Tuesday, December 20, 2011

Los Amigos que Perderé: Fernando (Y el Intercambio de Regalos)



Hoy tengo que contar algo que guardo aquí en el corazón, que me jode como una angina de pecho, como una piedra en el zapato, como una cuerda desafinada, como una espina de pescado en la garganta. Hoy tengo que exorcizar este demonio guardado por años para sentirme aliviado, aunque sea, un poquito mejor.

Fernando es un cabrón, un cabroncete, un pérfido, un canalla, un jijuna, jijuna gran-puta, que se portaba pésimo con las mujeres. Las engatusaba, las seducía, las embaucaba y luego las cambiaba como quien se cambia de calzoncillo, de camisa “y sin perder la sonrisa”. Sé que eran cosas de chiquillos, pero, al menos yo, siempre que he dicho “quieres estar conmigo?”, ha sido en serio.

Era diciembre del 91, estaba de vacaciones en la universidad. Como siempre aproveché en viajar a Pisco a hacer mi vida de hijo consentido y mantenido. Dormía hasta tarde, comía lo que quería, bebía como descosido y amanecía donde me agarraba el día. Mi madre, mi santa madre, nunca me dijo nada y me consintió como si aún tuviera 10 años.

En aquel inicio de verano, al llegar al grupo, Fernando me presentó a su pareja de turno, Pilar, Pili, Pilarcita, Pilicita, agraciada ella como las anteriores, con sus piernas parejitas y su coleta en el cabello. Se había mudado no hace mucho al barrio, por eso no la había visto antes y había caído como otras tantas en las garras de Fernando.

Y siempre me preguntaba qué carajo hacíamos nosotros en el grupo si el cabrón de Fernando iba atrapando a todas y nosotros solo éramos una especie de guardianes eunucos que no nos ligaba una.
- Hola - Me dijo Pilar y me ofreció la mejilla cuando nos presentaron.
- Hola - le dije muy suelto de huesos, sabiendo que tenía el letrero grande de “propiedad privada”.
Fernando la tomaba de la mano cuando conversábamos “cuando has llegado”, “a qué hora”, “que haces en Lima”. Comenzamos a hablar sin ningún interés de por medio y yo; yo que soy un torpe en entender a las mujeres esta vez había notado unas miradas distintas en Pilar.

Sentados en el jardín de la casa de uno de mis amigos, mientras hablábamos estiró la pierna y golpeó con la puntilla de sus sandalias mis zapatillas. Levanté la mirada y encontré sus pupilas marrones grandes clavadas sobre mi y una especie de sonrisa cómplice. Busqué de inmediato a Fernando con la mirada y él que aún la tenía tomada de la mano, conversaba distraído con otro de mis amigos. Decidí tomarlo como una casualidad. Soy un tipo poco agraciado y era muy raro, por no decir imposible, que una fémina me haga insinuaciones a la primera.

Y así todos los días al juntarnos Pilarcita se dedicó a hacerme sentir "incómodo", me miraba de forma rara, me hacía sentir “calato” cuando fijaba sus ojos marrones en mi cara. Cuando estábamos en alguna mesa de un bar, por debajo estiraba su mano y cogía la mía, sino se sacaba el zapato y ponía su pie sobre mis rodillas. Empecé a seguirle el juego. Acariciaba su pie, le cogía la mano por debajo de la mesa, sabiendo que su otra mano estaba tomada por Fernando. El punto cúspide fue cuando se le cayó una moneda. Simuló buscarla por debajo de la mesa y me cogió el sexo con un fuerte apretón que me hizo saltar medio metro por encima de la silla. Todos voltearon a mirarme, y ella muy suelta de huesos empezó a reír y dijo en voz alta "jajaja Eduardo es un cobarde, le pasé la mano despacito por la pierna y creyó que era una araña". Todos los demás rieron y yo simulé que en efecto había sido así. Sé que las cosas no iban por el camino correcto pero ese juego malévolo me iba atrapando cada vez más. Si algún consuelo me quedaba es que lo más probable que Fernando solo esté jugando con ella así como había jugado con las demás. Solo era cuestión de esperar que se aburra, la cambie y ya no me sentiría tan culpable de jugarle tan mal a sus espaldas.

Unos días, antes de la navidad cuando todos los del grupo nos habíamos juntado una vez más, Fernando, este cabroncete, sujeto de mala calaña, tremendo quebrantador de las leyes morales de cualquier religión, entusiasmado lanzó la idea que le había sugerido días atrás Pilar: hacer un intercambio de regalos por navidad. Yo por supuesto, que no creí en su repentino entusiasmo navideño por más que ahora su comportamiento era como la de un gatito, la de una mascota mimada. De verdad no me la creía, sabía que en cualquier momento la cambiaría como cambiar de sombrero y "sin haber sufrido primero".

Bueno, yo, por mi parte, no soy muy entusiasta en este tipo de juegos, sabiendo que siempre he tenido la mala suerte de recibir pésimos regalos: un reloj de pared en forma de manzana, un paquete de calzoncillos atigrados o una colonia “Diosa de las Huaringas”. Pero esta vez para no romper el entusiasmo de Fernando y las chicas del grupo acepté participar.

Estando ya todos reunidos, como siempre en la casa de mi amigo Oscar, Pilarcita, salió con una bolsa de plástico donde introdujo papelitos con los nombres de todos. Uno a uno fue sacando su papel. Al tocarme, estiré el papel y decía “Fernando”. Bueno, Fernando era mi amigo, desde secundaria, del barrio y a pesar de su no adecuado comportamiento con las féminas, yo había terminado por aceptarlo cual era.

Así pasaron los días con ese juego malévolo de Pilar, al filo de la navaja, a espaldas de uno de mis amigos, hasta que llegó el mentado día del intercambio de regalos. Como en esa época todos éramos estudiantes, no tenía como expectativa un tremendo regalo. Yo también solía andar a las justas, con los bolsillos agujereados, así que mi último recurso, fue buscar en el bar de la sala, encontré una botella de pisco empolvada por los años, la envolví con un papel de regalo reciclado y listo. Estaba preparado para el intercambio.

Cuando empezaron a hacerse los intercambios cada quien hablaba un poquitín de su amigo secreto, así que llegado mi turno y al no encontrar palabras elogiosas para él, sin caer en la burda mentira solo atiné a decir: “mi amigo secreto es un amigo desde secundaria, desde el primer año, a quien aprecio mucho por su incondicionalidad con el grupo… mi amigo secreto es Fernando” y le entregué la botella de Pisco mal envuelta. Creo que Fernando fue más elogioso conmigo cuando recibió el regalo “Eduardo, gracias, eres de puta madre carajo… te quiero… desde que estuvimos en secundaria y me ayudabas con las tareas y te dabas tiempo de explicarme las cosas que no entendía, eso no lo hace cualquiera, eso lo hace un verdadero amigo”. Y me hizo sentir una basura, una mugre, un papel con caca, por las cosas que estaba haciendo con Pilar.

Uno a uno fueron pasando, cuando le tocó a Pilar, dijo lo siguiente “Mi amigo secreto, lo he conocido hace poco y me ha caído super bien. Es un chico muy inteligente, buenísima gente y sé que nos vamos a llevar muy pero muy bien… Eduardo”. La gente aplaudió. Me sentí halagado por lo de “muy inteligente y buenísima gente” a pesar de saber que eso se dice cuando las gracias físicas no te acompañan. Me acerqué. Ella me dio un sobre con una tarjeta, me dio un beso en la mejilla y me susurró rapidísimo. Hay una nota dentro. Todos gritaban “que lo abra, que lo abra”. Abrí con temor el sobre. Había una tarjeta navideña, que abierta sonaba la melodía de “blanca navidad” y se encendía una lucecita roja. Más no vi ninguna nota, solo unas palabras escritas “para mi amigo secreto especial, feliz navidad” Simulé estar agradecido, sonreí y guardé la tarjeta.

Continuamos con la reunión. Los demás siguieron con los regalos. Casi todos los hombres recibieron su botella de pisco o de vino, así que decidimos compartirlo en esa misma noche, porque navidad es compartir.

Al otro día al despertar, decidí dormir hasta tarde. A las justas desperté a almorzar y tomar agua. Mientras estaba en mi cama como un enfermo encuentro la tarjeta de Pilar. La abro nuevamente. Se enciende la música bulliciosa y otra vez leo “para mi amigo secreto especial, feliz navidad” “de que nota hablaba ésta, si no hay nada”, me dije mentalmente. Se me ocurrió mirar por detrás del adminículo que hacía la música. Forcé la tarjeta y había una nota escrita en papel cuadriculado arrancada de un cuaderno. Decía: “23 de diciembre, Calle Monteverde 135, 05:00 p.m. tocar timbre del segundo piso”.

Me levanté como un resorte de la cama, era 23 de diciembre. Miré el reloj, 16:56. Agarré la poca ropa que había dejado el día anterior y así sin bañarme y sin acicalarme, diría yo, todo “cochinón” no más, con la resaca aún en la cabeza, corrí por la ciudad por unos 10 minutos. Cuando me estaba acercando a la dirección pactada me detuve, caminé lento, se me cruzaban ideas en la cabeza. Sería una broma de Fernando?. Me escabullí entre las personas. Encontré la casa, caminé despacio mirando a todos lados. Desde la acera del frente vi el segundo piso vacío, las ventanas no tenían cortinas. Crucé con cuidado y toqué el timbre. Mientras esperaba estaba mirando a todos lados cuando abrieron la puerta y de un jalón me llevaron adentro. Era Pilar. Caminó sin decir una palabra por las escaleras. La seguí. El segundo piso estaba vacío. El eco de nuestras pisadas le daba un aire tétrico. Siguió hasta una habitación donde había un sillón viejo abandonado quizás por el último inquilino.

- aquí vivíamos antes- rompió el silencio Pilar - de aquí me mudé a tu barrio, aún tengo la llave-
- Ven siéntate aquí- me dijo y señaló el sillón.

De pié ella, frente a mi, se sentó en mis rodillas mirándome. Me besó. Se quitó la ropa. Su cabello cayó sobre mi rostro. "Feliz Navidad amigo secreto" me dijo y me empezó a hacer el amor. A cabalgar como una jinete de equitación. A menearse como bailarina de Axe Bahía. A contornearse como Vedette de Café Teatro. A cada salto me susurraba "merry christmas, merry christmas, merry christmas". El eco repetía sus jadeos. Y yo tratando de sacarme de la cabeza que estaba con la enamorada de uno de mis amigos.

Un líquido resbalaba entre sus piernas cuando sonó la puerta. Tocaban insistentemente, con furia. Luego escuché ¡Pilaaaar!. "Es Fernando?" pregunté. Y ella impertérrita, como si nada pasara respondió "si, ayer terminé con él". Y seguía moviéndose como si estuviera en un "sube y baja".

Me separé un instante, me desplacé reptando por el suelo, como buena víbora en la que me había convertido, aunque “mi tesorito”, en la situación que estaba, me impedía desplazarme con facilidad. Asomé apenas la cabeza y vi a Fernando afuera. Estaba borracho gritando. Regresé y no sé porque razón extraña le hice el amor con más ganas. Y nos quedamos escondidos allí hasta que se marchó. Ya muy de noche solo cuando tuve la seguridad que se había ido, salimos escabullidos. Llegando al barrio nos separamos. Al llegar a mi casa mi madre me dijo "te ha estado buscando Fernando". A los pocos minutos sonó la puerta. Era Fernando.
Un sentimiento de culpa me invadió, por un momento pensé que lo sabía todo. Me dijo "podemos hablar". Pensé "lo sabe".
Al verlo apesadumbrado, acongojado, pregunté:
- te pasa algo?-
- puta madre, ayer terminé con Pilar- respondió y se frotó los ojos.
- jejeje – sonreí nerviosamente - porqué – pregunté – ahora a quien le has puesto la puntería –agregué.
Yo esperaba las respuestas que siempre me dio, que estaba saliendo con otra o que simplemente se había aburrido.
- nada huevón, de verdad estoy cagado-
Callé un instante.
- A que te refieres?-
- Sabes hermano? ahora me tocó-
- de que hablas?-
- Estoy enamorado huevón, e-na-mo-ra-do-
- De pilar?- susurré con miedo-
- Si, conchesumadre... no sé que me pasa-
- No jodas Fernandito, anda descansa y mañana vas a ver que saldrás con otra-
Se paró y antes de retirarse puso una mano sobre mi hombro.
- Puta madre, no le digas a nadie, pero creo que me he enamorado de ella. Yo solo te lo digo a ti porque eres mi pata y te estimo de verdad-

Cuando se marchó, me sentí una mierda.

