Wednesday, September 28, 2011

La Muerte de la Abuela



Mi abuela se fue en octubre de 2006. Había vivido casi 91 años. Siempre estuvo sana, sin embargo tuvo una caída, la llevaron a la clínica y le detectaron cáncer. Pasó una semana y falleció. Así de rápido. Yo sólo pienso que no murió de cáncer. Murió porque ya había vivido lo suficiente y había hecho tanto por nosotros y por esta vida que se cansó y decidió partir, directo y sin escalas allá arriba, sin duda. El cáncer sólo fue un pretexto para irse.


A veces hay héroes anónimos en esta vida que merecieran estar en algún libro. Mi abuela tuvo siete hijos. Se quedó viuda muy joven con 5 hijos y por si fuera poco crió 3 sobrinos, hijos de un hermano fallecido y 3 ahijados. Luego tuvo 2 hijos más. A veces me pregunto como hizo? Viuda, 5 hijos, 3 sobrinos y 3 ahijados. Cómo hizo para criar a todos, educarlos y darles de comer?. Mi abuela solo cosía, no tenía ni siquiera luz eléctrica y se amanecía trabajando. Me rompo la cabeza pensando y creo que yo ni siquiera tendría los pantalones suficientes para aceptar criar un solo hijo ajeno.


Tuve la suerte de vivir con ella. De vivir en su casa. Desde que nací hasta los 16 años en que me mandaron derechito a Lima a seguir estudiando. Fue como una madre más para todos los nietos. Aún recuerdo sus cumpleaños que eran motivo para reunir a toda la familia, todos sus nietos y bailar con ella, obligatoriamente, al ritmo de vals de algún long play ejecutado por la vieja radiola “Emerson” que hasta hoy se aferra a vivir en la sala de su casa.


Aún recuerdo cuando con mi hermano solíamos comernos la fruta que ella guardaba para mi abuelo. Mi abuela por supuesto que se daba cuenta que le faltaban algunas manzanas pero nunca nos decía nada y mi hermano y yo creíamos que habíamos cometido el robo perfecto. Recuerdo como si fuera ayer cuando nos comimos con mi hermano una fuente enorme de gelatina que mi abuela había preparado para todos, pero nosotros cual Shaggy y Sccoby devoramos todo y para colmo regresamos la fuente a la refrigeradora. Cuando mi abuela fue a servir a toda la familia no encontró siquiera un trocito. Raspó algunas líneas rojas pegadas a la fuente y alcanzó apenas para un vasito para mi abuelo. Se molestó, pero a los pocos días nuevamente estaba preparando su gelatina o comprando sus frutas e invitándonos sin ningún rencor.


Algunas tardes me gustaba sentarme a conversar con ella y revisar los álbumes de fotos antiquísimas, muchas en blanco y negro y escuchar contarme la historia de la familia, de cada extraño que aparecía en las fotos.


Recuerdo todas esas cosas mientras me levanto en la mañana. No se porqué pero la noticia pareciera como si no me hubiera afectado. Alisto mi ropa y me dirijo al trabajo para pedir permiso para el día siguiente. Saliendo partiré a Pisco para su velorio y el día de mañana su entierro. Necesito el permiso para estar con mi abuela. Casi todo el día me la he pasado tratando de resolver los pendientes que tengo. No quiero dejar nada incompleto para mañana ni que me estén llamando del trabajo. Y me sorprendo porque estoy tranquilo, leyendo los correos de casi todos mis primos coordinando como vamos a viajar. Los que tienen carro y los que no tienen. Casi todos van a partir temprano. Yo respondo que no puedo. Tengo que terminar el trabajo y recién partiré saliendo. No quiero pedir permiso dos días. Aunque me duele un poco saber que mi abuela cuando yo era un niño hubiera dejado cualquier cosa por estar conmigo, por atenderme.

Así que no me queda otra me iré solo en el Soyuz. Termino lo que tengo pendiente, converso con mi jefe inmediato, que también es mi amigo y me ve tan tranquilo y sereno que me dice “ya pues dime la verdad, donde te vas… seguro a trampear y me estás floreando”. Sólo sonrío y le digo que es verdad que al otro día no podré estar en el trabajo.


