Thursday, August 11, 2011

Amor Pasajero

Porque el ser humano puede resultar tan complicado?. Paradójicamente cuando estás más solo que un hongo, nadie te hace caso, como si el mundo se confabulara en dejarte en la completa soledad por un buen tiempo para que reflexiones sobre el valor de una compañía. Sin embargo, una vez que consigues una pareja por esas complicadas cosas llamadas feromonas, todas aquellas que alguna vez ni te miraron empiezan a fijarse en ti. Vienen juntas y las posibilidades se te aglomeran de tal forma que llegas a poner en tela de juicio tu elección. Así fue mi vida por un buen tiempo, estuve sólo, viví sólo. Estaba sin trabajo. Mi vida era dormir hasta tarde. Despertar e ir al gimnasio. Más que sacar algunos músculos, me había matriculado para hacer un desgaste físico y poder dormir en las noches que se habían convertido en una tortura. No podía mantener los ojos pegados por más de 5 minutos. Repito, así fue mi vida, hasta que conocí a Janecita. Fue quien me salvó de esta soledad. Y por su puesto por esas reacciones propias del ser humano empecé a destilar feromonas por doquier.Como Janecita trabajaba en Huancavelica y yo en Lima, habíamos acordado encontrarnos cada fin de semana en el punto medio, en Huancayo. Así es el amor pues y no me importaba salir cada viernes del trabajo, dirigirme a Yerbateros y embarcarme en cualquier movilidad rumbo a Huancayo. Cada viaje me encomendaba a la Mano Milagrosa y a San Judas Tadeo que me proteja de tantos accidentes, sobretodo de estos Buses-Camión y de tanto “chofercito carretero” loco. Bueno, con Janecita ya teníamos también nuestro “point” donde nos encontrábamos y disfrutábamos de la vida y el amor todo el sábado y el domingo. Ya mi cuerpo se había acostumbrado también a salir el domingo en la noche de Huancayo y dormir lo que dura el trayecto de regreso. Llegar a casa tempranísimo, darme un baño y a trabajar.Ese domingo sería diferente. Había embarcado a Janecita rumbo a Huancavelica, así que me dirigí rápidamente al terminal de Huancayo en Mariátegui. Estaba en la agencia esperando como siempre a que llamen para abordar el ómnibus. Mientras esperaba, y hacía una inspección ocular entre los presentes divisé una fémina frente a mi, lindísima ella. Cuando crucé mi mirada con la de ella, me hizo bajarla casi de inmediato. Carajo! Esta timidez que siempre me gana. Bueno, yo estaba enamoradísimo de Janecita pero eso no significaba que uno no pudiera apreciar lo que hay en el mercado. Después de ese pequeño percance. Empecé a observarla “solapadamente”. Ella también me miraba y hasta me sonrió. Yo, para comprobar que era cierto lo que estaba viviendo, volteé para comprobar que no había nadie tras de mi y no pegarme el chasco de mi vida. Me sorprendió porque debo reconocer que no soy un hombre de primer impacto. Es decir no soy el niño bonito que puede impresionar con su carita. A mi me costaba conquistar una mujer. Tenía que recorrer ese largo trecho de los que no tenemos la belleza física, es decir las armas son otras, una buena conversación, un buen sentido del humor, respuestas inteligentes, etc. Así que por esa razón de no ubicarme dentro de los de “primer impacto”, me sorprendió que aquella jovencita me estuviera echando unas miraditas y me sonriera. Así que yo también, esta vez tomando valor, y ya habiendo despejado todas las dudas que era a mi a quien miraba (salvo sea “birola”), empecé a adoptar poses de galán. Me solté un poco, me “desparramé” literalmente en la silla, la miraba de vez en cuando. Le hacía la clásica levantadita de cejas con una ligera sonrisa. Ella por su parte entró en ese jueguito del coqueteo. Me sonreía también. Por momentos me hacía un par de muecas graciosas y me sacaba la mirada como