En la noche, al no poder conciliar el sueño, decidí dos cosas: terminar con todo ese juego en cuanto amanezca y callarme esta historia el resto de mi vida.

Con el post de hoy, puedo decirme “No cumplí ninguna de las dos cosas”

Friday, December 02, 2011

Todo Por Ser Flaco




Según la psicología los flacos tenemos una personalidad distinta a la de los gordos. El gordo es percibido como alegre, divertido, animado, vivaracho y bonachón. Los flacos estamos asociados a una personalidad más pensante, callados, a la apatía y a la tranquilidad. Esto lo recuerdo de mis libros de psicología de secundaria. Y que mejor ejemplo que Cesar Vallejo cuyas manos huesudas que exhibe en las pocas fotos que conocemos nos mostró a un poeta resentido, deprimido, renegado con Dios o como Julio Ramón Ribeyro, por demás asociado a la tristeza y al desánimo y que para colmo de males me encuentro marcado bajo su mismo signo zodiacal.

He tratado de negar esta descripción por demás generalista que aprendí de mis libros de psicología, aunque la realidad muchas veces me ha golpeado contra la misma definición una y otra vez.

Yo nací flaco, crecí flaco, sigo flaco y moriré flaco. Podría comerme ahora mismo una vaca entera hecha parrilla y no subir ni medio kilo. Y por eso siempre en mis posts me describo como un flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones, parafraseando a Oscar Athié. Y por esta contextura me he ganado ciertos problemillas, sobretodo en este país donde la gordura de un niño es síntoma de salud, así sea la definición más equivocada.

Todo por ser Flaco 1
Me considero una persona muy sana, normalmente nunca me enfermo y si buscan mi record de asistencia en el trabajo no encontrarán ninguna ausencia. Pero en invierno siempre me molesta los bronquios. Mi madre siempre me cuenta que de niño, un poquito más y era “asmático” que tenía una “tos de perro” que me retumbaban los pulmones como bombo de barra brava cuando tosía. Ahora de grande se me prende una tosecilla de tísico debido a que suelo ser descuidado. No me abrigo, duermo “calato”, camino descalzo por la casa y por si fuera poco tomo bebidas heladas o con harto hielo.

Hace unos años atrás, en un cambio de estación, me agarró nuevamente esta tosecilla, así que, a insistencia de mi hermana fui a ver al médico. Luego de esperar unos buenos minutos me hicieron pasar al consultorio. Después de explicarle mi “mal” el doctor de inmediato me dio una escaneada de pies a cabeza, bajándose los lentes ligeramente.
- Desde cuando tienes esa tos… más de dos semanas?-
- Mmm creo que si doctor-
- Toma te voy a dar una orden para que pases a Rayos X, urgente y me traes las placas ahora mismo.
Y una vez más, todo porque me vió flaco. Seguramente pensó que tenía el bacilo de koch corriendo por mis plomos. La verdad ya me cansé que me saquen placas y me disparen “ene” rayos X a mi esmirriada anatomía y toda la vida concluyan que sólo es una enfermedad a las vías respiratorias, una tos simple o una infección en la garganta.
Me hicieron sacarme la polera, me pusieron una bata de cocinera y me dispararon los rayos. Regresé con mis placas donde el médico.
- A ver- me dijo y puso las placas sobre ese aparatejo con un fluorescente atrás.
- Ajá, todo bien, solo tienes los pulmones con flema – agregó.

Se levantó y sacó de un estante que tenía al lado 4 ampollas.
- Toma te vas a aplicar esto por cuatro días para que botes la flema. Pasa a tópico por esa puerta para que te pongan la primera dosis-
Y yo, asustado, olvidé decirle que soy un cobarde y que soy alérgico a las agujas. Pasé atemorizado al tópico y habían dos sujetos más esperando quien sabe que.
De inmediato empecé a tramar mi huida, pero a los pocos minutos entró la enfermera con una aguja inmensa dándole de toquecitos con el dedo.
- Quién es el de la ampolla para la flema?- preguntó
El primer sujeto, movió la cabeza. El segundo también se negó. Cuando clavó sus ojos lascivos sobre mi, musité “yo tampoco”
- Que raro- dijo la enfermera –voy a revisar- agregó y se retiró a revisar las historias clínicas.

De inmediato salí como alma que lleva el diablo atrás escabulléndome entre la gente y me escapé de la clínica. Al pasar por un tacho, lancé las dos ampollas restantes que aún tenía en mi poder.

Todo por ser Flaco 2

Mi amiga Marita, guapísima ella, de una figura apetecible, valgan verdades, me llamó y me pidió por favor que le preste mi cabeza a su hermana. Yo gustoso acepté pensando que era algo relacionado a un encontrón con su hermana o a un trío, pero luego descubrí que no era así. Su hermana estudiaba para ser “estilista” y necesitaba, digamos, “ciertas cabezas” para hacer sus prácticas de corte de cabello. Como Marita me gustaba mucho y este muchachón tenía intereses subalternos de formar una pareja estable con fines serios con ella, acepté que mi cabeza sea un conejillo de indias, total! Nada malo podría pasar.

Cerca de las cinco de la tarde de aquel día, Marita me volvió a llamar, coordinamos, nos encontramos en Riso y me llevó caminando a un instituto de Estilistas de la avenida Arequipa. Cuando llegamos había un cartel afuera “Corte de cabello gratis”, “vaya”, me dije “de haberlo sabido antes”. Buscamos a su hermana, nos hicieron pasar a un salón grande donde había cerca de veinte sillas e igual número de estudiantes con sus respectivos mandiles cortando cabello. Cada vez que alguien nuevo aparecía las estudiantes te miraban como lobos, como hienas, al ver carne nueva y te jaloneaban para cortarte el pelo gratis. Por primera vez me sentí asediado por varias mujeres. Lamentablemente yo ya estaba separado para Rosita, la hermana de Marita, que a decir verdad también estaba lindísima. Si tuviera que compararla con alguien podría decir que era el rostro de Amanda Bynes con el cuerpo de Nadia Comanecci tenía una sonrisa perfecta para comercial de “Aquafresh”, dientes blancos y fuertes, aliento fresco y encías sanas.
- Hola- me dijo Rosita – y me dio un besito con una sonrisa preciosa “espérate que se libere un espacio”- agregó.
Pero corría el tiempo y no se liberaba ninguna silla, cada estudiante se había apoderado de su territorio y traían más incautos a cortarles el pelo.

De tanto esperar Rosita me dijo:
-sino siéntate aquí y así avanzamos- y me señaló la silla de los niños. Esa con un caballito blanco adelante.
- Si entras, estás flaquito- agregó
- jajajaja- me reí y me negué rotundamente.
Al ver mi “no” contundente, intervino de inmediato Marita
- ¿Que tiene?, siéntate nomás, ya tenemos mucho tiempo acá-
- Nooooo –me negué nuevamente
- Vamos Eduardito, siéntate, para terminar rápido y de aquí nos vamos a tomar un traguito- me dijo Marita, me sonrió, me dio una sobadita en el brazo, me guiñó un ojo y jugó con su cabello dejándome impregnado de un olor riquísimo a flores silvestres.
Literalmente me “chorrié”, me volví una “mazamorra”; diría yo que hasta un hilo de baba derramé hasta el piso y por esa angustia masculina insatisfecha acepté sentarme en el caballito blanco, bajo la firme promesa de irnos luego a disfrutar de la noche.

Así que sentado como un manganzón en esa ridícula silla, Rosita empezó a cortarme el pelo. De vez en cuando aparecía su profesora y después de reírse de mi, en mi cara pelada, le iba indicando a Rosita como cortarme el Pelo. Y Marita lejos de apoyarme lo que hacía era desternillarse de risa y burlarse de mi al verme como un infantiloide sobre el caballito.

Cada sujeto que entraba a cortarse el pelo gratis lo primero que hacía era reírse de mi. Por cerca de dos horas fui el hazmerreir del grupo, pero lo peor vendría después.

Como soy cegatón me había sacado los lentes y no me veía bien en el espejo, cuando terminó su faena Rosita, me puse los lentes y me di cuenta que me había dado una pelada y una “casqueada” y me había dejado 20 huecos desiguales en la cabeza. Más parecía un parque público mal podado.
Y Marita lo único que hacía era reírse de mi
- Jajaja te han cagado la cabeza- me decía
Y yo aguantándome como los machos para no hacer sentir mal a Rosita que tenía cara de apesadumbrada. Su sonrisa “Aquafresh” se había esfumado de su bello rostro.
- Está bien- le dije- no te preocupes- así se aprende poco a poco- agregué
Me la di de caballero con la firme esperanza de mantener viva esa llama que me lleve alguna vez a tener un encuentro apasionado con ella.
Avergonzado salimos y decidimo ya no ir a ningún lado; primero, a mi con esa cabeza no me iban a dejar entrar ni a la más mísera discoteca y segundo, ella toda “nice”, toda “fashion” no se sentiría cómoda andando con un sujeto con cabeza de pollo carioco.

Al otro día, al mirarme al espejo me vi peor que el día anterior así que decidir resolver de una buena vez por todas, este tremendo problema.
Después de consultar con mi deteriorado bolsillo decidí irme a la Av. Abancay, donde cobran barato por corte de cabello, a ver si me arreglaban un poco. Llegué, busqué un sitio más o menos decente y le pedí que me arreglen la cabeza.
- Sabes hermano- me dijo el tipo – te han malogrado la cabeza, te sugiero mejor cortarte todo chiquito, para que te crezca parejo. Además está de moda el pelo corto, como Gian Marco-
Con esa explicación y con el sólido juramento de tener chicas a granel y fans enamoradas que me persigan como a Gian Marco, acepté que me corte el pelo.

El sujeto aprovechó y con una podadora en miniatura me peló toda la cabeza.
Nuevamente cachimbo, salí de la avenida Abancay, aproveché en comprar algunos DVD’s piratas que me envolvieron en una bolsa negra y me dispuse a regresar a mi casa.
El problema es que ningún microbús quería llevarme, cada vez que me iba a subir, el cobrador me cerraba la puerta al verme todo flaco, pelado y con mi bolsa negra
- No, no, ya han subido del centro victoria- Me dijo uno
- Está prohibido que suban fumones en rehabilitación vendiendo caramelos- me dijo otro.

Al próximo bus me subí “a la prepo” nomás antes que me dijeran algo.

Al llegar a casa, encontré a Marita parada en la quinta donde yo vivía solo, en un departamento que me había cedido mi papá temporalmente.
- Hace una hora que te estoy esperando acá- me dijo en tono de reclamación
- No me dijiste que venías- respondí un poco serio
- A ver – me dijo e intentó sacarme la gorra que me había comprado para que me dejen subir al microbús –
Con una “quimba” ágil la esquivé. Me hice el resentido y no le dije nada.
- No me vas a enseñar?-
- No- respondí en un tono poco amigable.
Marita abrió su mochila y sacó una botella de Pisco
- Para ti- me dijo. Te manda mi hermana dice que gracias por el apoyo... la tomamos juntos?- preguntó
Recién sonreí. “claro” le dije y estiré la mano para agarrar la botella. Ella la retiró rápidamente y la acomodó a su lado para que no la alcance.
- Pero si te sacas la gorra y me enseñas tu cabecita- me dijo, me guiñó el ojo y sonrió coquetamente.
Abrí la puerta. Pasamos. Nos tomamos la botella de Pisco y le enseñé mi cabeza pelada.