Salgo raudo y me subo al primer ómnibus que encuentro. Estaba cansado. De inmediato recuerdo que estuvo viviendo en Lima tantos años y yo pocas veces las fui a ver. Siempre hubo pretextos. Estaba muy lejos. Al centro de Lima se me hacía pesado ir. Mucho tráfico. Enciendo mi MP3 y mi mente se cansó de buscar alguna justificación y me quedo dormido.


Prácticamente casi todo el viaje estuve durmiendo. Cuando llego al velorio ya estaban todos mis primos y pienso lo irónica que es la vida. Si antes el cumpleaños de la abuela era un excelente motivo para encontrarnos todos, hoy era su muerte.


Saludo a todos, entro y me acerco al féretro y sólo puedo verla por unos segundos. No era su rostro. Y me sorprendo verme tan fuerte. Mi padre me llama y me presenta tías, tías abuelas, ahijadas de mi abuela que no conozco. Todas que me ven dicen que me parezco increíblemente a mi abuelo. El padre de mi padre y que muriera sin conocerlo. Todas dicen que me parezco y me saludan. Aunque ya se que la próxima vez que las encuentre no me reconocerán, hasta que le cuenten otra vez la misma historia.


Voy donde mis primos que están afuera con una botella de Pisco y conversamos de todo. De nuestra niñez. Nos acordamos de todo lo que pasamos con la abuela. La recordamos alegre, como ella, estoy seguro, quiere que la recuerden. De sus cumpleaños y de los bailes obligatorios a su lado. Y nos acordamos cuando nos comíamos su fruta, su gelatina o cuando la hacíamos llenar todo el crucigrama con cualquier palabra que se nos ocurriera. Nos acordamos cuando mi abuela venía a Lima y compraba colonias por docenas para regalarnos a cada uno de nosotros conforme vayan llegando los cumpleaños. Así, cuando veíamos el regalo del primer cumpleañero, en enero, ya sabíamos que íbamos a recibir cuando llegue el nuestro. La recordamos alegre y nos reímos tanto que alguien tiene que salir y pedir que nos callemos.

Sin pensar, el cielo había empezado a clarear. Cada quien fue a descansar un rato y a las 10:00 nos volvimos a encontrar. La llevamos en esa carroza grisácea hasta el cementerio de Pisco. No hubo mucha gente. Sólo los más cercanos. Un pequeño discurso de un cura a la entrada del cementerio y luego la llevamos hasta ese agujero en la tierra, previamente preparado. Bajaron el ataúd y recién me cayeron lágrimas que no pude contener. Me cayeron tantas que un señor a quien no conozco me dio una palmada en la espalda y me dijo “hay que ser fuerte”. Yo que me había sorprendido todo este tiempo desde que recibí la noticia, ya no pude más y lloré. Lloré a borbotones. Quizás recién comprendí todo lo que había perdido.

10 comments:

  1. Qué lindos recuerdos, los abuelitos dicen, nos pueden querer más que nuestros padres, será? Eso dice mi mami ahora que es abuela. Habrá que esperar a serlo, para saber lo que se siente. Que admirable tu abuela, cuántos hijos!!! De sangre y putativos, yo con mis 2 "angelitas" a penas puedo con mi vida, jajaja. Esas mujeres de antes, si que eran fuertes no? Un montón de hijos, además de atender la casa sin los electrodomésticos de ahora, que nos facilitan la vida. Recuerdo a mi abuela, qué batidora! Si quieres un rico queque, con tu batidor de alambre a pulso, yo así no subo ni una clarita de huevo, me desmayo, y ya se decía entonces que la mujer "no trabaja", se queda en casa a cuidar a sus hijos, o sea! Facilito no más! Me saco el sombrero ante tu abuelita, me acordaré de ella cuando me entre la flojerita.

    Besos!!!

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  2. Paty: Gracias, eso fue ya hace unos años. Tenía el escrito allí. Además recuerdo a mi abuela con mucho cariño y alegría. Sé que está arriba esperándome que llegue una vez más.

    Mina: Gracias por entrar nuevamente, eres re-bienvenida. Y como dices antes no había ni electrodomésticos ni nada. Mi abuela cosía sin luz eléctrica o sea a vela nomás. Mi abuelo que falleció era sastre pero era medio bohemio, según me cuentan. Murió joven. Así que ahora nosotros no nos podemos quejar, tenemos lavadora, secadora, microondas, batidora, plancha eléctrica (antes se calentaban con carbón), agua caliente, fría, autos, televisores planos, etc. etc.
    Cuida a tus nenas y si puedes y estoy seguro lo estás haciendo muy bien. Un abrazote.

