Monday, October 13, 2008

Por el Amor de Una Mujer

El último domingo, estuve leyendo un artículo en un diario local respecto a las relaciones entre las personas, el cual culminaba con una conclusión interesante “Cuando se está enamorado se liberan ciertas hormonas que tienen un efecto similar al causado por las drogas”. Me quedé pensado y no tuve más remedio que admitir que es así, sino, no haríamos una serie de estupideces durante el tiempo que nos dura nuestra etapa de enamoramiento. Pareciera que el cerebro se bloqueara, no entendiera y se perdiera el sentido común de la cordura y empecemos a hacer una serie de actos ridículos que en un momento de aislamiento sentimental no lo haríamos ni locos.
Rápidamente después de leer el artículo, en efecto, me vino a la mente aquella vez por 1995 cuando solía frecuentarme con Roxana. Chana, como le decía de cariño, era una amiguita que había conocido en mis clases de inglés de un conocido instituto limeño. Era lindísima, estudiaba en la universidad Psicología y tenía esa sonrisa que le iluminaba el rostro como un sol. Nos veíamos todos los días en el inglés. Aparte nos llamábamos durante el día. Nos sentábamos juntitos. Nos guardábamos sitio. Estudiábamos juntos para los exámenes y de vez en cuando yo le soplaba en algunas pruebas para que pueda obtener el ansiado 70 para aprobar.
Si me preguntan que tanto hablaban, pues no sabría que responder. Nos veíamos todos los días y siempre había un buen pretexto para llamarla o para que me llame y seguir conversando como dos adolescentes descubriendo el amor.
Un día de aquellos me llamó diciéndome que estaría en su casa sola toda la mañana y que si pudiera ir para acompañarla y estudiar juntos. Aquel día para mi mala suerte me había comprometido con los amigos de mi banda de rock (tenía una bandita de rock de la cual les contaré algún día) a esos ensayos interminables de cientos de canciones que se perdían en el anonimato porque nunca llegábamos a presentarnos en ningún sitio o mejor dicho, nunca nos llamaron para amenizar ningún local barranquino por razones que hasta ahora desconozco.
Así que en ese momento empecé a debatirme en una disyuntiva terrible, entre dos de mis grandes pasiones: el rock y el amor de una mujer. Después de una breve reflexión y abrumado por la testosterona empecé a llamar uno a uno a los integrantes de mi fallida banda cancelando el ensayo. Me tragué mil insultos y me interrogaron como un criminal rankeado preguntándome las razones de mi repentino impedimento de ensayar. Después de inventar mil y un excusas logré cancelar el ensayo de la manera más deshonesta, así que me dispuse darle una sorpresita a Chanita.
Tomé mi combi y me dirigí a su casa con mi guitarra bajo el brazo, dispuesto a darle la sorpresa de su vida y aparecerme como quien se aparece al final en todas las películas de amor, cuando el barco está a punto de partir.
Chana vivía en San Isidro y la biblioteca de su casa tenía una gran ventana que daba a una zona comercial. Cuando di la vuelta, la ví allí sentada leyendo tal vez algún curso de psicología o tal vez las clases de inglés para el examen de aquel día. Al verla sentada no se me ocurrió mejor cosa que llamarla por el teléfono publico que estaba en una esquina. Entré a la cabina y marqué su número mientras la divisaba a lo lejos con una sonrisa malévola como la de un niño cuando hace alguna travesura.
- Aló- me dijo con esa vocecilla inocente
- Chanita-
- Hola Eduardiiiiito, que estás haciendo, que no tenías que ensayar.
- Si pues, en eso estoy, que estás haciendo tú-
- Aquí solita leyendo los libros inglés para el examen de hoy.
Yo me contenía mis ganas de reírme y de decirle que levante la mirada y me vea ahí parado con mi pose de galán en la cabina telefónica con mi guitarra apoyada a mi lado como estrella de rock and roll.
- Te voy a cantar una canción- le dije
- Siiiii que bonito, a ver-
Siempre le había hablado de mi grupo pero ella nunca me había ido a ver porque simplemente muy raras veces nos llamaban para tocar o porque cuando ella podía no nos presentábamos en ningún lado.
Así que emulando a la película de “La Bamba”, cuando el actor que interpretaba a ritchie Valens le cantaba a su novia “Donna” me dispuse a interpretar mi canción con las variaciones y adaptaciones dignas de un aprendiz de compositor, sin importarme la gente que pasaba por mi lado y me veía como un loco metido en la cabina tratando de acomodarme de la mejor manera para empezar a interpretar mi tema cambiando el famoso “Danna” (así se pronuncia), por el “Chana”.
Así que entre malabares me acomodé y empecé a rasguear mi guitarra y de la manera más cursi y calzonuda empiezo a cantar “ohhh chana ohhh chana” pegado al teléfono y mirándola de lejos. “I had a girl, chana was her name” cantaba con la misma fluidez con que canta Tongo “The Pituca” o como el Cardenal Cipriani da sus sermones en inglés (supernatural!). Cantaba sin importarme la gente. No faltaban los envidiosos poco románticos que pasaban y se reían. Después de entonarme dos minutos de la canción con mis arreglos fantásticos a la letra la gente que ya hacía cola esperando el teléfono me empezaba a reclamar y a gritar. Pero yo, concentrado cantándole a mi chica. Y ella sin decir nada, escuchando cada nota, cada letra de la canción. La había dejado muda, pensaba inocentemente.
Cuando terminé de entonar el último estribillo levanto la mirada y veo una silueta más en la biblioteca. Chanita había recibido efusivamente a un visitante que no distinguía a lo lejos. Se abrazó a él y le estampó un beso levantando el pié izquierdo.
Y yo
- aló-
Y nadie me respondió al otro lado del auricular. Solo se escuchaba algunos pasos
- Después de unos segundos
- Aló – dijo Chana
- Estuvo bonita la canción Eduardito, gracias
Y el sujeto que seguía a su lado aplicándole algunos masajitos a la espalda.
Ahora el mudo era yo, o realmente había sido el único.
Cuando había pensado decirle que se levante y me vea en la cabina cantándole desde allí se me había derrumbado el sueño. Literalmente todo se derrumbó dentro de mi, dentro de mi como dice Emmanuel. Y por si fuera poco, como si el destino se hubiera dispuesto jugarme una mala pasada, Chana se acerca con el teléfono a la ventana y la abre de par en par y yo, que desde un inicio quería que me descubriera ahí cantándole, esta vez trataba de esconderme de su mirada. Me agaché ligeramente. No llegué a darme cuenta si logró descubrirme o no. Sólo colgué el auricular y salí corriendo escondiéndome por la cola de personas que ya se había formado para hacer uso de la cabina telefónica. Salí y me fui corriendo al paradero a tomar mi combi para regresar a mi casa.
Ese día no fui a dar el examen de inglés. Reprobé el ciclo y me cambié de local. Y ustedes que estupideces han hecho por amor?

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