Thursday, November 17, 2011

Vestido de Mujer



Cuando se mudó mi amigo “el Mono Contreras” del Barrio, dejó un hueco en mi horario de juegos. Cada tarde después, de terminar las tareas del colegio, solía subirme al techo de mi casa y sentarme a mirar el horizonte, los techos de los vecinos y los pollos y pavos que criaba mi madre en el corral. La parte posterior de la casa del mono contreras, que su padre alquilaba, daba con la parte lateral de la mía. El Mono, a esa hora se aparecía también por su techo. Sólo un pequeño muro de ladrillos de un metro de altura, sin tarrajear, dividía mi casa de la de él. El Mono de un salto se pasaba a mi techo y nos sentábamos cada tarde a conversar del colegio, de fútbol y de mujeres.

Teníamos 14 años y empezábamos a interesarnos con mayor ímpetu en el sexo opuesto. “a que tú nunca has tenido enamorada” me decía el mono, y yo “la verdad no… y no me digas que tú si has tenido?”, el mono callaba y solo decía “sssssss si te contara”. Yo sabía que en el fondo tampoco, a pesar que él siempre terminaba contándome que por la casa de su abuela, donde se mudaría muy pronto, vivían dos mellizas preciosas que se peleaban por él.

Después de un fin de semana que nos ausentamos con la familia volví a subir al techo como cada tarde a contemplar el horizonte ponerse rojizo-anaranjado, pero el Mono Contreras no apareció. Husmeé cerca de su azotea y ya no estaban su bicicleta, ni su pelota que solía dejar allí. Al día siguiente tampoco se apareció y luego me enteré que ya se habían mudado. Me dio una tristeza saber que mi único confidente con quien podía conversar de mujeres sin ningún tapujo, se había marchado.

Así pasaron varios días, yo sobre el techo mirando la gente a lo lejos limpiar sus antenas aéreas del televisor o los pollos revolotear en el corral de mamá. Todo transcurría igual, hasta una tarde que al subir nuevamente, me topé con el canturreo de una niña que tendía ropa en la ex casa del mono contreras. Tenía un short diminuto y un gorrito con visera. Su coleta salía por la parte posterior de la gorra. Nuestras miradas se cruzaron, ella me sonrió y movió ligeramente la cabeza a manera de saludo. Yo que llevaba también siempre mi gorrita le hice un gesto cogiendo mi visera y me sentí realmente estúpido porque asumí que había hecho el saludo de un viejo, de un anciano. Por el rabillo del ojo la miraba empinándose de puntillas para alcanzar los cordeles que cruzaban la azotea, con una gracia inigualable, como una bailarina de ballet.

De inmediato, decidí investigarla, por unos días caminé por el frontis de su casa, pregunté disimuladamente con algunos amigos y me ofrecí hacer las compras en la tienda sólo para pasar por su casa una y otra vez. A los 3 días ya sabía que se llamaba Isabel, se había mudado hace pocos días a la ex casa del mono contreras y estudiaba en el colegio nacional de mujeres.

Todas las tardes volvía a mi techo, me trepaba por una de las cañas que sobresalía y me sentaba a esperar que ella apareciera. Cerca de las 6 de la tarde, ella se asomaba nuevamente a recoger la ropa tendida, pantalones, polos y buzos pequeños, definitivamente de su hermano menor que asistía a la primaria.

Así pasamos unas buenas semanas, sin hablarnos, yo sólo la contemplaba y ella solía regalarme unas miradas de vez en cuando, en silencio, sin decirnos nada. Sólo sonriendo cada vez que nuestras miradas se encontraban. Hasta que una tarde Isabel se acercó al muro de ladrillos que separa su casa de la mía y me dijo “hola!, tendrás un libro de Historia del Perú que me prestes?”. Esas fueron las palabras que rompieron ese hielo construido por mi timidez extrema. De inmediato me acerqué a ella, era casi de mi tamaño, un poquito más baja nomás. Siempre con su gorrita para cubrirse del sol y su sonrisa de niña coqueta. Le dije que si, que me espere unos minutos. Bajé de mi techo, busqué entre mis libros, el de Historia del Perú, regresé al techo, trepándome por la caña y se lo presté.

Al día siguiente, otra vez nos encontramos en el mismo lugar. Me devolvió el libro tal y como se lo presté y desde allí, como un ritual, como una obligación placentera nos encontrábamos cada tarde a conversar. Nuestros encuentros eran fuera de lo común. No nos encontrábamos en el barrio, en la calle, en un parque o en un patio, nos encontrábamos en nuestros techos sólo para hablar de nosotros. Y no solo le presté mis libros de historia y matemáticas, sino unos cassettes, unas Revistas de grupos de rock y le regalé los dibujos que solía hacer a lapicero negro. Ella me prestó un cassette de “Jeannette” que si bien nunca le había prestado atención, desde esa fecha adoré a esa cantante y hasta hoy cuando la escucho en alguna radio limeña me viene a la memoria el nombre de Isabel.

Así pasábamos las tardes conversando del colegio y de su vida pasada. Ella me contaba que había vivido en Pisco Playa, en San Andrés y en San Clemente. Su vida había sido un trotar como gitanos por distintas partes de Pisco. Así pasaron los días y los meses hasta que llegó diciembre, el mes de la navidad.

Con los pocos soles que había juntado de mis propinas había decidido comprarle un regalo. Con un amigo del colegio, saliendo de clases nos habíamos ido a una tienda. Apenas teníamos 14 años y una vergüenza enorme de comprar un regalo para una chica. No sé por qué nos hacíamos tremendos enredos por cosas insignificantes. Con lo poco que había juntado logré comprarle una cajita musical, pequeña, a cuerda que cuando se abría aparecía una bailarina de puntillas dando vueltas y sonaba “Para Elisa” de Beethoven. Era precisa para ella, así como Isabelita se ponía de puntillas para alcanzar los tendederos de su casa.

Guardé celosamente el regalo en mi cuarto, hasta el 24 de diciembre. Subí al techo como siempre pero Isabel no apareció. Toda la tarde la esperé en vano. Mi madre me llamaba para que me bañe y me cambie antes que anochezca y yo seguía sobre el techo, recostado ya sobre el muro que separaba mi casa de la de ella, esperando que aparezca con su short diminuto y su gorrita con visera.

Con mi regalo en la mano, salté el muro y me dirigí hacia la puerta que llevaba al primer piso “Isabel” llamé bajito, mientras caminaba despacio. La reja que comunicaba al primer piso estaba entreabierta, Asomé mi cabeza “Isabel” llamé nuevamente, “Señora” empecé a decir esta vez y solo un eco tímido me respondió. Por un acto de valentía o estupidez empecé a descender las escaleras. Se me había ocurrido en ese momento dejarle el regalo en su habitación. Total! Yo, por el “mono contreras”, me conocía esa casa al revés y al derecho. El regalo tenía una tarjeta de esas pre-impresas, recontra “pacharaca” a la que había escrito: “Para: Isabelita”, “De: Eduardo” y más abajo “No es un libro de Historia del Perú”. Bajé con la firme convicción de entrar rapidísimo, dejarle el regalo sobre su cómoda y regresar de inmediato a casa. Ya me imaginaba la cara de Isabelita, sus ojos grandes y vivaces, sorprendiéndose de encontrar el regalo en su habitación y preguntándose como hice yo para dejarlo allí.

Llegué a la habitación de Isabel, que era la misma que había ocupado el mono contreras, no me había equivocado, mis dotes de Sherlock Holmes los tenía en los genes. Entré despacio como un ladronzuelo y en vez de dejar el paquete y salir corriendo me quedé mirando los “pinta uñas”, cremas, espejitos, peines, joyeros y cientos de chucherías que tenía sobre una cómoda. Dejé el regalo, haciendo un espacio y cuando me disponía a salir, suena la puerta de su casa abrirse. El ruido de esa puerta de fierro con vidrios era inconfundible. Recién allí entendí la magnitud de lo que estaba haciendo. Me escondí entre su cómoda y un ropero que tenía, de cuclillas y me cubrí con unos cojines viejos que había al lado. Temblaba como un teléfono en vibrador y empecé a sudar frío.

Unos pasos se acercaron a la habitación, directo entraron hasta donde estaba yo de cuclillas tapado con algunos cojines, era su hermanito menor. Entró como si fuera un sabueso siguiendo una pista y se paró frente a mi mirándome en silencio y yo que lo miraba por un espacio pequeñísimo entre dos cojines. Miró mis zapatillas que aparecían abajo. Luego giró el rostro a uno de los lados. Sentí temor que me acuse, que dijera algo, saqué mi cara entre los cojines y le dije “shhhhh”. Busqué entre mis bolsillos, saqué un sol y se lo dí para comprar su silencio. El niño recibió el sol y se retiró. Si bien había aceptado esa mísera moneda, no significaba necesariamente que me había salvado de su acusación, así que debía tramar una huida urgente. A los pocos minutos se aparece Isabelita, traída por su hermano. Se asustó de verme metido allí, encogido entre los cojines “que haces allí” me dijo sorprendida pero bajito, apretando los dientes. Le señalé con mi mano temblorosa el regalo. Después de advertirle a su hermano que no dijera nada, me susurró “tienes que salir de acá porque si mi papá te ve te va a matar”. Lejos de aliviarme sus palabras lo único que hacía era acrecentar más mi miedo. Pero sus padres estaban sentados sobre los muebles revisando algunas compras y desde donde se divisaba fácilmente el pasillo que llevaba a la escalera. Como cubrirme?, no lo sabía. “Ponte esto” me dijo Isabel y me alcanzó un vestido corto similar al que tenía puesto y de un lado del ropero sacó su gorrito y me dijo “y esto también” y sales corriendo, mis papás van a pensar que soy yo. Me puse encima el vestido, que llegaba hasta el largo de mi short y la gorrita.

Salí disparado y crucé el pasillo. Su padre levantó la mirada y quizás el disfraz improvisado, el contraluz del pasillo o mi espalda esmirriada, delgaducha habrían terminado por confundirlo. Trepé a trancos la escalera, de dos en dos, llegué a su azotea. De un salto pasé el muro de ladrillos y me descolgué por la caña que sobresalía. Cuando caigo al piso, se enciende la luz del corral y entraron mi papá, mis tíos, mis primos y primas que habían llegado de Lima a pasar navidad con la abuela.

Y yo con el vestido puesto y la gorra rosada sólo atiné a sonreír forzadamente y a decir “bienvenidos”. Y mi padre, sorprendido, pasmado, desconcertado, al verme en esas fachas, casi farfullando sólo gritó “Que mierda haces vestido así?”.

Wednesday, November 09, 2011

Choro Monse




Cuando arribé al trabajo el día lunes me había llegado un correo de Recursos Humanos. Me habían inscrito en un curso del Sistema de Calidad, donde iban a repasar la 9001, 14001 y 18001 y no sé cuantos “unos” más. Particularmente me considero un tipo medianamente inteligente pero no sé porque con las ISO’s me vuelvo un bruto, un obtuso, un zopenco. Debe ser porque no me gusta. Odio las cosas mecanizadas y peor aún si tengo que leer normas y aprender los numeritos de cada obligación y de cada registro.

Si bien no dije nada y me las aguanté como los machos pero por dentro estaba que quería explotar. Tantas cosas que tenía pendientes por hacer y me mandaban a este curso que odio. La verdad de tantas normas se me ha hecho un sancochado en la cabeza.

El día martes que era el bendito taller, me dirigí al hotel donde se iba a dictar las clases. Si hay algo bueno que tenía que sacar de esto es que no estaría en el trabajo y siempre hay buenos desayunos en los “breaks”. Asimismo, si los cursos me aburren me duermo de la manera más desvergonzada, cabeceo y hasta babeo en plena clase.

Era temprano y no había llegado nadie todavía “Buenos días señor, en que lo podemos ayudar” me dijo la recepcionista “Buenos días señorita, es por el curso del sistema de Calidad”, “Ah! Ok, por acá pase adelante, es en el piso 11”, “Gracias” le dije y le sonreí y me puse un poco nervioso porque la chica era preciosa y me pongo así cuando alguien me impacta a la primera.

