Thursday, September 01, 2011

Por el Amor de una Mujer II



En 1997 trabajé en Huancavelica para un proyecto del Estado. Durante mi corta estancia conocí a Janecita, mi esposa. Ella era profesora y trabajaba allí por algunos parajes inhóspitos de nuestra serranía peruana. Yo diría que fue algo de golpe. De primera vista. Bueno por mi parte, porque ella luego me confesó que en un primer momento no tuvo ningún interés en mi. Pero por esas cosas que nos depara el destino terminamos siendo enamorados y posteriormente marido y mujer.
Esto me recuerda cuando culminó mi contrato de trabajo y tuve que regresar a Lima a buscar otras maneras de sustentar mi existencia. Como había logrado ahorrar algo de dinero, solía visitar a Janecita algunos fines de semana quien se había quedado allá por razones estrictamente laborales.
Y miren lo que uno hace por amor. Salía a las 5:00 p.m. de Lima. En el “Oropesa” o en el “Expreso Huancavelica” que eran unos buses-camión, arriesgando mi vida, y viajaba por 14 horas para llegar a Huancavelica. 14 horas interminables que ya no sabía como sentarme, de ladito, derecho, me paraba, me volvía sentar. Así pasaba toda la noche hasta amanecer allá. Llegaba a las 7:00 a.m. aproximadamente.
Salíamos lindos de Lima, todos sentaditos “nice” y llegábamos entre borregos, atados de hierbas y costales de papa.
En otras tantas ocasiones me agarraba un huayco por el camino y no quedaba más remedio que esperar por unas 6 horas a que limpien un poco la carretera y luego puedan avanzar los vehículos.
Pero valía el sacrificio. Valía la pena pasar todos esos avatares para ver a Janecita quien me esperaba feliz para salir a pasear por las callecitas de Huancavelica. Que importaba que en media hora ya se recorría toda la ciudad. Lo importante era estar con ella.


Recuerdo aquel viaje que hice en semana santa. Llegué a Huancavelica y luego del viaje extenuante literalmente “me arrugué”, “me chupé” a darme un baño relajante. Hacía un frío terrible. Así que un baño de gato nomás y salí a buscarla. Tempranísimo me aparecí por la casa de su tía quien me saludó delicadamente y empezamos a conversar sobre el viaje y otras tantas banalidades mientras esperaba que Janecita salga a verme. Porque así era Janecita, se hacía esperar. Picábamos algunas tunas, con su tía y uno que otro pan con queso mientras hablábamos de las costumbres de semana santa en Huancavelica.


En ese lapso, su tía, luego de entrar a la cocina, se aparece con una taza de leche. Bueno, una taza es un decir, era un tazón, ya bordeando el límite para ser lavatorio, llenecito de leche.
Sírvase joven- me dijo – es leche purita de vaca.
Yo, la verdad, con su tía no tenía mucha confianza. Siempre la traté con todo el respeto del mundo y la verdad me sentía muy agradecido por la confianza y por la atención.


Así que me quedé corto para decirle que yo había dejado de tomar leche hacía ya mucho tiempo. Reconozco que de niño tomé bastante leche, más de tres vasos al día, por eso alcancé una talla considerable. Pero ya a esa edad había abandonado totalmente el consumo de ese líquido y blanco elemento, por no decir que literalmente lo había cambiado por el consumo de otro líquido, pero este último dorado y de cebada.
Años que no tomaba leche. Si de lácteos se trataba, prefería un queso fresco, un queso edam y hasta un yogurt, pero leche no.


Así que viéndome comprometido no tuve más remedio que aceptar tener que tomarme esa tina de leche de vaca, pura purita de alguna res que había crecido de la manera más natural por algún pastizal sano libre de insecticidas. Era en conclusión una leche orgánica.


Y su tía que se sentó frente a mi mientras me seguía conversando sobre las costumbres de Huancavelica. Y yo hacía larga tomarme esos dos litros que habrían ahí por lo menos. Rogaba que se aparezca Janecita y explicarle que yo ya no tomaba leche. Total ella si tendría que entenderme.
Mientras la hacía larga veía el reflejo de mi cara moverse al compás de la leche. Tomaba de sorbo en sorbo, poquito a poquito. No quería empujar todo de golpe porque me corría el riesgo de que su tía en un acto de benevolencia total asuma que me gustó mucho y me vuelva a llenar la batea que me había dado por taza.
Mientras me conversaba miraba a todos lados buscando la forma de deshacerme de esos dos litros de leche que me habían servido y que en ese instante ya formaban una nata amarillenta como una malagua sobre el líquido. Mentalmente había planificado que al menor descuido, en un momento que vaya a la cocina yo tomaba acción con esa leche. Pero no veía ni un caño, un desagüe cerca. Ni un gatito, ni un perro que me ayude con algunos buenos sorbos.
Así que de poquito en poquito. De conversación en conversación. De sorbo en sorbo y esperando y esperando que aparezca Janecita terminé por acabarme esos dos litros de leche purita de vaca. Fácil, si hubiera tenido 16 años, con esos dos litros hubiera crecido unos 20 centímetros más.
Te sirvo más?- me preguntó
No gracias, señora, no se preocupe- respondí sonriendo.
Esta vez su tía empezó a hablarme de las bondades de la leche de vaca y que no tenía punto de comparación con la leche de tarro. Y yo escuchándole y dándole la razón. Verdad o no, ya no era el interés de la conversación. Yo sólo daba la razón y esgrimía algunos comentarios científicos a fin que su tía termine por aceptarme.
En estas circunstancias uno tiene que ganarse a la familia, caer bien. Tener a la familia en contra puede jugar un papel negativo si estás interesado en alguna fémina.
Pero bueno, después de unos 10 minutos de haberme terminado esa piscina blanca de leche, empezó a hacer estragos en mi pobre anatomía citadina, acostumbrada a comer chatarra y enlatados. Mi cuerpecito no estaba preparado para recibir tanta naturaleza pura. Mis tripas empezaron a crujir. Podía sentir claramente que se formaban burbujas en mi interior y que avanzaban a una gran velocidad por sabe Dios que intestino.
Mientras tanto, esta vez, su tía se había encarnado en Jeannette Emmanuel de Santa Natura y me empezó a hablar de las bondades de la sábila y yo conteniendo los estragos de la leche purita de vaca. Poco a poco sentí inflarme como un globo. Mis tripas sonaban como un carro viejo y yo moviéndome de un lado a otro tratando de encontrar la mejor posición para evitar explotar. En un segundo de descuido su tía sacó un jarra y me empujó un vasito de sábila gelatinosa que me hizo tragar de un sorbo.
Llegué a un punto incontrolable, ya no aguantaba más algo que no sabía qué, quería salir de mi cuerpo, iba y venía a través del colon, el ileón, el transversal, no se a través de qué, pero iba y venía y yo conteniendo.
Y su tía que seguía hablando y otra vez venía ese alien que quería salir de mi cuerpo y mientras yo estaba tratando de contener, apareció Janecita por detrás y aprovechando que no la había visto se le ocurre hacerme cosquillas y… Zuácate!
Lo demás no tengo que explicarlo.

