Tuesday, August 30, 2011

La Primera Vez



En febrero de 1990 yo tenía 16 años y tenía mi primera enamoradita. Miluska se llamaba. Ella tenía dos años menos que yo. Era una chica preciosa entradita en carnes y con una sonrisa capaz de hacer salir el sol en pleno invierno. Compartíamos los mismos gustos musicales. Todo empezó así intercambiando los ya obsoletos cassettes. Yo me esmeraba en conseguir esas cintas piratas de Bon Jovi, Poison y Europe que tanto le gustaban a ella. Era el tiempo del Glam metal.

Ella y yo, éramos unos párvulos inexpertos e impolutos que empezábamos a experimentar cosas nuevas en cada beso, en cada abrazo, en cada caricia subidita de tono.

Miluska vivía en una casa alquilada en un segundo piso. Tenía un hermano, que no era más que un pobre ganso que su vida se resumía en salir a jugar “fulbito” cada tarde. Su vida giraba en torno a una pelota. Luego de eso no le interesaba nada más. En cambio Miluskita, a pesar de ser su hermana de padre y madre, le encantaba el arte, la música y por supuesto yo.

Sus padres trabajaban todo el día y llegaban exactamente a las 6 de la tarde. Era su rutina de todos los días. Su rutina que también hice mía, pues sabiendo que no estaban en casa, cada tarde, después de almorzar, me cepillaba los dientes hasta tres veces, me compraba un halls de diez céntimos, agarraba mi bicicleta y pedaleaba las 20 cuadras que separaban mi casa de la de ella. Pasaba por la canchita de “fulbito” donde veía su hermano correr, como siempre tras la pelota. Llegaba a su puerta. Tocaba el timbre. Pasaba, dejaba mi bicicleta en el primer piso junto a la escalera y subía para verla.

Así transcurrían las tardes de febrero. Éramos dos jovencitos descubriendo el amor. Cada vez nuestros besitos se hacían más intensos. Los abrazos eran con más toqueteo y cada día nos íbamos quitando más la ropa. Cuando el reloj se acercaba a las 6 p.m. me despedía de ella, bajaba, montaba mi bicicleta y regresaba a mi casa al límite. A punto de estallar.

Un día le cuento a mi amigo Fernando. El “Nando”, mayor que yo, quien cual experto en la materia se encargó de hacerme quedar como un subnormal, como un retrasado sexual que al estar yo solo con Miluskita cada tarde hasta ahora no había debutado con ella.

Recuerdo aún ese día, fue un viernes, como cada tarde estaba con Miluska en su casa, nos besábamos, abrazábamos y poco a poco nos calentamos hasta terminar en su habitación. Después de hacer un par de intentos como “el misionero”, ella me dijo. “Mejor yo arriba” cuando estaba arriba, apenas empezando, suena la puerta del primer piso. Sonó la lata estrellarse. Miluska salió disparada a cambiarse y no tuvo mejor idea que decirme “métete debajo de la cama” (después de ese día entiendo todos esos chistes que hablan de esconderse debajo de la cama). Apenas pude jalar mi pantalón y escabullirme como un ladronzuelo bajo la tarima. Abriéndome paso entre algunos zapatos y juguetes, me quedé en completo silencio hasta contener la respiración. En esos momentos escucho abrirse la puerta de la habitación. Apenas respiraba y me encomendaba a todos los santos, prometía portarme bien y permanecer puro y casto hasta mi matrimonio si todo salía bien.

Que haces?- era la voz de su madre, que como nunca ese día se había aparecido a las cuatro de la tarde.

Todo estaría bien si Miluskita no se hubiera puesto nerviosa, tartamudeó un “na-na-nada”. Su esquiva mirada y su actitud sospechosa la delataron.

Y Eduardo?- Pregunta otra vez su madre.

- Ya se fue- otra vez apenas susurró Miluska.

Escuché los pasos acercarse. Su madre levanta con una habilidad única el colchón de espuma y me encuentra bajo las tablas de la tarima, escondido, acurrucado, en posición fetal con los pantalones abajo y sin calzoncillo.

Que haces ahí?- gritó

Y yo que con el susto, y con el frío, me había encogido hasta mi más mínima expresión, me quedé mudo sin atinar a dar la más escueta explicación.

Se han cuidado?- interrogó a Miluska.

Miluska también calló.