quien no quiere la cosa. Así estuvimos por unos cinco minutos, pero por esta timidez que me caracteriza, no fui capaz de levantarme y literalmente “meterle letra”. Me acobardé. Me chupé como un inexperto adolescente.Después de unos minutos nos llamaron para subir al ómnibus. Para mi mala suerte Janecita me había mandado, como nunca, con una saca llena de chompas para llevar a Lima, con destino a no se que tía que vivía por Puente Piedra. Yo que odiaba cargar tanto peso y siempre me desplazaba con mi mochilita “fashion”, justo ese día se le tenía que ocurrir mandarme con un costal mal envuelto que me hacía parecer cargador de la parada, después de una extenuante dieta por su puesto. Así no tuve más remedio que agarrar mi mochilita “Nike” de las originales por si acaso y mi costalillo de chompas huancaínas. Me dirigí al ómnibus y después de unos buenos minutos terminé de acomodar el costalillo de chompas en el altillo para maletas. Mi mochilita, si, siempre conmigo porque llevaba mi discman para ir escuchando algunas cancioncitas durante el viaje. Una vez acomodado en mi asiento y cuando menos lo esperaba sube la fémina de las “miraditas”, “Está ocupado?” me preguntó por el asiento de al lado. Me sorprendió tanto y me agarró tan friamente que tartamudeé como un bisoño del flirteo, como un pobre inexperto del arte del cortejo. “no, no, sigue nomás”, lo único que atiné a decir. Se sentó junto a la ventana y yo sin saber que hacer ni decir. Esos minutos de silencio fueron casi interminables. “ay este ómnibus tanto se demora en salir” pronunció ella y rompió el silencio. “ya ahorita sale”, le respondí casi murmurando. Me miró y me sonrió . Así que empezamos a conversar sobre la demora del ómnibus, del frío y de Huancayo. Ella era Huancaína y sabía mucho de su tierra, pero igual yo hice gala de mis conocimientos de pisos altitudinales, agricultura y economía campesina. Que se habrán creído, por las puras no me quemé las pestañas 5 años en la Universidad Agraria. Literalmente la sorprendí de alguna manera. Como dije anteriormente, los que no somos de “primer impacto” tenemos que usar otras herramientas para adaptarnos a esta terrible cacería encarnizada en que se ha vuelto la conquista. Si bien Milagritos (ya me había dicho su nombre), era muy joven aún pero se mostraba interesada por algunos temas científicos. No era la típica “chibola hueca reggaetonera”. Estaba estudiando Administración en IDAT, en Lima y sólo había ido de visita el fin de semana a Huancayo. Así que bajo esas circunstancias le solté suavecito, mi as bajo la manga, mi tema de tesis de mi maestría: “Viabilidad Económica y Territorial: Un enfoque desde el modelo de Krugman“. Si así como leyeron con ese nombre pomposo, me lucí al detalle de cómo podía arribar Huancayo desde un enfoque territorial. Claro, no crean que he sido un aburrido total, de vez en cuando le deslizaba una bromita y la hacía reír. Milagritos me miraba atenta, hasta boquiabierta podría decir. Se había acomodado ya de costadito sobre el asiento mirándome y me decía “tú sabes un montón, deberías estar trabajando en la Región” y yo, como me enseñaron mis padres, todo humilde nomás. Después de ese despliegue de conocimiento académico, empezamos a hablar de ella. Me dijo que vivía sola en Santa Anita, que estaba estudiando y que le gustaría incursionar en la política. Tenía esa fuerza y ese ímpetu de la juventud, de querer cambiar el Perú. Después de movernos por temas económicos, políticos y de estudios, terminamos hablando de nuestros signos zodiacales. Me dijo que sabía leer las manos. Así que tomó las mías intentando saber mi futuro, así a oscuras en el ómnibus. Para ese momento ya todo era risa, de costadito los dos, casi frente a frente acurrucados