Subí por el ascensor hasta el piso 11. No había nadie, así que elegí sentarme en la última fila, para así “pestañear” con confianza y nadie me esté incomodando.

Poco a poco empezaron a llegar todos los asistentes. Yo era el único de mi empresa y deduje que era porque habían notado que no había aprendido nada de los cursos anteriores. Así que me sentí como un lobo solitario. Mientras los demás formaban grupos yo estaba allí en la última carpeta haciendo dibujitos en un papel y comiéndome los caramelos que ponen como paliativos para que los alumnos no se duerman.

Arrancó el curso y a los diez minutos entró una persona tarde. Escuché el chirriar de la puerta abrirse “gente tardona irresponsable” pensé. Si hay algo que más odio es la impuntualidad. La persona que había llegado tarde, caminó unos pasos y sentí el golpe de una botella de agua sobre mi mesa, luego se sentó a mi lado.

Volteé a saludar a esta “tardona” sólo por cortesía, ella me miró y acto seguido me derretí como mantequilla en la sartén. Era una chica preciosísima con un lunar cerca de la boca. Juraría que de allí se inspiraron para componer “cielito lindo”. La belleza de sus ojos harían retroceder a cualquier mortal y su cabello largo sujetado con una peineta atrás me hizo poner inquieto. Yo que estaba refunfuñando entre dientes “gente tardona irresponsable” mis pensamientos la justificaron de inmediato “por el tráfico debe haber llegado tarde”. Además que importaba esa maldita tardanza si iba a llegar con tanta belleza encima. La justificaría así haya llegado a la hora de salida.
- hace rato que han empezado?- me preguntó bajito.
- noo, no, recién hemos empezado- le dije tartamudeando un poco
- Que han hecho?- respondió
- toma- le dije y le estiré mi separata llena de dibujitos infantiloides
- donde te han dado la separata?-
- toma es tuya, te la regalo- le dije mirándola a los ojos, tratando de ser amable
Ella sonrió.
- No te preocupes, acá me traen una-

Y la señorita asistente del curso se acercó y le entregó una separata y una lista de asistencia. Luego de revisar y buscar su nombre, me susurró “no estoy en la lista”, “debe haber una equivocación” le dije. Se puso de pie y se dirigió a hablar con la asistente del curso, no sin antes yo darle una miradita a sus espaldas, únicamente con fines estéticos.

Después de unos minutos volvió y me dijo que su empresa estaría arreglando su situación durante el día. Y yo que pensaba “aparte de ser bella es una chica entradora, que toma el toro por las astas, resuelve los problemas, como las que me gustan, yo que en vez de resolver problemas me meto en ellos, sería mi complemento perfecto, esa pieza exacta para hacer línea en mi tetris”. Escuchamos lo que restaba de las horas antes del primer “break”, como estábamos solos salimos juntos, tomamos unos jugos y unos sándwiches. En ese poco tiempo se interesó mucho en saber de mi. Le conté donde trabajaba y que me gustaba hacer, que hacía los fines de semana. De hecho que traté de impresionarla y le solté que me gustaba la música, que componía canciones, que me gustaba hacer deporte y hasta quedamos en que le pasaría un día la voz para ir a jugar frontón en el club que frecuento. Me pidió mi número, le dí el número de mi trabajo so pretexto, que más paro allí. Ella me dijo que había extraviado su celular y que me llamaría. Me dijo que trabajaba en una empresa, desconocida para mi, y que ocupaba el cargo de asistente del gerente. Practicaba deporte y de hecho que le creí, ese cuerpo no se hace así nomás. Se le veía muy preparada y entradora, definitivamente las relaciones públicas eran lo suyo.

En el “hall” había un piano, nos sentamos un rato y de la manera más infantiloide toqué lo único que sabía “London Bridge” con un dedo. Igual le gustó. Aún la tengo en mi memoria, sentados los dos en ese banquito del piano. Muy juntitos. Situación ideal para cantarle en el piano alguna baladita de Alejandro Sanz y caiga rendida de una vez en mis brazos, lástima que nunca aprendí a tocar piano.

En la siguiente hora nos pasamos como dos adolescentes escribiéndonos papelitos. “Que aburrido”, me escribió ella, en el mismo papel le respondí “odio las ISO’s… ya se me ISO un sancochado en la cabeza”. Ella sonrió. Escribió luego “Me caes muy bien, me gustas, almorzamos juntos?”. Cuando lo leí me estaba mirando y me sonrió de costadito. Temblé como perro Chihuahueño y debía responder algo inteligente sin ser muy mandado ni muy quedado “almorzamos de todas maneras, tú también me caes muy bien, si no fuera por ti ya me hubiera ido de este curso”. Me acobardé de escribirle de igual forma “tú también me gustas”. De inmediato me la imaginé en el ascensor los dos solos llevándola a alguno de los cuartos de ese lujoso hotel, besándola con lujuria con esa adrenalina que te da el temor de ser descubiertos, salir comiéndonos a besos, desesperados hasta la habitación. “Pasamos al break” dijo la expositora y me sacó de mis alucinaciones.

Salimos juntitos al almuerzo y nos dirigieron a un salón grande donde estaban las mesas dispuestas. Nos sentamos en una de ellas y nos sirvieron esos almuerzos feos dizque “gourmet”. Lo que a mi respecta me gusta la comida criolla no me vengan con nombrecitos raros y sírvanme mis frejoles con seco, mi mancha pecho, mis pallares con asado o mi lomo saltado. Pero para mi mala suerte había soufflé de no sé qué cosa y otros nombres rimbombantes pero más feos que comida para chancho.

Almorzábamos de los más felices. A mitad de su almuerzo me dijo. “un ratito, me he acordado que tengo que hacer una llamada urgente”. “Llama de aquí” le dije y le extendí mi celular. “no, no te preocupes” me dijo. “no de verdad, llama nomás”. “eres lindo” me dijo y puso su mano sobre la mía “pero no puedo aceptar. Espérame un minuto ya regreso” agregó y puso sus manos en sus labios, dio un beso y me lo estampó en la mejilla. Me dejó como el chavo del 8 cuando recibía un beso de Paty, la nueva vecinita. Me puso “sedita” con eso y de inmediato revisé si hoy estaba preparado y si había traído los calzoncillos adecuados para la ocasión. Ella salió por el pasillo, no sin antes, yo darle la segunda revisión de sus espaldas, únicamente con fines estéticos, insisto.

Pasó un minuto, luego cinco, luego diez y me empecé a preocupar. Yo que prácticamente había dejado de comer sólo por esperarla, mientras me imaginaba una vida a su lado, “una casa frente al parque y un pequeño de repente”. Su plato de comida aún estaba a medias. El arroz apenas revuelto con ese amasijo de champiñones que habían servido. Mi cabeza empezó a tejer mil explicaciones. Ya todos empezaron a terminar y a salir a darse una vueltita por los pasillos. Yo también hice lo mismo. La busqué con la mirada. Me caminé todos los pisos. Me asomé por los baños. Una que otra salía y se sorprendía verme espiando por el baño de mujeres. “Disculpa has visto a Sandra, debe estar dentro”. “no la conozco” me respondían. “tiene un lunar cerca de la boca”. “ya no hay nadie adentro”.

Pensé, tal vez alguna mala noticia?, algún imprevisto? Estaba mal del estómago?, estaba con la bicicleta acaso?, algún trabajo urgente?. El tiempo del “break” se venció. Regresé al piso 11 y mi mesa estaba vacía y “yo que quisiera mirarla en su pupitre porque si ella ya no vuelve mi salón será muy triste”, me senté atribulado, pesaroso, acongojado, preocupado.

A los minutos todo tendría una explicación, las carteras de las asistentes y la lap top de la expositora habían desaparecido. Para colmo sólo le habían dejado el cable colgando. Empezó el alboroto. Vinieron los de seguridad y todos empezaron a apuntarme como cómplice. Un poco más y estuvieron a punto de hacerme justicia popular, de lincharme y quemarme vivo atado a una de las columnas del hotel. Ya veía yo mi rostro en una de las portadas de “El Trome” o “El Chino”: “Queman vivo a raterillo monse”. Terminé en la comisaría dando mi declaración, gracias a Dios, no pasó a mayores.

Cuando llegué a casa, muy tarde ya, confundido, indignado, enfadado conmigo mismo, cayó de entre las hojas de mi separata un papel diminuto. Lo levanto y decía “si te hubiera conocido unos años atrás me hubiera casado contigo… lo siento” y firmaba Sandra.

Thursday, November 03, 2011

Los Amigos Que Perderé - El Chiri





En “Los amigos que Perderé” hablaré de las muchas personas que tuve el gusto o disgusto de conocer a lo largo de mi vida. Algunas de ellas amigos, otros sólo compañeros de trabajo o estudio o simplemente conocidos, cada quien con sus características, sus defectos y virtudes. Si eres mi amigo y estás leyendo estas líneas, no deberías confiarte de este sujeto. Puedes aparecer en este blog.

Hoy no sé porque me vino a la mente mi amigo Vicente Chiriboga, quien trabajó conmigo en la Municipalidad de Jesús María. Bueno, yo en ese tiempo trabajaba para un service y él directamente para la Municipalidad.

El Dr. Vicente Chiriboga trabajaba en el área Legal de la Municipalidad de Jesús María, donde yo también por esos devaneos de la vida había ido a parar allí a trabajar de apoyo administrativo, mientras buscaba un mejor lugar donde desarrollarme profesionalmente. Trabajábamos en la misma sección por lo que habíamos coincidido en llevar juntos algunos casos de ex trabajadores que entablaban juicio a la municipalidad por algún abuso o despido arbitrario; bueno yo sólo lo apoyaba a través de la disposición de información sobre los trabajadores implicados porque de juicios y derechos sé tanto como química cuántica espacial.

Habíamos formado con otros trabajadores un grupo de amigos compacto y de mutua confianza. Almorzábamos juntos y algunos fines de semana salíamos al karaoke o algún bar a celebrar el cumpleaños de uno de nuestros integrantes.

En el grupo habíamos apodado a Vicente Chiriboga como “El Chiri”. Se quedó con ese mote, ya nadie lo llamaba por su nombre. El Chiri era un tipo alto, poco agraciado, dientes amarillos y picados. Parecía poco amigo de la limpieza personal. Cuando se levantaba del asiento dejaba una estela de olor a poto a su paso. Tenía dos hijos y una esposa quien inexplicablemente lo celaba y que con esos actos se convertía, tal vez inconscientemente, en firme defensora del dicho “el amor es ciego”. Sin embargo, si algo hay que reconocer es que El Chiri tenía muy buena labia, de hablar pulcro que contrastaba enormemente con su apariencia física y con un nivel de cultura general muy por encima del promedio. Jugaba muy bien el deporte ciencia y en más de una vez me atreví a retarlo con resultados poco alentadores. A pesar de percibir una remuneración por encima del promedio siempre andaba a las justas, con sólo su pasaje de regreso. Más de una vez le presté un sol para que pueda regresar a casa. Algunas veces traía los pantalones remendados o el cuello de la camisa gastado con algunas hilachas saliendo. Cuando se sentaba cruzaba las piernas y exhibía sus pies jactándose de calzar 45, ¿y si te cortas las uñas? le respondía siempre. Porque más que fijo dentro de esos zapatos se escondían algunos dedos hediondos con uñas amarillentas larguísimas como garras de una arpía.

Si hay algo que me sorprendía, es que este tipo por lo general no almorzaba. Su refrigerio consistía en 2 paquetes de galletas dulces y una gaseosa, y si alguna vez lo vi comer un plato de comida, siempre fue una carne frita, hamburguesa o cualquier otra comida chatarra. Quizás esa alimentación basada en frituras y comidas llenas de grasas saturadas le afectaba el buen funcionamiento de su estómago pues solía ser frecuente visitante de los servicios higiénicos, y como lo mencioné inicialmente era poco amigo de la limpieza personal. Siempre que su sistema digestivo le urgía una evacuación, me decía “voy a pasar un fax”, agarraba unas cuantas normas legales que apilaba en su oficina, las ponía bajo el brazo y acto seguido se dirigía a liberar los intestinos. Literalmente nuestro abogado defensor se cagaba en las leyes.