Después de ahí sólo escuché palabras y más palabras, sobre Dios, la moral, el sexo, los valores y la importancia de llegar impolutos y castos al matrimonio. Por si fuera poco, no bastando con eso, me amenazó que iría donde mis padres y que me acusaría que me había “ampayado calato” en su casa con mi “tesorito” a su libre albedrío.

Yo que siempre había mantenido la imagen de un jovencito bueno, respetuoso, estudioso apegado a la moral y buenas costumbres iba a quedar ante la sociedad como un vulgar degenerado, un abyecto, un sibarita descarriado que anda por ahí llevando por el camino de la perdición a jovenzuelas inocentes.

Bueno, cuando por fin, pude salir, me di cuenta que mi bicicleta me había delatado de alguna manera. Su madre la había visto ahí encadenada a la escalera y por lo tanto tenía que estar en algún lugar de su casa y no me había marchado como dijera Miluskita.

Desde ese día, cada vez que veía a la madre de Miluska pasar por las inmediaciones de mi casa de inmediato me escabullía como un perro huidizo y más aún si por esas casualidades mi madre, con quien se conocían y saludaban se encontraba fuera, con mil pretextos me la llevaba dentro de la casa. Gracias a Dios nunca llegó decirle nada. También, desde ese día, empecé a conocer los hoteles.

8 comments:

  1. Hola Eduardo. Que buen relato, te ampayaron con el lompa abajo, ja ja ja. Nuevamente me has hecho estallar de la risa con tu relato.

    Ocurrió lo que menos se pensaba, que alguno de los viejos se apareciese por allí y encima que viese tu bicicleta abajo. Eso te delató con roche. Pero lo repentino del momento y el apuro te mató. Si hubieses contados con más minutos, te hubieras metido al baño y allí te cambiabas, salvo que el baño hubiera estado abajo.

    Como bien dices, por eso uno se inclina por los telos. En la casa, siempre hay el riesgo, por más mínimo que sea, que alguien irrumpa y fuiste. Al menos, aquíte ampayaron en ese momento, te imaginas si hubiese sido en pleno acto?

    Por último, siendo hoy Día del Blog, quiero que sepas que he escrito un post en mi blog y como es costumbre he recomendando 5 blogs y uno de ellos es el tuyo.

    Un fuerte abrazo.

    LUCHO

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  2. No tienes idea como me he reído cuando leí esto. Estaba en el médico esperando que digan: paciente Alarcóoooon y me combió la cara... jajaja

    Me imagino la escena entre las tablas de la cama y NO PUEDO! jajajaja Es que la tía debe haber dejado la peluca entera ahí del estrés!

    Sigue escribiendo así por favor...
    Qué bien se siente leerte :)

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  3. Genio. Hola Edu, solo pasaba para dejarte un saludo por nuestro día y de hecho agradecerte por contagiarnos la alegría con tus historias.

    Felicidades hermano, un fuerte abrazo.

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  4. Ahora sí lo leí y mi parte favorita fue lo de tu 'tesorito' jajaj! tan cucufatas eran nuestras viejas en ese entonces...bueno bien dicen que la experiencia hace al maestro, de ahí a unos años te habrás convertido en el rey de los "TELOdije" jeje.

    Me hice reír mucho este post.

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  5. Jajajajaj ay Eduardo, no sé por qué no tienes tan o más lectores que Renato Cisneros =P si eres tan o mejor que él (lo digo sin ánimos de adular)

    Una vez más, tienes la sinceridad de Víctor (un blogger que leo) pero el trato y la prosa amable de Aldo, no hay duda.

    Sos lindo! (je).

    Pdta: Y se nota que Miluskita también era novata para las mentiras =P

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  6. Hola EduardITO! no me llamo MICHI! me llamo Carmen! jajajaj solo pase a comentarte eso :D mañana te seguiré leyendo pues tengo clases y es tardísimo!! saludos y gracias por todo!

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  7. POR EL AMOR DE UNA MADREEEEEE!, ajajajajajajajajajaja. Que fuuuuerte!!... Te confieso algo?, yo me tuve que refugiar en un baño y como no me dió tiempo a recoger toda la ropa, agarré el pantalón y lo que pillé por el camino, luego me tuve que pasar toda la noche sin braguitas, ajajaja, Me las devolvio mi entonces novio al día siguiente, cuando la encontró enganchadsa en una esquina de su cama. Aiiins eres un desastre PERO MUY DIVERTIDO.

    ¿Has seguido igual de torpecito con loa años?, ajajaja.

    Un beso desde la roca que me cobija.

    Mar (... la vendedora de humo)

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