Tuesday, August 02, 2011

Porque Yo En El Amor Soy Un Idiota

Era lunes, único día para presentar los papeles para una convocatoria de personal en la Región Callao. Había ido tempranísimo, bien preparado con todos mis papeles conforme lo exigía dicha institución. Me encontré en la cola con mi amiga Inesita quien también había pedido permiso en el trabajo para presentarse al concurso y para variar, le faltaba fotocopiar “ene” documentos, incluido DNI (ya en otro artículo les contaré de ella). Como sabrán la Región Callao está alejada de la civilización, no encuentras ninguna librería o tiendita cerca. Inesita me miró con ojos de desesperación, con esa cara que me hizo acordar al gato con botas de Shrek, así que no tuve más remedio, como todo un caballero, que ofrecerme a sacarle copia a sus documentos, mientras ella “guardaba” la cola. Tomé un taxi y le dije que me lleve al mercado más cercano. Disculpen mi ignorancia urbana pero jamás me había movido por esos lares. El taxista me llevó al “Mercado de Bocanegra”. Bajé y recién estaban abriendo los distintos comercios. Esperé pacientemente mientras preguntaba a medio mundo sobre una fotocopiadora. Me llevaron hasta un puestito en medio del mercado. Entre libros, lapiceros y útiles escolares estaba una señorita (o era señora?) de unos 32 años mas o menos. Risueña. Estaba recién abriendo el puesto. Me sonrió y me pidió que la espere. Mientras ojeaba algunos juguetes, mi celular sonó 3 veces. Era Inesita preguntando sobre sus copias y advirtiéndome que la cola se estaba acercando a la puerta de entrada. “Que bonita la melodía de tu celular”- Me dijo la chica de la tienda. “Ah! Gracias” le dije. Y empezamos a hablar de las melodías y le ofrecí pasárselas gratuitamente por “infra-rojo”. Como buena chica de pueblo le gustó “El Cervecero”, “El Arbolito”, algunos merengues y un par de reggaetones. Mientras sacaba las copias seguíamos conversando, de vez en cuando interrumpidos por Inesita que seguía advirtiéndome que la cola avanzaba y que ya iba a entrar a la Región. Me había olvidado por un buen rato de la bendita convocatoria y me había atrapado con la chica de la fotocopiadora. Desde ahora Becky. Ya me había dicho su nombre. Becky, me sonreía feliz, sacando copias, coquetísima ella. Yo orgullosísimo aproveché en sacar mis papeles para que los fotocopie también. Ya tenía mis documentos completos pero tenía que impresionarla. Saqué mi título profesional de Economista, graduado con honores en una nacional. “con cuidadito please”, le dije. Saqué la constancia de mi maestría y la miraba por el rabillo del ojo que ella leía mis documentos y yo le iba sacando una a una mis constancias como ases bajo la manga para que sepa que no era cualquier pobre diablo que anda por ahí. Mi constancia de tercio superior, mi diplomado en finanzas, mi certificado de Abaco de computación, mi certificado de inglés del ICPNA y mi certificado de buena conducta de secundaria. Mientras deslizaba sus manos con una habilidad única por la fotocopiadora, conversábamos y reíamos. Intercambiábamos de vez en cuando melodías. Y mi celular nuevamente que sonaba y sonaba e Inesita gritándome que estaba a diez personas de la puerta y que ya iba a entrar. “Te llama mucho tu enamorada”- me dijo Becky. Yo sonreí y le dije las palabras mágicas, “No es mi enamorada, es solo una compañera de trabajo” (no dije el viejo truco que era mi hermana porque ya había visto los papeles de Inesita). Después de tantas miraditas, coqueteos e intercambio de melodías terminó de sacarme las copias. Te puedo llamar? Le dije – Claro!-, me dictó su número que rápidamente anoté en el celular y le puse con letras mayúsculas “Becky”. Le pedí su MSN también.Nos despedimos con la firme promesa de volver a conversar, vernos otra vez y salir a bailar esas melodías que intercambiamos por infra-rojo, pero esta vez con las orquestas en vivo. Debo confesar que soy un rockero de corazón, pero puedo postergar mis principios cuando el deber de la conservación de la especie me llama. Cuando el animal, el hombre primitivo se antepone y hace valer los miles de años que le lleva de ventaja a este cerebro racional.Luego de este pequeño trance hormonal, salí disparado del Mercado de Bocanegra y tomé el primer taxi a la Región Callao. Cuando llegué había una cola inmensa. Inesita que ya me había vuelto a llamar cinco veces más ya estaba dentro de la Región. Se asomó a la puerta y por encima del “guachimán” le alcancé sus papeles. Inesita habló con el “guachimán” para que me deje pasar argumentando que yo estaba ahí desde temprano, que había madrugado, que había sido el primer cliente de la señora que vende avena con maca caliente en la esquinita. Pero el “guachimán” se negó rotundamente. Solo repetía y repetía ante cada argumento su ya conocido “desconozco mayormente”.Caballero nomás, me fui al final de la cola. A los quince minutos salió Inesita y me vio con cara de felicidad. Con mi sonrisa que me iluminaba toda la cara. -Que te pasa?, Porque esa cara de huevis?- me dijo (porque así habla ella). “Nada” respondí sonriendo. Me dijo que no me podía esperar y que hablábamos a la hora del almuerzo en el trabajo. Se despidió y me dejó en la cola.Después de soportar estoicamente una hora, logré pasar a la Región donde me recibieron mis documentos y me sellaron el cargo. Salí como alma que lleva el diablo al trabajo y no le conté nada a Inesita sobre mi demora en el Mercado de Bocanegra.Esperé pasar un par de días para llamar a Becky, aplicando la estrategia de hacerme esperar para que no piense que estoy desesperado y que me puedo escapar de sus manos. Cogí mi celular, busqué su nombre y “send”. Mientras timbraba pensaba en decirle a que hora salía y a que hora podía pasarla a recoger. Mi mente en fracciones de segundo había pensado en “refinar” un poco a esta señorita, alejarla de las fiestas chicheras de pueblo y llevarla a un lugar más “nice”. Escogí mentalmente ese lugarcito escondido en el Mega Plaza de los olivos donde no va mucha gente y se puede conversar, para no alejarla mucho de su casa. Un heladito almendrado de damasco con fudge y listo, lo demás vendrá solito. Después de varias timbradas me contestó una voz de hombre, aguardientosa, “voz maleada”, “voz de llenador de combi”, “voz de jalador de tienda del jirón de la unión”. Rápidamente corté sin decir nada. Memoricé el número y después de una hora volví a llamar pero esta vez con la opción “llamada privada” para que no identifique mi número. “Aló” otra vez la misma voz. “Aló, disculpe… se encontrará Becky”- “Becky?, quien Becky” – “Este no es el número de Becky?”, “No causita te has equivocado”.Abrí mi correo electrónico dispuesto a pedirle nuevamente su número que por algún error involuntario, por el apuro de aquel día, por las constantes interrupciones de la “jodida” de Inesita, había digitado mal. Apelando a mi habilidad de buen escritor, redacté rápidamente “Hola Becky, soy Eduardo, me recuerdas? Estuvimos sacando copias e intercambiando melodías el lunes…. jejeje, sorry, linda, por un error de digitación puse mal tu número y me está contestando un tipo con voz de pocos amigos, por favor envíamelo nuevamente”. Otra vez “send” y listo. Esperar. Después de un minuto aparece “usted tiene un nuevo mensaje”… jejeje sonreí, está desesperada. Volví a entrar a la “Bandeja de Entrada” y me aparece el clásico DELIVERY STATUS NOTIFICATION (FAILURE), NO EXISTIA SU CUENTA DE CORREO!!! Maldita Sea, jijuna gran p…. ME ENGAÑO!!!