Salí casi disparado, con un permiso previo y me dirigí de frente al hotel. Lo peor de todo es que por el frío intenso yo solía andar con mi buzito de tela, mi calentador de rayas, debajo del jean.
Yo que no quería bañarme por el frío, terminé metido en una ducha tratando de limpiar, las consecuencias de mezclar la leche, el pan con queso, la tuna y la sábila.
Bueno, en esta oportunidad, una vez más la cagué!!!.


Y ustedes que han tenido que soportar por amor?.

6 comments:

  1. Jajajajjaj no! por Dios, esto es DEMASIADO! Qué buen post Eduardo!

    Muy pocos blogs me arrancan tantas sonrisas en un mismo post...definitivamente eso es AMOR.

    La verdad que lo mío no tiene nada de gracioso, pero algo loco que recuerdo haber hecho es prácticamente haberme declarado a alguien que no conocía, y a través de un correo! y lo peor, enamorarme de él a los 12, reencontrarlo por la magia del internet a los 19 y tratar de conocerlo a los 20 y....ser choteada. Jum!

    Amor, amor, amor.

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  2. Mi estimado Eduardo, que buena!!, ja ja ja. No sabes los esfuerzos que he tenido que hacer para no hacerme la pila de la risa. Se te salió la avalancha, ja ja ja.

    En tu anterior post, te comenté que me había leido la Guía Telefónica para dar con el fono de una chibola que vivía por mi casa hace más de 25 años. Y encima, el número era privado. Otra cosa por amor? A ver, en el 91 me gustaba mucho una chica y estuvimos juntos casi 2 meses y después, todo se fue al hoy. Pero quedamos como amigos, aunque para mí, lo hacía con la esperanza de regresar algún día, lo cual nunca sucedió. Y en noviembre del 91, ella que hacía sus prácticas de educación inicial en un cerro, le pidieron ser madrina de una bebe. Y como no había padrino, me dijo si quería ser padrino. En otras circunstancias, hubiera dicho, las huiflas. Pero, como mi propósito de regresar seguía intacto, me inmolé y dije que sí. El día del bautizo, después terminamos en una celebración en el cerro y me veías a mí, bailando huayno con todas las jacintas. Al final, de nada me sirvió.

    Un abrazo.

    LUCHO

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  3. Dios mioooooooooooooo!!! JAJAJAJAJA
    o sea, primero creí que sería un "preso" pero luego me di cuenta que de verdad te cagaste en la nota. LITERALMENTE.

    Es demasiado relajante leerte Eduardo. En serio qué mejor manera de acabar mi día. Con una sonrisa sincera y con ganas de leer más.

    Un beso grande!

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  4. Ufff no quiero ni imaginar el huayco que le hubieras dejado si entrabas a su baño, alucina y sin papel...

    Pero fuera de bromas, que abusiva esa tía para mezclar la leche, el pan con queso, tuna y sábila...aunque peor tú para acetarlo jaja

    Buen post, saludos Edu.

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  5. Déjame decirte que llevo leyéndote 3 noches, no he comentado, porque las carcajadas no me lo permitían. Hasta hace poquitos días decía, no puedo con más de un blog, para mi es todo un proceso el leer, asimilar, disfrutar y opinar. Pero por curiosidad al leer el nombre de tu blog en uno de los últimos posts de Marité, decidí entrar, desde entonces no he parado de reír como loca esquizofrénica. Hace muuuuucho, pero mucho, no tenía esos ataques de risa, que gracias a ti, he tenido estos 3 últimos días. GRACIAS. Por favor, por favor, por favor, sigue escribiendo POR FAVOR!!! Esto de los blogs se empieza a convertir en una adicción... Me encanta como escribes, la forma de contar las cosas, hasta una frase que odiooooo, pero envuelta en tus relatos me hace morir de risa, no sabes lo que me puedo haber divertido en tu blog y eso hay que agradecerlo.

    Un gusto conocerte!!! Besos!!!

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  6. Hola Mina treintañera, gracias por tus palabras. Bienvenida al blog, comenta. Eres libre de decir lo que quieras, crítica, dame con palo, lo que quieras. Gracias por tu visita.

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