, ja ja ja. Ya me imagino la cara de tu viejo, impagable seguro. Donde quedó el macho que se respeta? Ja Ja Ja.

    Falta saber qué pasó con a flaca.

    Un gran abrazo.

    LUCHO

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  7. jajaja que buena historia... y que paso con Isabelita???? <3?

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  8. ayyyy esos amores de juventud, la de quebraderos de cabeza que nos produjeron, y lo tiernas que se nos vuelven las sonrisas cuando los recordamos!
    una historia preciosa y muy bien escrita
    mi total enhorabuena
    saludos!
    Raúl

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  9. Me MUERO!!! Cuando no Eduardo!!! jajajaja es que siempre te pasa de todo! jajajaja pobre y encima todo tiernito comprándole un regalito a la niña!!! Qué lindooooooooo!!! jajaja

    No sabes cómo puedo construir la historia en mi cabeza, y tu papá!!! su frase lo fue TODO!!! jajajaja En seiro Bren tiene razón!!! Tiene que haber segunda parteee! no sabes como pueden envolver tus historias!!!

    Un besoteeeee!!!
    Buen fin y por favor alejado de problemas! jejeje

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  10. XD...Nunca dejaré de asombrarme de todas las avenruras que has tenido..Y que sean tan hilarantes y simpatiquísimas.
    Los 14 años fueron también mi edad de los roches y las paltas...cuanto menos las quería más me buscaban :).
    Me imagino la cara de tu papá .. seguro por un momento creyó perder a su pequeño futbolista por otras causas ;).
    Genial relato de lo que sólo puede pasarte a tí ;)
    Un abrazote y buen fin de semana!

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  11. muy buen relato!

    muchos leemos

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  12. Jaaaaaaaa!!!!!! Pero muchacho, cómo se te ocurrió meterte a esa casa! Ya me imagino la cara de tu papá, jajaja...

    Pero que lindoooo tu detalle del cofrecito, oye, pero al final le gustó el regalo al menos? Se hicieron enamorados? Qué fue de Isabelita????

    Me encantó la historia, no te imagino a ti, un macho que se respeta, vestido de mujer... xD

    Besitos!

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  13. Como que no tienes nada que hacer para leerte post antiguos no? jajaja... antiguos como TU comprenderás =)

    PD. El mirc es del año de la pera, pero aunque no creas aun funciona.

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  14. Muy bontio blog, te sigo, pasate por el mio.
    Un besote:)

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  15. ajajajajaja...Dios mio, ajajajaja, ains que me da. Si es que de pequeño eras muy tierno, dan ganas de achucharte, ajajaja.

    Besos desde la roca que me cobija.

    Mar (... la vendedora de humo)

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  16. jajaja ya sueltame ah!... que mi partner es celoso y se puede cortar las venas con galleta animalito si te ve comentando en cada post wajajaja

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  17. Me echaste de menos...en seriooooo????, ajajaja.

    Estoy liadisima en el trabajo, preparando la recgida de un premio que voy a recibir en breve y buuuf, no saco tiempo, lo justito para respirar, ajajaja.

    Achucharte te iba a gustar tanto en la versión peruana como en la española, ajajaja.

    Besos ...

    Mar

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  18. Qué gracia la de Isabel por salvarte, y un final de película de comedia. Eduardo, definitivamente tu vida da para una tragicomedia, porque de tragedias y comedias, tú las tienes a granel.

    Tu estilo es único, definitivamente tienes algo especial. Y como lo pide toda la gentita: Otro! Otro! Otro! Otro! (*ovaciones del público*)

    Pdta: Bonito detalle de la muñequita bailando ballet, como “ella se paraba de puntillas para tender la ropa”.

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  19. ejjeej pero tu es que no paras eh. bonita historia de amor infantil nos has contado hoy amigo. Pero di, ¿te dieron de cenar tus padres cuando te vieron asi vestido? ajaajja
    menudo marronazo.
    un abrazo amigo

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  20. jajaja.... Y... luego no te presto vestidos de otros colores? o el rosa fue el q mejor te quedo? jajaja... que reir con tu historiaa.. Saludos! desde este rinconcito del mundo!...♥

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  21. Orthos: jajaja esa cosas que uno hace por amor... o cuando empieza a aprender a cortejar. Ahora lo pienso más.

    Mariela: la verdad ya no me prestó vestidos,... solo su maquillaje wajajajaja.

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  22. Oye ya pues! Voy a crear un premio, para obligarte a escribir!!! xD

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  23. Quizás qué cosa se imaginó tu papá y tu familia al verte asi.. jajaa...

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  24. Me estas jodiendo? Es en serio el relato? no puedo creerloo como vestirte asi solo me parece de película, o si no la tuya lo es jajajjajaj como no se dio cuenta su viejoooooooo

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  25. ¡Carajo que buenas historias!

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  26. Muy bueno tu blog Marcelo!!! Gracias por compartir esas historias tan divertidas!! Saludotes!!
    Gisella (de cerebritoexprimido)

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  27. Anonymous11:28 AM

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