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  3. Hola Eduardo. Muy simpático tu post.

    Realmente los abuelos y abuelas dejan huella en uno si has tenido la oportunidad de gozarlos. En tu caso, como ya han señalado quienes me han antecedido, tu abuela era admirable por todo mucho que hizo y con tan poco. Y los resultados saltan a la vista. Eran otras épocas en que la familia era algo "sagrado" y las reuniones familiares eran más frecuentes, algo que se ha perdido hoy con la fucking vida agitada que se lleva. En mi caso, no llegué a conocer a mis dos abuelos, pero sí a mis dos abuelas. La abuela materna la disfruté poco porque en sus últimos años vivía en Chiclayo. Y mi abuela paterna vivió 101 años y tenía un genio jodido pero conmigo siempre fue muy considerada.

    Un gran abrazo.

    LUCHO

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  4. Cuando alguien que nos amó con tanta fuerza se vá..no puede sino dejarnos huérfanos.
    Te entiendo totalmente, acompañé la muerte de mi abuelo muy de cerca...vi su agonía, cerré sus ojos, lo vestí y lo acompañé hasta lo último con un nudo en la garganta y mucha pena..lo que me quebró fue recordar cuando me recogía del colegio y pese a no tener dinero me regalaba "boletos de omnibus"..diferentes que recolectaba toda la semana..no sabes cuando valían para mí.
    Ha pasado más de un año y lo extraño como el primer día..pero los recuerdos alegres le van ganando a los tristes, él así lo hubiera querido.
    Un abrazote gigante y gracias por compartir un pedacito de tu alma ;).

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  5. Creo que con quien estás hablando mucho es conmigo :( pero no es la idea que te pongas triste eh! Cuántas veces tú mismo me has dicho que no se han ido, que siguen aquí con nosotros, solo que mirándonos desde otro lugar, donde todo lo pueden y todo lo logran.

    Me encantó conocer a la abuela, en serio es una de esas heroinas que no se hacen públicas hasta que alguien como tú lo hace. Hasta que lo inmortaliza en un textito escrito de corazón.

    Seguro están allá arriba conversando de nosotros y de lo bien que escribimos sobre ellos ;)

    Te mando un beso enorme!

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  6. Pucha hermano, si me conocieras, dirías(como la mayoría) que soy un hombre grande de cara de renegón y con porte de malo pero al leer post como este o los de Marité, no solo se me hace un nudo en la garganta sino también en el corazón, es una locura, a mi jamás me lagrimeaban los ojos, ni siquiera en la muerte de mi adorado viejo.

    No se si tenga que ver con algún tipo de sensibilidad desarrollada al comenzar de pareja con mi chica, o no sé pero todo me pone huevón.

    En fin, las últimas lineas se me hicieron bastante profundas, aunque debo admitir que me reí con lo de saber cuál sería el regalo de todos después de abrir el primero.

    Un fuerte abrazo, y borra este comentario medio gaytorade que te dejé jeje.

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  7. Anonymous4:19 PM

    EDUARDO, CIA, Compañía de Informadores Anónimos. jajajaja

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  8. Sabemos que nuestra abuela es única, siempre la recordaremos y la tendremos presente no solo en las reuniones que nos hacían juntar sino todos los días,cada paso que demos, cada decisión que tomemos, ahí estará ella guiándonos hacia el mejor camino.
    Es innegable que la extraño mucho, y ese día vendrá cuando dejemos de hacerlo por que estaremos a su lado junto con el Señor.

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  9. No puedo ver en tu abuela unos detalles de la mia.

    Admiro tu valor! yo me resisti a verla en el velorio, tampoco fui al cementerio lo que me costo la antipatia de muchos familiares, pero me resisti a verla muerta y en mis recuerdos ella siempre esta viva.

    Entiendo que estuvieras asi! estabas en schock! Yo estaba igual pero a mi me duro unas cuantas horas!

    Te invito a leer mi experiencia! gracias por compartirla conmigo!

    http://hijodelaluna-mphisto.blogspot.com/2010/11/que-es-la-vida.html

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  10. Fe de erratas No puedo dejar de ver en tu abuela unos detalles de la mia (se parecen tanto!)

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