con una manta que ella llevaba, empezó a hablarme de mi futuro. Me dijo “mmmm a ver, te vas a enamorar de una chica que no es de Lima” y yo “Será de Huancayo?” y ella sonreía. Y nuevamente “vas a trabajar en una Región de consultor economista“ y yo “y mi asesora va a ser una administradora de IDAT” y volvíamos a reír. Así que entre La Oroya y Matucana el viaje se hizo ameno, entretenido, cortísimo. Y cuando menos me di cuenta estábamos pegadísimos frente a frente. Ella me besó. No es que me bote, pero soy tímido pues carajo!. Ella me besó y yo le correspondí. Nos besamos y yo pensando en Janecita por lo malo que estaba siendo con ella. Ya abrigados por la misma manta nos dimos caricias por todo el tiempo que restaba de viaje. “Me gustas” me decía ella y yo me preguntaba en silencio por el terrible juego de las feromonas. Creo que habían coincidido mis feromonas locas y aquella etapa de fertilidad de las mujeres, cuando se encuentran más receptivas que nunca. Tan rápido los primeros brillos del alba empezaban a asomarse por las ventanas del ómnibus. “Me bajo en Santa Anita”, me dijo “y si me bajo contigo y nos vamos juntos a tu casa” le susurré. Después de todo vivía sola. “claro, puede ser” respondió. Cuando menos lo pensamos ya estábamos en el Óvalo de Santa Anita. El Ómnibus se detuvo. Milagritos agarró rápido su mochila y bajó disparada y yo peleándome con el costal lleno de chompas Huancaínas que se había atracado en el maletero de arriba. “Baja!”, “Baja!” gritaba mientras trataba de sacar el maldito costal de cargador de la parada. El Ómnibus que me hacía el “ademán” de querer arrancar. Hasta que por fin salió el costal. Creo que era la maldición de Janecita. Agarré mi mochilita fashion y bajé. Apenas pisé el suelo limeño el ómnibus arrancó dejándome parado solo en plena calle. Miré izquierda, derecha, de frente y atrás y Milagritos no estaba por ningún lado. Parecía que la tierra se la había tragado. Esperé 5 minutos y nunca apareció. Se me acercó un taxista somnoliento “taxi caballero”. No me quedó más remedio que tomarlo. Me atreví a preguntarle por una señorita con una mochila negra y con una manta color beige oscuro bajo el brazo. Y me respondió “Antes que usted bajó una señorita. Su gil la estaba esperando. Se subieron a un taxi y se fueron”. Me quedé perdido, pensando, con las ganas. Especulé mentalmente que se pudo encontrar sorpresivamente con su hermano o su enamorado y no tuvo más remedio que marcharse rápidamente sin decir nada. La justifiqué de alguna manera. Hasta ahora conservo su número de celular y su correo electrónico pero no me he atrevido a llamar. Debería hacerlo?.
Creo que, al final de todo aprendí el real significado de los AMORES PASAJEROS, en todo el sentido de la palabra.

3 comments:

  1. Vaya que tienes muchas historias qué contar! La verdad que sobre tu pregunta se deberías hacerlo o no, diría que no. Ya tienes toda una vida ahora, ¿para qué desenterrar el pasado? En tu lugar no lo haría, a menos claro que te pique la curiosidad. Bueno, para mí esas cuestiones son eso mismo, pasajeras'.

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  2. jajaja como dice "amor pasajero", cosas que ya pasaron hace muuuchos años.

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  3. Hola Eduardo. Me divirtió tu historia. Vaya movidita que resultó ser esa chica. Pese a tener "gravamen", sacó sus pies del plato y se baciló contigo. Y uno mordió el anzuelo.

    Como dice la amiga Paty, ya fue y ahora que tienes una vida gratificante en casa, no vale la pena arriesgar todo. Aunque claro, el animal primitivo que tenemos dentro, joroba y joroba a cada rato, je je.

    Un fuerte abrazo.

    LUCHO

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