No sé de cuando, pero uno de esos días empezó a correrse el rumor en la oficina que su esposa del Chiri, no quería tener relaciones sexuales con él, por lo que El Chiri había optado por dar rienda suelta a sus pasiones con una papaya. Esto resultó gracioso e inverosímil y se tejió una serie de historias alrededor de ello, como que su esposa en las noches apagaba la luz, se ponía una papaya con un orificio entre las piernas y le engañaba al Chiri que estaba teniendo relaciones sexuales con ella, incluso por ahí, alguien más agregó que el Chiri, todas las mañanas tomaba de desayuno jugo de papaya.

Pero el Chiri era mi amigo, era muy entretenido conversar con él, sobretodo hacer una especie de competencia de cultura general. Nos divertíamos tratando de responder las preguntas del fenecido programa “Quien quiere ser millonario”.

Las cosas cambiaron cuando el Chiri conoció en una reunión de trabajadores Municipales a una mujer alta de provincia. El quedó impactado, como cuando una bala entra directo al corazón, al purito músculo sin rozar ninguna costilla y ella le dió cabida porque él solía decir que era el Asesor Legal de la Municipalidad. El Chiri perdió la cabeza, muchas veces salía del trabajo temprano, abordaba el primer avión a Trujillo sólo para estar con ella un par de horas y regresaba el mismo día a Lima en el vuelo de la noche. Abandonó mujer e hijos y dejó su casa. Ella vino de provincia para casarse con el Asesor Legal. Ya después, cuando era muy tarde, ella descubriría que él solo era un abogducho más de la Municipalidad.

La última vez que lo vi, lo encontré casi igual que la primera vez, los pantalones remendados, el cuello de la camisa gastado con hilachas que salían. Su primera esposa le había hecho juicio y le quitaba el 60% de su remuneración. Al final de la conversación, me pidió un sol para regresar a casa.

Wednesday, October 26, 2011

A La Tercera Va La Vencida (Parte Final)



Viene del Post anterior. Dar clic AQUI

Cuando empezó el desfile, primero pasaron los colegios locales, luego pasaron los invitados, antes de nosotros el colegio de mujeres donde iba Miluskita que marchaba graciosa, coqueta con casi una sonrisa en los labios. Mentalmente le decía “Las piernas no tan altas niña bonita no quiero que cualquier viejo degenerado se vaya a ganar con tus atributos”. Y luego seguimos nosotros. Pasé marchando. Me habían puesto al final. Como no había ido a ningún ensayo iba descompasado de la banda que nos acompañaba. De vez en cuando cambiaba el paso, pero ni uno ni otro, no llegaba a alinearme con los demás. Y mi chompa ploma era notablemente más clara que el resto del batallón.

Demás está decir que mi colegio no obtuvo ningún gallardete. El resultado fue el siguiente: “Colegio José de San Martín, Segundo batallón, 8 puntos, uno de sus integrantes no llevaba el mismo uniforme que los demás; Paso Marcial: 7 puntos, uno de sus integrantes iba de forma desigual que el resto”. Creo que no debo decir quién era ese sujeto.

Pero a quien carajo le importaba el desfile y un gallardete que no era más que un palo con un banderín en la punta. A mi solo me importaba Miluskita y estar con ella. Pasear tomados de la mano en silencio, porque allí las palabras sobran, una miradita, una sonrisa, un beso, el aire en sus cabellos, sus labios suaves sin maquillaje y sus manos blancas acariciando las mías. Yo sólo quería estar a su lado sin importarme más nada.

Acabó el desfile con el catastrófico resultado. “Rompan filas” gritaron a unos metros de mi oído, y yo me salí rápidamente del tumulto y buscaba con la mirada a Miluskita. Cuando me tocaron el hombro, volteé con el corazón en la boca de encontrar a mi reina y princesa y me encontré con la cara de uno de mis amigos, cara por demás horripilante. Y me dijo casi susurrando “Oe Eduardo, vamos a ir al chongo de Chincha, habla te anotas?” y miraba para todos lados como si alguien lo persiguiera, “Habla de una vez que no tenemos tiempo” añadió. “No, no pasa nada, voy a estar con Miluskita” le respondí. “bueno weón, allá tú. Tú te lo pierdes… pisado”. Y se retiró gritando “Antiguos espíritus del maaaal…”

Desesperado seguí buscándola con la mirada. La ví a unos metros en un grupito de estudiantes. Me acerqué. Sus amigas, después de todo habían terminado por aceptarme. Solía llevarme bien con ellas. De hecho sabían que Miluskita se iría conmigo y las dejaría “Pero que se va hacer chicas es la ley de la vida, y que culpa tengo yo que estén solas, posiblemente ya algún varón macetón las buscará y las pretenderá”.

Me jaló al grupo y caminamos todos juntos dirigidos por una de sus amigas por una callecita estrecha de Chincha. Llegamos y entramos todos en mancha a un hotel. Su amiga pidió la llave y pasamos al tercer piso. Yo era el único hombre rodeado de 5 féminas. Era una habitación grande con baño propio. Las chicas habían traído en sus bolsos ropa de calle para cambiarse. “hoy va haber discoteca en el centro, nos vamos a cambiar” me dijo una de sus amigas, “así que nos esperas afuera” agregó. Cerraron la puerta y me quedé parado en el pasillo con mi uniforme y mi chompa ploma sin saber que hacer. De vez en cuando pasaban algunas personas y me miraban como bicho raro. Después de varios minutos, por no decir muchos minutos, me abrieron la puerta y pasé nuevamente. Estaban terminando de arreglarse y ponerse un poco de maquillaje en sus caras de aún niñas. Miluskita no necesitaba más. Ella era preciosa, porque así nació con la sonrisa que le ilumina el rostro y con sus ojos coquetones.

Sus amigas salieron una por una y cuando yo pensaba también abandonar ese cuarto, Miluska me susurró “quédate”. La última al salir, simuló cerrar la puerta, la volvió a abrir y nos dijo “chau chicos cuídense… y cuando digo cuídense es en toda la extensión de la palabra”. Nos dio un guiño y cerró la puerta.

Estaba por demás nervioso. No sabía que hacer. Yo que había esperado este momento para estar con ella a su lado, ahora estaba hecho un manojo de nervios sin saber por donde empezar. Nos quedamos en silencio sentados en la cama uno al lado del otro, mirando los dos al piso. Luego nos miramos al unísono y sonreímos. Le tomé la mano quedito y le susurré “te amo” y la besé. Miluska también me besó y nos abrazamos sobre la cama y nos devoramos como dos presos recién salidos de prisión.

Miluskita me besó como solo ella sabe. Me besaba de forma única, despacito, succionaba mis labios, arriba, abajo, metía su lengua en mi boca, luego otra vez despacio, luego me lamía como un helado, me chupaba como un chupetín, me mordía suavecito como un flan. Jugaba con mi lengua como ella sola.

La acaricié, toda y cuando ya estábamos piel con piel, cuando ya no había sufrido por sacar el brassier o su calzoncito “mochita”. Como dos locos desesperados me subí sobre ella e intenté ingresar en su anatomía. “ayyy” me dijo, “me duele, me duele” me decía. Y yo sintiéndome quizás, superdotado, sintiéndome un macho de aquellos, le susurraba despacito “te amo Miluskita siempre voy a estar contigo”. Nuevamente y poco a poco nuestros tesoritos se entregaron mutuamente en ese rito de amor.

Recién me acordé que debía tener protección cuando en una de esas arremetidas, en uno de esos zarandeos, en uno de esos agitamientos, luego de mis tres minutos de gloria, sentí venir el mundo y con un jadeo casi interminable terminé dentro de Miluskita. Me quedé sobre ella sobre su cuello. Un hilo de baba salía de mi boca y corría por su hombro. Ella me sacó del trance “Eduardito… oye!, ... que pasó?”. “me vacié” le dije con ese vocabulario procaz poco técnico. “Idiota” me dijo y me empujó con sus manos. Me miró y se rió de mi. “vas a ser padre idiota” me dijo una vez más y volvió a sonreír y a darme de besos. Nos quedamos tirados sobre la cama, de costadito, mirándonos, susurrándonos “te amo’s” y pensando que nombre ponerle a nuestro primer vástago. “yo quiero que se llame Joey… como Joey Tempest de Europe”, decía Miluskita, “no, mejor Paul, como Paul Stanley” agregó. “Bueno si sale como yo, más se parecerá a Paul Pfeiffer” le dije y empezamos a reír.

Después de unos minutos, de recuperar fuerzas, de reponernos del desgaste, me transformé otra vez y saqué mi espada y empecé “Thunder, thunder, thunder, thundercaaaats” y nuevamente comenzamos a enredarnos, a besuquearnos, a lamernos, a amarnos hasta ser como uno solo. Pero esta vez juro, ¡Juro! que duré mucho más. Bastante más. Lo suficiente para que Miluskita sea feliz.

Friday, October 21, 2011

Primer Premio















Este post, es un post fuera de lo normal, ya que no estaba en mis planes escribirlo pero dos personas a quienes aprecio muchísimo me han dado mi "primer premio" (Mimy y Bellarte).
Aunque pensándolo bien ya no sería mi "primer premio" pues tengo dos.

Bueno, estos premios son muy especiales para mi porque me lo han dado mis amigas bloggeras a quienes siempre leo y sigo (en el orden que me dieron el premio):

Mimy: Siempre con sus enseñanzas y sus ejemplos me da una sacudida de cerebro y me hace pensar en lo que tengo, en lo que deseo, donde estoy parado, las personas que me rodean, el verdadero valor de las cosas y digamos que me hace reflexionar, hace ejercitar mi cerebro y mirar las cosas diferentes.

Bellarte: Sus relatos oscuros y lúgubres me sitúa en el otro lado de mi cerebro. En esa parte de nuestros pensamientos que a veces no queremos explorar. Sus relatos de ficción me hacen pensar que estoy viendo una película o leyendo un libro de terror. Pero a pesar de sus escritos, todos sabemos que ella es un "encanto".

Como el premio viene con batería de preguntas, acá van mis respuestas:

¿Un cielo despejado o uno nublado?
Los dos. Depende de la situación. "Cielo serrano, cojera de perro y llanto de mujer, no debes creer".

¿Qué piensas cuando ves una bandada de pájaros atravesar el cielo?
Lo primero que pienso es esconderme no vaya ser que me llenen la cabeza de popó.

¿Te gusta tumbarte a mirar las nubes?
Si, me gusta tumbarme a mirar las nubes. Si de pasada puedo tumbarme a una fémina para que mire las nubes conmigo, sería genial.

¿Te consideras una persona "en las nubes"?
Creo que paro en las nubes todo el tiempo porque ya me van robando varios celulares y no me doy cuenta en que momento me los sacan.

¿Eres de los que piden un deseo cuando ven una estrella fugaz?
No. La primera y única vez que vi una estrella fugaz pedí como deseo un largo romance con una fémina. Pero más "fugaz" me resultó ella porque se fue rapidito con otro.

¿Crees que hay vida en otros planetas?
Por supuesto que si. Creo en los extraterrestres, en los platillos voladores y en Luciano el Marciano "Lau Lau que rico lau".

¿Te afecta el tiempo?
Me afecta porque cada año me hago más viejo.

¿Alguna canción que te sugiera ingravidez?
Tuve que buscar en el diccionario que era ingravidez para poder responder. He pensado en un tema en nuestro idioma y lo primero que se me vino a la mente es "Cadillac Solitario" porque significó mucho en una parte de mi vida amorosa. Si bien nunca tuve un cadillac pero sin un Escarabajo del 71 que cumplía las mismas funciones que se relatan en la canción "...y dice la gente que ahora eres formal y yo aquí borracho en el cadillac, bajo las palmeras luce solitario"




Bueno, es difícil escoger a 5 blogs, porque cada blog que sigo es porque da un equilibrio a mi vida. Cada blogger tiene una temática que aporta para que este sujeto esté estable y pueda escribir. Ahí los nombro sin ningún orden (bueno, primero las damas!):


wow se me quedaron varios (as) en el tintero pero me cuesta poner el enlace, sorry.