3 comments:

  1. Jajaaja definitivamente COSAS son las que te pasan ah! La chica parece haberse sentido atraída por ti, pero bueno...Buen relato.

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  2. Hola Eduardo. Muy bueno tu post.

    Como siempre, me has hecho revolcar de la risa. A mí me sucedió algo parecido en marzo de 1983. Me venía del centro de Lima en el bussing 59-A y me iba a mi casa en Lince y estaba parado y subió una flaca que de cara estaba más o menos, pero de cuerpo, estaba interesante. Solapa me fui acercando y justo para mi "buena suerte", el bussing se malogra, justo donde se supone que me tenía que bajar. Me hice el loco y así como jugando, le metí letra y entablamos conversación. Muy buena onda, era un año mayor que yo -yo tenía 20 años en ese momento- y le dije que me iba hasta Pershing cn Gregorio Escobedo, para no alejarme mucho de mi casa. Y al final, le dije que sería bacán mantener el contacto. Y ella misma me dijo, "te doy mi número", sin que yo se lo pida. Yo, en la gloria me sentía. Quedé en llamarla para coordinar. Era un día martes y me dije, mejor la llamo el jueves. En ese lapso de dos días, alucié mismo el chibolo de Los Años Maravillosos. Me imaginaba visitándola y presentándome a sus patas, yendo al cine, yendo a una fiesta y hasta un primer beso. Esperé que nadie molestara en mi casa y a eso de las 9:30 pm, marqué el número. me contestó una paisana Jacinta y me dijo, "no, joven, se ha equivocado". "Serán lo nervios", me dije. Volví a marcar y me volvió a contestar la chola y me dijo lo mismo y yo le pregunto: "Contestas tal número?". "Sí, joven".Y le dije, "entonces comuníqueme con X". "No, joven, aquí no vive ninguna X. Le han dado mal el número". Le faltó decir "le metieron cabeza, joven". Me sentí un reverendo idiota esa noche.

    Un gran abrazo.

    LUCHO

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  3. Anonymous9:46 PM

    jjsjs la verdad q mas que risa me dio lastima y me hizo sentirme mas menos identificado porque siempre creo en que puede pasar algo con una chica o que puede nacer el amor todo da otro rumbo cambia y no es lo que a uno le parece :(

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