Monday, August 08, 2011

La Shipiba

Aún recuerdo el primer día que llegué a la Municipalidad de Ate, a trabajar por un service. Nos habían dado un semi-sótano y ahí nos pasábamos digitando desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, de lunes a sábado, los pagos de arbitrios, serenazgo, parques y jardines e impuestos prediales. Por las tardes después de almuerzo me daba un sueño terrible. Por más que trataba de mantenerme consciente le daba de cabezazos al monitor de la PC y del teclado ni les menciono, porque acabo de almorzar. Ya después, con un poco más de experiencia, había establecido ciertas estrategias a fin que no me detecten que estuviera durmiendo. Ponía mi mano sobre mi cabeza y con la otra cogía un reporte de los datos ingresados, como quien revisa la información y ahí dormitaba por unos buenos minutos.

En esa oficina trabajábamos 8 jovencitos entre hombres y mujeres. Junto a mi máquina se sentaba Pajita, si, así como lo oyen. Así se llamaba aunque no lo crean. Pajita era mayor que yo. Yo por ese tiempo bordeaba los 23 años y ella los 32. Pajita cuyo nombre de escucharlo nomás me daba risa, era bajita, rellenita, con esa cara característica de los aguarunas, aunque de cuerpo, debo confesar que no estaba del todo mal. En la oficina la llamaban “la shipiba”, por haber nacido en algún lugar recóndito de la amazonía peruana; sin embargo ya residía una buena cantidad de años en la capital, tanto así que se le había quitado ya ese dejo horrible de “las charapas”. Había estudiado computación en un instituto de medio pelo del centro de Lima y vivía con su hermana.

Como se sentaba a mi lado, empezamos a conversar. Todo el día hablábamos y nos reíamos. Ella me decía, “Tú no debes estar acá, tú no has estudiado tanto por las puras”, pero que podía decirle yo. Estaba ahí temporalmente mientras buscaba algo mejor.

Posteriormente, ya con la confianza ganada solía cambiarle de nombre de acuerdo a lo que se me ocurriera durante el día. Así solía llamarla Bajita, Pavita, Viejita, Pajerita, y una serie innumerable de nombres fantasiosos. Ella sólo se reía. Era terrible también. Algunos días me agarraba de punto y no me soltaba. Me decía que estaba aguantado por algunos granos que me salían en la cara.

Con el tiempo, agarramos bastante confianza y solíamos reírnos casi todo el día y contarnos nuestras cosas. Una tarde de esas cuando solíamos conversar, me encontraba de pie frente a mi escritorio, ella abrió el cajón y me tocó, me toqueteó, me rozó el sexo, “mi tesorito” (como dice una de mis amigas), “mi cardán” (como dice otra de mis amigas al sexo del toro), y en vez de retirar la mano de inmediato por el contrario, me miró y me sonrió, y yo, rojo.

Desde ese día adquirió un tácito derecho de golpearme el sexo cada vez que pasaba por mi lado y cuando nadie viera. Yo por supuesto, para esos momentos, ya no me ponía rojo, sino por el contrario deseaba intensamente que abriera el cajón del escritorio a cada instante, que me toqueteara. Me perdí el respeto, pero con gusto carajo!. Bajo esas circunstancias, no existe el “Yo sé cuidar mi cuerpo”, que venga de todo nomás.

Una tarde en que el jefe había salido a una reunión, todo el personal se encontraba más tranquilo, relajados en sus máquinas avanzando su trabajo. Pajita había entrado a la oficina contigua, que solía usar el abogado de la Municipalidad para sus diversas entrevistas. Allí sentada sobre el sillón lamía incesantemente un chupetín. Entré por unos documentos y la encontré, me quedé mirándola y le dije “Como quisiera ser el chupetín”. Ella se esmeraba en relamerlo y pasar la lengua. “Quiero verlo” me dijo en tono de orden, “Para ver enséñamelo”, agregó. “No seas mala desde afuera se ve todo” respondí. “Bueno, no sabes lo que te pierdes” me dijo finalmente. Me retó. Me llevó de inmediato por esos parajes de los bajos instintos. De las reacciones animales. Me volvió pura hormonas. Pura testosterona. Y bajo esas circunstancias por un impulso al peligro o tal vez por saber que seguía después de esas palabras, bajé el cierre de mi pantalón y le enseñé “el atado” (como dice ooootra de mis amigas). Un ruido de una silla moviéndose, como quien se levanta alguien del escritorio, me hizo guardarlo rápidamente, con un movimiento ágil, mientras ella sonreía. Acto seguido salí de la oficina con las manos en los bolsillos y sin ningún documento.

Después de ese incidente esa frase “Quiero verlo” se volvió como una palabra mágica, algo así como el “ábrete sésamo” de Ali babá y los 40 ladrones, como el “abra cadabra” de todos los magos o el “Grántico Palmani Zum” de Nube Luz. Cuando estábamos solos, ella decía “Quiero verlo” y de inmediato yo obedecía.

Hasta ahí todo había sido un juego terrible, excitante, perverso, bizarro. El hecho es que salimos varias veces, tomamos litros de cervezas, nos tocamos ciento de veces, pero nunca, nunca y repito mil veces nunca me aceptó ir a un hotel. Por más que insistí de las mil maneras. Siempre se conformó con sólo mirarme y tocarme de vez en cuando. Yo caí en su juego perverso de dar de a pocos, de dejarme con las ganas, con el líbido al tope.
Después de trabajar 6 meses ahí renuncié y me fui a otro trabajo lejos de Lima. Me fui con las ganas, sin el objetivo final, sin la consumación del hecho, sin que me cure de los granitos.

4 comments:

  1. Qué osadía la tuya para escribir un post así...me gusta tu sinceridad. La shipiba sí que se aprovechó de ti, dicen que las charapas son mujeres calientes pero ésta te calentó a ti...jaja me hizo reír.

    Pdta: No te preocupes mucho por las ganancias, yo en año y medio de Blogger no he ganado nada y creo que sólo he llegado a acumular hasta la fecha poco más de 5 dólares...eso no me alcanza para cobrar. Decidí que lo más importante es escribir, los lectores no definen lo bueno o malo que eres...Si te gusta, continúa hombre, no te bajes...

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  2. jajajaja, sí eso escribí hace mucho. Pero no creas todo lo que se escribe ni a los que les gusta escribir tampoco jajaja.
    Lo de las ganancias era una broma, sé que es muy difícil, salvo sea super famoso. Un amigo de un amigo tiene un blog y él solo le daba clic y clic a sus anuncios y le llegó un mensaje a su correo que habían detectado que él mismo era jajaja (supongo que lo deben sacar por el IP).

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  3. Hola Eduardo. Bien bravo tu post. Yo no me atrevería a escribir algo así en mi blog, je je.

    Sin duda, la tipa se las sabía todas y sabía lo que tenía que hacer para tenerte comiendo de su mano y obedecer sus órdenes. Por algo suceden las cosas.

    Un abrazo.

    LUCHO

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  4. jajajaja hola Lucho, creo que me excedí con este post, pero como le dije a Paty "no creas todo lo que se escribe".
    Un saludo

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