Thursday, October 20, 2011

A La Tercera Va La Vencida (Primera Parte)



Miluskita, no hay cielo que cubra lo que siento por ti y nada se parece a ti, busquemos la manera de vivir “no lo dejes morir”. Por eso ahora que estás frente a mi, ahora que estamos “face to face” y no hay más pretextos que valga voy a amarte y voy a dejar que me ames, porque no hay nada más grande que este amor por demás sincero y lleno de harta miel y melcocha.

Era 1990 y era aniversario de la ciudad de Chincha y como todos los años habían invitado a desfilar a algunos colegios de las provincias vecinas. Miluska estudiaba en el colegio de mujeres y yo en el de varones. Recuerdo que me dijo “nos vemos en Chincha?”, y yo “En Chincha?... que hay en Chincha?” y ella me respondió “Que? No vas a ir a desfilar?, nosotros vamos a ir por su aniversario”, y yo que estaba perdido en la “luna de Paita” y no tenía la más mínima idea que era aniversario de Chincha y le dije “Ok, voy a ir no te preocupes”.

Al otro día al llegar al colegio, me enteré que el desfile iba a ser un viernes y que el colegio llevaría la escolta, la banda y dos batallones para que hagan gala de su marchar gallardo. Y los que no desfilarían asistirían normalmente al colegio a continuar con las clases de siempre.

Yo que siempre he sido un opositor de los desfiles. Yo que me había negado siempre a participar en esas descerebradas celebraciones, yo que siempre había dicho que no existe un razón para que un pobre niño esté tantas horas paradas para que pase desfilando como si el colegio fuera un recinto militar o una prisión de máxima seguridad. Yo que siempre propuse que para las fiestas patrias se hagan concursos de bailes folklóricos, de canto de música criolla, huaynitos, de quena, danza; ahora estaba desesperado por inscribirme en algún batallón para ir a desfilar a Chincha.

Después que Miluskita me dijera que iba a estar por esos terruños y que luego del desfile podríamos pasearnos por la ciudad de Chincha, corrí de inmediato donde el Auxiliar, porque así los llamábamos en esos tiempos, no existían tutores. Eran auxiliares y solían andar con un palo en la mano. Recuerdo que entré a OBE. “Auxiliar buenos días”, “buenos días alumno. Tú eres…”; “Eduardo, auxiliar, Eduardo Rodríguez”, “Ah ok, en que te puedo ayudar”. “Auxiliar, me quería inscribir para marchar este viernes con el colegio”, “Marchar?... mmm, a ver primero tus notas, cualquiera no puede ir a desfilar así porque sí… mmmm a ver” decía mientras con su dedo buscaba en un registro de hojas blancas llena de cuadritos pequeños. “Acá estas, Rodríguez Eduardo… ah, estás bien, tienes buenas notas, peroooo, peroooo, ya no hay cupos para desfilar, tenemos dos batallones, más la banda y la escolta, están llenos los ómnibus”; “Pero auxiliar, yo quiero desfilar”; “Pero tú desde cuando acá quieres desfilar, nunca te he visto en los desfiles”; “Si pues lo que pasa es que ahora quiero representar a mi colegio”, deslicé la mentira más absurda y ruin para ocultar que mi verdadero motivo era una fémina de sonrisa radiante y de piernas voluminosas. “Nada, lo siento, para la próxima te voy a anotar si quieres, desde ahorita” y agarró su lapicero y anotó en un block que tenía como carátula “Desfile, aniversario ciudad de Ica” y puso mi nombre como cabeza de lista.

Regresé derrotado al salón sin saber que hacer. Al salir de clases, pasé como siempre por el colegio de mujeres y me encontré con Miluskita con su mochila jean al hombro, llena de pins y de garabatos con tinta negra, donde había dibujado los nombres de los grupos que más le gustaban “Europe”, “Kiss” y “Bon Jovi”. Le dí el alcance, y la saludé a ella y sus amigas. Nos retrasamos un poquito. “Vas a ir?” me preguntó, “después del desfile nos vamos a pasear y tomarnos un vinito” me dijo y sonrió pícaramente. Temí decirle la verdad, que era un fiasco y que ni siquiera podría acompañarla y le mentí “sí” le dije, “no te preocupes, allí estaré”, agregué y parafraseando una de sus canciones favoritas le susurré con mi inglés masticado “I’ll be there for you, these five words I swear to you” y rocé su mano con la mía.

Avanzaban los días y yo no encontraba solución alguna a mi problema. Cuando llegó el viernes, me cambié impecablemente con mi uniforme y ya previamente le había mentido a mi madrecita santa que todo el colegio iba a desfilar a Chincha y que tenía que ir, que era obligatorio, bajo pena de un rojo en la libreta, sección conducta. Salí rápido y me fui al colegio más temprano de lo debido. Cuando llegué dos ómnibus estaban parados en la puerta. Un grupo de entusiastas muchachos ya estaba adentro y se habían agarrado los asientos posteriores para ir haciendo “chacota”. Llegué y me presenté. En la puerta del ómnibus estaba uno de los auxiliares. Apenas me vió me dijo “Apellidos y nombres”, “Rodríguez, Eduardo Rodríguez Auxiliar”; “a ver”. Buscaba con su dedo en una lista larga ordenada alfabéticamente, “nada, no estás”. Luego me miró de pies a cabeza. Me dió una “escaneada” minuciosa y me dijo “y su chompa alumno”. Miré a todos los que estaban detrás y todos vestían su chompa ploma oscura y su insignia del colegio en el pecho, mientras yo, solo vestía mi camisa blanquísima, que fácil hubiera pasado el desafío de la blancura. Tartamudeé, titubeé y solo se me ocurrió decirle “yo soy el del batallón que va con camisa”. “No hay batallón con camisas, todos van iguales, además no estás en la lista, así que pasa a clases nomás”. Me di media vuelta con la moral en el piso. De una ventana me gritó uno de mis amigos “Oe Mum-ra, que pasó?, porque te han shoteado?”. Sonreí y le dije “Me olvidé de la chompa”. “Más cojudo no puedes ser, anda trae tu chompa de tu casa, apúrate”. Simulé que no me importaba. Hice un gesto con la mano y le dije “Me voy a clases mejor”.

Pero el amor podía más. Peor aún que ese día iría infinidad de lobos que estarían atrás de mi chica. Odiaba a sus amigos que siempre estaban dándole vuelta y esperar mi menor descuido para lanzarse como hienas por su presa, “porque el cariño es como una flor que no se puede descuidar”. Hice la finta que regresaba al colegio y me fui caminando por una de las callecitas contiguas. Caminé casi sin rumbo con la mirada perdida y llegué hasta el mercado. Un viejo con una camisa cochina llamaba a voz en cuello “Chincha, Chincha, vamos pa Chincha familia”. Se me iluminaron los ojos. Me envalentoné y me subí a esas combis sucias y me fui. Me fui sin conocer y sin tener la más mínima idea donde iba a ser la concentración. Llegué después de 40 minutos y encontré infinidad de alumnos, miembros de las fuerzas armadas, bomberos e institutos, cerca de la plaza de armas, todos correctamente uniformados, concentrándose para lo que iba a ser el desfile. Me fui al mercadillo y busqué una chompa ploma oscura. Compré la primera que encontré y no me percaté que era ligeramente, por no decir, notablemente más clara que la chompa oficial del colegio. Me la puse y regresé donde estaban los alumnos. Cuando pasé por la concentración de marchantes, busqué con la mirada a Miluskita. Ya estaba allí, preciosa ella con su uniforme plomo, su falda corta y su cordón de policía escolar rojo con blanco trenzado sobre su hombro izquierdo. Cuando la vi, otro escolar con un uniforme verde oscuro, fijo del colegio particular, le estaba hablando, diría yo por sus gestos, tratando de cortejarla. Cuando me vio Miluskita, me sonrió y el sol, por arte de magia, apareció con fuerza en Chincha. Se olvidó de su interlocutor y se acercó a saludarme. “hola” me dijo con su sonrisa despreocupada “donde están ustedes” agregó. “estamos por allá” le mentí. No quise decirle que estaba allí solo, perdido, como un osezno expulsado de la manada, en esa ciudad desconocida sin nadie más que ella. El grito de su auxiliar hizo que me dejara “chau chau” me dijo, “nos encontramos al final” agregó y me guiñó el ojo.

Caminé y caminé buscando entre cientos de grupos alguna cara conocida, hasta que encontré a mis amigos. Como haciéndome el loco, ocultándome entre la multitud fui a parar a la cola de uno de los batallones “Oe mum-ra llegaste? En que ómnibus viniste?” me dijo uno de mis amigos “shhhh” le dije y me paré al final. Al avanzar las horas ya me había integrado al grupo, cuando al auxiliar se le ocurrió pasar lista. Cuando llegó a mi lado: “apellidos y nombres” dijo en tono militar, “Eduardo Rodríguez”, “mmm no estás” Me miró nuevamente de pies a cabeza “Tú no eras el que estaba en la mañana en el colegio?”, “yo?” dije de la manera más cínica, “noooo” agregué. “bueno, no estás”, “anóteme pues auxiliar, al final” dije en tono de súplica. Como habían faltado algunos, conseguí que me anotara en la lista de marchantes y así poder justificar mi ausencia en el día de clases...

(CONTINUARÁ)

Estrella de Rock



Soy melómano. No concibo mi vida sin música. Podría vivir sin cine, sin televisor, hasta sin libros, pero quizás no podría vivir sin música. Y comparto plenamente lo que dice Fernando Vallejo “el cine es muy poca cosa al lado de la literatura, y la literatura es muy poca cosa al lado de la música”.

Por eso siempre quise ser una estrella de Rock. Quise estar rodeado de “groupies” y que mi lema sea “sexo, drogas y rock and roll”. De hecho, nunca le entré a las drogas, (ni lo volveré a hacer!) y el sexo tampoco fue mi paradigma por mi extremada torpeza en relacionarme con las chicas. Por eso solo me quedó el rock and roll, mi camino, mi alternativa para que me persigan las chicas bellas, las chicas raras, las metaleras, las chicas vestidas de cuero, para que se metan a mi remolque y me agarren a latigazos. Yo quería ser como Tommy Lee Jones y tener mi Pamela Anderson y que mi tesorito se muestre en un video por toda la red, como Bret Michaels y tener mi programa “Love of Rock” y estar rodeado siempre de chicas guapas empapadas en alcohol o como Gene Simmons y tener mi conejita Play Boy y poder mostrar mi lengua sin más miramientos.

Por esta acérrima afición, a los 16 años aprendí (bueno “aprendí” es un decir) a tocar guitarra a fuerza de voluntad y a costa de los oídos de mis hermanas. Y a los 17 años formé mi primera Bandita de Rock, de heavy metal. Mi bandita de flacuchentos pelucones. Claro que si me ven ahora con mi pinta de señor serio y cara de nerd ni me creerían que en mis años mozos anduve greñudo con un arete de cruz invertida en la oreja izquierda y por los caminos del rock and roll.

El primer escollo que tuvimos que pasar como banda fue “ponerle nombre al grupo”. Buscábamos un nombre que atrape, que de miedo, que nos haga ver como rebeldes sin causa, como chicos malos del rock and roll; pero las propuestas que lanzamos sólo era una lista interminable de nombres ridículos, absurdos, irrisorios o estrafalarios. Sólo por nombrar algunos “Panteón”, “Ataúd”, “Espectro”, “Castillo Sucio”, “Los Perros Hambrientos”, “Las Cucarachas Enojadas”, “Los Pirinchos”, “Los buitres del Amor”, “Las Pulgas Saltarinas” hasta terminar con “Espaldas Mojadas”. Pero bueno, era una democracia y se respetaban las ideas (admito que propuse como nombre para la banda “Eduardo y sus amiguitos” pero tampoco fue aceptado no sé porque).

Para la única presentación que habíamos conseguido por esas fechas era indispensable el nombre de la banda, para que se estampe en los volantes de fondo negro y letras fúnebres. Aquel día el organizador, nos anotó, nos hizo firmar un seudo contrato en el cual a cambio de presentarnos teníamos que vender 15 entradas. Y aún me resuena en la cabeza sus palabras “A ver, ustedes son el grupo…?”. Un silencio sepulcral por unos segundos, hasta juraría que escuché la estridulación de un grillo, “Los Bestias… somos el grupo Los Bestias” interrumpió uno de los guitarristas. Todos nos miramos con cara de sorprendidos, porque jamás ese nombre se barajó entre las posibilidades, pero delante del productor nadie dijo nada.

Saliendo de las oficinas le dijimos de todo pero ya estábamos inscritos, no había nada que hacer, no había marcha atrás y nos tuvimos que quedar con ese nombre. Así empezamos a presentarnos en algunos pubs de la Lima ciudad.

Mi papá cada vez que venía a visitarme a Lima y al verme con mi bajo practicar y al no acordarse del nombre de mi banda solía cambiarlo con algún sinónimo, “Como van Los Imbéciles”, me decía, “ahí papá, ensayando”, le respondía. Pasaba otra semana, se aparecía por Lima y otra vez “Sigues tocando con Los Idiotas”. Yo solo sonreía y le respondía que si. Y la última que recuerdo fue “Cuando sacan su disco pues Los Subnormales”.

Pero yo me mantenía firme en mi convicción de querer ser estrella de rock. Y mi momento de gloria no tardaría en llegar, a fuerza de voluntad y de ensayos, y de cambiarnos el nombre por supuesto, logramos tocar en algunos locales conocidos de Barranco y Miraflores.

Y mi corta carrera de músico metalero terminaría un día de gloria infinita que aún guardo en mi memoria. Diría yo que ese día fue una mezcla de felicidad e infelicidad por lo sucedido.

Era un día de setiembre y nos presentábamos en Miraflores. Como nunca, se había reunido un buen número de personas que habían ido a ver a las otras bandas por supuesto, pero cuando nos tocó saltar al escenario el público se hizo nuestro. Tengo grabada en mi memoria a fuego vivo como la gente coreó nuestras canciones y respondió a cada grito de guerra que lanzábamos. Escuchar que un grupo numeroso de personas desconocidas canten una letra o música que nació de tu corazón sólo es comparable a un orgasmo.

Pero bueno, aquel día, siendo un adolescente inexperto me había aplicado grandes dosis de esa “cervecita, licor amargo que era culpable de mis desgracias”, más las arengas que lanzaba el entonces vocalista de la banda, me desconocí y salí como una verdadera estrella de rock al escenario. Yo, que solía tocar tímidamente atrás, me transformé y alentaba a la gente y el público que me respondía. En las canciones hacía mi show y los adolescentes eufóricos empezaron a amarme. Me sentí una estrella de rock carajo!. Era mi día más feliz. Les juro que fue mi momento de gloria. Y de tanta euforia, cuando interpretábamos nuestra última canción, aquella canción que escribí junto a un amigo en un momento de frustración por la vida, y al escuchar al público corearla y “poguear” me emocioné al tope, creo que casi tuve un orgasmo sobre el escenario. Y envalentonado por los litros ingeridos de alcohol, me subí a uno de los amplificadores y me lancé al público, como quien se lanza para ser recibido con las manos en alto.

Todo hubiese estado bien si es que el público no se abría. Del tumulto de personas que había en el recinto se formó repentinamente un espacio vacío, no sé cómo. Nadie me recibió y fui a caer como una bolsa de cemento, como un costal de papas, como un zapallo reventado sobre el frío cemento, incluido mi bajo. Por un momento perdí el conocimiento. Cuando abrí los ojos solo vi sombras y sombras de personas a mi alrededor y murmullos. Ya no había bulla, solo mis lamentos dolorosos. El resultado “traumatismo encéfalo craneano, gastro hematoma, policoma con complicación cervical” (bueno, es una exageración) y el mástil de mi bajo roto.

Demás está decir que se acabó la presentación del grupo, no nos volvieron a llamar nunca más y no pude tocar el bajo por unos buenos meses.

Esta es la canción que tocábamos en esas fechas y que volví a grabar posteriormente con mi nuevo grupo “Thelonius” (y que para variar ya no existe). La canción se llama “Instintos del Mal” y el video sólo es una secuencia de imágenes. Yo no canto. Soy el bajista. A ver si logran escucharla hasta el final.

Aclaración 1: “la letra no fue escrita por Bellarte”.
Aclaración 2: no se hagan la idea que hasta la fecha tengo pinta de rockero. Ahora tengo pinta de nerd.


Friday, October 14, 2011

Segundo Intento



Después del incidente con Miluskita y todo lo que tuve que soportar por este amor que le tenía, volvimos nuevamente a frecuentarnos, esta vez lejos de su casa. Ya no era bienvenido allí. Su madre no me quería ver y su hermano, nunca supe si se enteró o no, pero cuando lo veía por alguna calle prefería evitarlo, la conciencia cochina de quien ha cometido un delito me hacía rehuir de su presencia. (Ver post: “La Primera Vez” AQUÍ).

Durante ese corto tiempo que nos habíamos dejado de ver, esperando que se calmen las aguas, empecé a ocupar mis tiempos con mis amigos. Primero se sorprendieron de verme más seguido en aquella esquina, pero con un par de mentiras dejaron de instigarme con sus preguntas acuciosas.

Era una tarde y Fernando, quien se supone era el más experimentado del grupo y quien me había aconsejado y me había hecho quedar como un subnormal , como un retrasado sexual por no haber debutado con Miluskita, empezó nuevamente a mofarse de este jovencito respetuoso de su enamoradita.

Fernando me decía delante de todo el grupo “uhhhh no seas monse pe, yo hace rato la hubiera agarrado y la hubiera…” y en plena calle se ponía a simular estar en pleno acto sexual, cabalgaba, sacaba la lengua, humedecía su mano y simulaba dar de lapos, luego cambiaba de pose, se frotaba los pechos, se agachaba y daba de alaridos. Todos los del grupo se desternillaban de risa y empecé a ser el punto del regodeo, de las mofas inevitables. Y yo, “lo que pasa es que ustedes no saben lo que es amor, nosotros nos respetamos”. Peor aún las risas, la sorna y el pitorreo se hicieron más intensos, “anda vete a la mierda, mejor ponte las pilas porque si no eres tú, va a venir otro y le va a voltear los ojos como carnero degollado” me dijeron entre risas.

Cuando acabaron de burlarse de mi, Fernando me dijo calladito “ser pendejo no significa ser huevón, toma esto y úsalo porque todavía no quiero ver criters corriendo por el barrio” y me entregó dos paquetitos, dos sobrecitos blancos. Los guardé en mi bolsillo evitando que alguien más los vea.

Al llegar a mi casa, escabullido en mi cuarto, saqué del bolsillo los dos sobrecitos y leí “Sultán… Sultán Condoms”. En esa época pues nos habían invadido los famosos “Sultán” y no había otra marca en el mercado, ni la variedad de colores, sabores y texturas que se encuentra hoy en día. Sólo esa. Después de leer el contenido me sentí macho y quise golpear mi pecho como King Kong. Y me sentí nervioso también.

A los pocos días que volvimos a frecuentarnos con Miluskita se presentó una inmejorable situación. Mis padres viajarían a la ciudad de Ica para asistir a una ceremonia religiosa por la novena del Señor de Luren. Me encargaron cuidar de la casa y portarme como es debido. No fiestas, no reuniones de amigos, no tragos y no amanecidas.

Los días previos conversé con Miluskita y la invité a salir. Llegó ese día, salimos como siempre, ella vestía una minifalda jean que mostraban sus preciosas piernas y una polera algo suelta, zapatillas “converse” que, a pesar de todo, la hacían ver un par de años mayor a lo que era. Por mi parte yo que era un escuálido macilento parecía tener menos edad, lo que generaba que cuando me paseaba con ella por las calles todos esos achorados, esos galanes de barrio, le silbaran y la piropearan en mi cochina cara y me hacían sentir como si no existiera. Y que podía hacer yo, si estaba solo, mientras que estos galanes improvisados caminaban en turbas interminables. Y yo que me tragaba toditita la cólera porque soy un celoso, lo reconozco, soy un celoso “pero ni de macho ni cornudo, simplemente de amor puro de tristeza y desconsuelo” como canta mi buen amigo Camilo Sesto. Pero este un tema que les contaré algún día, de mis aventuras que he pasado por ser extremadamente “celofán”.

Pero ya me desvié del tema, aquel día después de dar unas vueltas por la plaza de armas y que mi chica luzca sus piernas por las callecitas de Pisco, le propuse como quien no quiere la cosa, ir a mi casa, que estaba solo, para estar más tranquilos y poder mostrarle mis cassettes de Kiss el “Dinasty” o el “The Ultimate sin” de Ozzy Osbourne, como mensaje subliminal de mis oscuras intenciones de querer cometer con ella mi último pecado.

Accedió y caminamos a casita que previamente ya había barrido, arreglado y humedecido con media botella de colonia “Salvaje” que había encontrado en el dormitorio de mi papá.

Entramos casi escondidos como dos ladronzuelos para que no nos vea ninguna vecina chismosa y después no le vaya con el cuento a mi madrecita. Nos sentamos en la sala. “huele fuerte a alcohol” me dijo Miluskita. Sonreí “no te preocupes” le dije y puse un cassette en mi equipo “National” y empezó a sonar los tambores que daba inicio a “the Ultimate sin”. Metí mi mano sudorosa al bolsillo y me cercioré que estén los dos paquetitos de “Sultán”. Sentados en el mueble la rodeé con mi brazo y le susurré “sabes que te amo Miluskita” y ella sonrió tímidamente y me regaló un beso, un besito, un chapecito, un chape de aquellos.

Me desprendí por un momento y cambié de cassette por uno más acorde con la ocasión. Puse mi recopilación de “Baladas Heavys”. Empezó a sonar “Never say goodbye” de Bon Jovi.

Mis manos empezaron a magrear su cuerpo entradito en carnes. Ella “sabes que te amo Eduardito” y yo “si, yo también” mientras me retumbaba en la cabeza lo que me habían dicho mis padres. Y mientras ellos por allá, por Ica estarían orando para que este su menor hijo sea un hombre de bien ante la sociedad, yo estaba aquí tratando de comer de la fruta prohibida. Mi mano se movía desesperada por su corta minifalda. Y su polera, ¡como me costó sacársela!. Deslicé mis manos por debajo le saqué primero las mangas y luego su cabeza no salía y yo la jalé tanto que hasta se le pusieron los ojos chinitos del jalón que le dí. Después de casi arrancarle la cabeza, me saqué de un tiro el polo que llevaba puesto y mientras la besaba di curso de mi correa y mi jean. Y Miluskita entre “el sigue y el detente” me ayudó con su minifalda que tenía unos tres botones en la parte posterior. Ya piel con piel, luego vendría el brassier. Quise ser Fonzi por un momento y con un chasquido de los dedos abrir cuanto sostén se interponga en mi camino. Me peleé con el bendito brassier que no abría, mientras Miluskita parecía por momentos arrepentirse. En un acto de desesperación estiré mi mano por su espalda y alcancé unas tijeras que estaban sobre el aparador y quise cortar uno de los sujetadores. “Que haces” me dijo Miluskita y se asustó de verme con las tijeras en las manos. “Eres un menso” me dijo y abrió su brassier por la parte de adelante. Y yo que pensaba “nunca en mi putañera vida he visto un brassier que se abre por adelante y justo a ella se le ocurrió comprar ese?”. Ya con un punto en contra decidí seguir adelante. Mis manos acariciaron sus piernas y subieron buscando su tesorito que debería ser para este pirata, “su querido ladrón de amor”.

En un abrupto movimiento, Miluskita me separa con sus manos “tengo miedo” me dijo. “No tengas miedo” le repliqué “yo te amo y voy a estar contigo siempre” le dije tratando de convencerla de no desistir “y si salgo embarazada” agregó. Busqué en mi pantalón que estaba regado sobre el piso y saqué el paquetito que decía “Sultán”. Miluskita como que hace un gesto no muy agradable y me dice “okey, póntelo”. Traté de abrirlo desesperadamente y el bendito sobrecito que no se abría e intentaba exasperado de arrancarlo con mis manos humedecidas, con mis dientes, mientras sujetaba a Miluskita entre mis piernas para que no se me escape. De un tirón de diente logré abrir el paquetito y salió un jebecillo blanco lubricado y ahora... ¡como carajos se pone esto!. O era una talla muy chica o yo había sido bendecido por la naturaleza como Rocco Sigfredi, porque no podía ponerme el bendito latex. Miluskita que me observaba atrapada bajo mis piernas y yo tratando de ponerlo, lo estiré y empecé a desenrrollarlo sobre mi tesorito, pero como no entraba, se me soltó de los dedos y salió volando como si un cañón disparara una bala, hasta caer sobre el ojo izquierdo de Miluskita. “ayyy” dio un grito lastimero ella y yo “perdón perdón”. Se puso de pie mientras se tapaba el ojo con las manos. Empezó a lagrimear. Se sentó en el mueble desnuda “Ay me arde” me dijo, y yo “Perdón Miluskita… la verdad no podía”. “Mi ropa, mi ropa” me dijo estirando su mano.

Se cambió rápidamente y se metió al baño. Y yo, sentado, esperándola afuera me reduje a mi más mínima expresión y me lamenté no haber logrado nada.

Cuando salió tenía el ojo rojo. Al ver mi cara de preocupado, de atormentado, de atribulado, de contrito, me sonrió y me dijo “No te preocupes, estoy bien”. Se sentó a mi lado, me abrazó y me susurró al oído “para la próxima será”.

Tuesday, October 11, 2011

Tips Para Saber Si Tu Chico Te Ama (Sólo para Mujeres)



A raíz que publiqué “una mancha de lápiz labial”, recibí algunos comentarios del sexo femenino en los cuales de alguna manera me agradecían por haber develado algunas cosas que hacemos los varones para ocultar algunos “detallitos” y evitarnos problemas. Por el contrario, los comentarios del sexo masculino fueron por demás claros y precisos, me amenazaron con atraparme, cortarme el pelo, pasearme calato por todo el barrio con un cartel que diga “soy traidor”, luego rociarme con kerosene y prenderme fuego para morir como un bonzo, si es que seguía develando los secretos del “Perfecto Infiel”. Bueno, en realidad exageré un poquito solo me advirtieron que no siga hablando.

Y es que las relaciones entre hombre y mujer son muy complejas y muchas veces siempre uno termina dando más que el otro. Como dice Andrés Calamaro “nos fuimos juntos a volar con un solo paracaídas, uno solo va a quedar volando a la deriva”. Porque es así, siempre hay alguien que pierde y alguien que gana, acá no existe el ganar-ganar, esas teorías que las apliquen a las negociaciones, a las empresas, al mercado. Por más duro que suene, en las relaciones de pareja alguien siempre terminará llorando. Que no se diga más!.

Así que este post está escrito sólo para las damas y si eres un caballero y has llegado hasta aquí te pediré que abandones la lectura, bajo pena de aplicación de la castración química.

Y bueno, esta vez, considerando el gran aprecio y admiración que siento por todas las féminas, me pondré del lado de ustedes (ahora podemos hablarnos de tú a tú ya que no hay hombres leyendo) y aquí, he pretendido dejar algunos tips para que evalúes cómo es el comportamiento de tu pretendiente, tu cortejador, tu chambelán y de esta manera puedas determinar si te ama, te quiere o simplemente no te quiere.

Ojo, todos los tips son referenciales, cada quien aplique en su vida de acuerdo a su realidad:

- Tu enamorado te ama: Te invita a comer en un buen restaurante o cebichería reconocida, te retira la silla para que te sientes y paga la cuenta.
- Tu enamorado te quiere: Te invita a comer en un restaurante desconocido, cada quien se sienta y al final pagan mitad y mitad.
- Tu enamorado no te quiere: Te invita a comer “huesitos brosther” en el carrito sanguchero de su barrio, se gana el único banquito que queda libre y al final te aplica el viejo truco “no tengo sencillo, paga tú y mañana te repongo”.

- Tu enamorado te ama: Para beber pide inca Kola, Coca kola o un buen vino
- Tu enamorado te quiere: Para beber pide “Isaac Kola”, “Big cola” o un vaso con agua.
- Tu enamorado no te quiere: Cuando el mozo se descuida saca de su bolsillo una bolsa con chicha morada y dos cañitas.

- Tu enamorado te ama: Después de una cita, para un taxi, te acompaña hasta tu casa, te da un piquito y luego se marcha.
- Tu enamorado te quiere: Después de una cita, para un microbús, te acompaña hasta tu casa, te da un beso en la mejilla y luego se marcha.
- Tu enamorado no te quiere: Te da cincuenta céntimos y te embarca en una combi.

- Tu enamorado te ama: Si van al cine, te pide que escojas una película romántica
- Tu enamorado te quiere: Si van al cine él escoge una comedia romántica.
- Tu enamorado no te quiere: Si van al cine él escoge “Rambo”, “Rocky “ o en el peor de los casos “Garganta profunda”.

- Tu enamorado te ama: Se esmera en llevarte a algún buen hotel, con Jacuzzi y con Ducha Española.
- Tu enamorado te quiere: Te lleva a un hotel de media caña y pide el cuarto con columpio.
- Tu enamorado no te quiere: “Aquí nomás en el parque, nadie nos ve”


- Tu enamorado te ama: Para tu cumpleaños te trae flores y te regala tu perfume favorito “Channel Nº 4”.
- Tu enamorado te quiere: Te trae una rosa que se arrancó del jardín del vecino y te regala un “Heno de Pravia”.
- Tu enamorado no te quiere: Te regala un limón para que lo uses como desodorante y un jabón “Aval”.


- Tu enamorado te ama: Para año nuevo, planifica y separa con anticipación entradas para una fiesta en un club exclusivo.
- Tu enamorado te quiere: Para año nuevo te invita a su casa para pasarla con el grupo de sus amigos.
- Tu enamorado no te quiere: Te dice “necesitamos nuestro espacio, tú la pasas por tu lado y yo por el mío”.


- Tu enamorado te ama: Te dedica “Unchained Melody” de Righteous brothers
- Tu enamorado te quiere: Te dedica “ven devórame otra vez” de Lalo Rodríguez.
- Tu enamorado no te quiere: Te dedica “ojalá que te mueras” de los hermanos Yaipén.


- Tu enamorado te ama: Te regala un I phone para estar comunicados todo el tiempo (se acepta la variante de un blackberry)
- Tu enamorado te quiere: Te regala un celular ZTI para estar comunicados todo el tiempo (se acepta la variante de un “bamberry”).
- Tu enamorado no te quiere: Te regala un beeper (se acepta la variante de regalarte leña y fósforo para que hagas señales de humo).

- Tu enamorado te ama: Te lleva a un viaje romántico en un crucero por el Caribe.
- Tu enamorado te quiere: Te lleva a un viaje de aventura dentro del país.
- Tu enamorado no te quiere: Te lleva al Castillo de Chancay.

- Tu enamorado te ama: Se esmera en vestir bien, oler bien y lleva un buen corte de cabello.
- Tu enamorado te quiere: Se cambia regularmente, parece haberse bañado y se peina con “glostora”.
- Tu enamorado no te quiere: un pantalón le dura una semana, huele a comino y se peina con petróleo.

- Tu enamorado te ama: Para esas ocasiones especiales él usa sus calzoncillos Calvin Klein, blancos impecables.
- Tu enamorado te quiere: Para esas ocasiones especiales él usa sus calzoncillos Boston negros, para que no se vea nada.
- Tu enamorado no te quiere: Para esas ocasiones especiales él usa sus calzoncillos “Estriper” y cuando se da vuelta tiene una línea de oro atrás.

- Tu enamorado te ama: 5 veces al día.
- Tu enamorado te quiere: 1 vez al día.
- Tu enamorado no te quiere: 1 vez al mes y solo cuando siente la necesidad.
(Estábamos hablando de bañarse por si acaso).


- Tu enamorado te ama: Se esmera en ser un buen amante y al terminar te abraza, te besa, sigue a tu lado hasta que te duermas sobre su pecho.
- Tu enamorado te quiere: Trata de ser cumplidor y al terminar prende su cigarro y mira su partido de futbol.
- Tu enamorado no te quiere: Le importa un comino ser un eyaculador precoz y al terminar se queda dormido y ronca como tractor descompuesto.


- Tu enamorado te ama: Te regala el libro original: “El Secreto” (Entiéndase como su deseo de verte exitosa y realizada).
- Tu enamorado te quiere: Te regala “Padre rico, Padre pobre” de Robert Kiyosaki en versión digital (por no decir pirata… y entiéndase como la intención que le generes dinero).
- Tu enamorado no te quiere: Te pasa por correo el link del blog “Me gustan los problemas, No existe otra explicación” de Eduardo Rodríguez.

Si alguna de ustedes, desea agregar otros tips para enriquecernos todas (ay por un momento me sentí una de ustedes), por favor dejarlo en los comentarios.

Saturday, October 08, 2011

No es más que un Hasta Luego



En el 2006 creé mi cuenta en el blogspot y la abandoné por completo. En esa época solía escribir en otra plataforma. En el 2007 y 2008 entré para copiar unas entradas y al volver después de un buen tiempo me emocioné mucho al ver que una de ellas tenía cerca de 17 comentarios. Me dije “Vaya! Me hecho popular, alguien me descubrió”, ilusionado abrí el post para saber que me habían puesto, quizás alguna felicitación?, alguna oferta para escribir en algún diario?, en el decano de América acaso?, algún contrato de trabajo con Editorial Planeta?, Alfaguara? o del Grupo Santillana?. Pero grande fue mi decepción que solo era una sarta de propagandas, de spams relacionados a video juegos, videos triple X y de píldoras para la impotencia sexual. Aunque sea me hubiera conformado para escribir para “Editorial Coquito”, “la Imprenta Chirre” o por último para “Toribio Anyarín Injante”. Me desilusioné y no volví hasta el año 2011, en realidad de pura casualidad. Leyendo otro blog encontré un comentario de Paty. Llegué a su página, que a decir verdad supera largamente al blog que me trajo hasta allí. La empecé a leer, a rebuscar las entradas pasadas. Me divertí (y me divierto) mucho leyéndola. Le dejé unos comentarios y me animé a reactivar este blog.

Luego vinieron los demás, descubrir nuevos amigos, personas muy talentosas cada quien en su estilo y a quienes les debo un post que no he escrito por temor quizás a no saber plasmar con exactitud el cariño especial que siento por cada uno de ustedes.

Ahora que reviso mi blog veo que he publicado 27 entradas en los dos últimos meses, es decir a razón de 1 post cada dos días. Y no es que este sujeto sea una máquina de escribir, un tipo talentoso capaz de plasmar en un par de días un relato que cumpla al menos los estándares mínimos para ser leído. En realidad, como canta Joan Manuel Serrat “soy cantor, soy embustero” pues lo que he hecho es venir publicando en esta plataforma mis escritos anteriores. En realidad solo hay dos entradas nuevas, escritas en el 2011: “El Peor de Todos” y “Cita a Ciegas”, el resto es una retahíla de escritos anteriores.

Ahora que ya culminé de colgar todas las entradas de mi anterior plataforma no me queda más remedio que despedirme por unos días. O digamos que no postearé tan seguido, sino, sólo cuando las musas decidan visitarme. Y que esto no se entienda que no los visitaré y leeré porque se han vuelto parte de mi círculo de amigos, a quienes leo cada mañana con ilusión, con sonrisa o con asombro.

Un Comercial y Regreso.

Pd.- Si alguien se unió a este humilde blog un poco tarde, puede revisar las entradas anteriores que nadie le ha dado bola como:

“Por el Amor de una Mujer I” (No confundir con "Por el Amor de una Mujer II") AQUI

“Impresionando a una Dama” AQUI

“Algunos Errores Fatales” AQUI

“Amor Pasajero” AQUI

Y otras tantas más

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