Thursday, November 01, 2007

Buscando Visa para un Sueño

Me desperté temprano y me dirigí rápidamente al trabajo. Al llegar las 9:00 de la mañana decidí llamar al teléfono que me habían dado para obtener un Cita en la embajada de los Estados unidos. Previamente me había dirigido al Banco a pagar donde me dieron un número PIN. Ese número PIN me dio muy mala espina pues lo asocié inmediatamente con ese slogan de Condorito “Tome PIN y haga PUM”. Marqué el número de la embajada que me habían dado y me dieron una cita casi de inmediato, poco menos de una semana. Eso me puso nervioso pues pensaba preparar mi discurso y mis papeles con mayor tiempo de anticipación. Y me puso más nervioso aún, saber tener que pagar 100 dólares por derecho consular.Pasé casi todo el día sin poder trabajar y llamando a todos los conocidos que se habían presentado a la embajada a fin que me den los “tips” para obtener buenos resultados. Me dijeron que lleve mi fotochek de trabajo, que no lo olvide que era esencial. Una carta de invitación de un amigo que residía en dicho país. Un certificado de Inglés del ICPNA. Una foto con mi familia todos abrazándonos y un sin número de documentos adicionales que desde mi punto de vista consideré innecesarios.Llegó el día citado y antes de salir hice un check list de todos los documentos que debía llevar: Formulario EVAF, Recibo de pago de 100 dólares por derecho consular que hasta ahora no se que es eso, mi fotografía 5x5 que me tomé sonriendo para que la evaluadora me vea como una persona ganadora y no como un mequetrefe fracasado que quiere ir a lavar platos a estados unidos. Mi pasaporte invicto, inmaculado, virgen, sin ningún sello (ni siquiera de Arequipa), como prueba de haber abandonado este lindo país. El voucher del Banco de Crédito con una cuenta con diez mil dólares, producto de una “chanchita”, que previamente había hecho con mi padre y mis tres hermanos, con la firme promesa que empiece a pagar el préstamo una vez que pise la tierra del Tío Sam. La minuta compra venta de mi departamentito de la Avenida La Paz, en San Miguel, cerca del Castillo del Humo, que no tenía porque saberlo la evaluadora. La tarjeta de propiedad de mi volkswagen del año 71, que está bien paradito y todos los documentos innecesarios que me recomendaron mis amigos.Para darme una pinta de intelectual y de ser solvente económicamente, cambié la montura de mis lentes por unos de color negro, tipo Beto Ortiz, me compré la revista National Geographic en inglés para ir leyendo en el camino y poner algunos documentos en ella y “como quien no quiere la cosa” ponerla encima de la ventanilla para que vea la evaluadora que leo y estoy interesado de temas científicos. Ese día no quise ir muy elegante y preferí vestir con algo casual pero de marca. Un jean casi nuevo y mi casaquita de cuero marrón tipo saco sport elegante que me da un toque de gente fashion, que me haga ver como si frecuentara los sitios más “pipirinais” de Lima. Ya con esa nueva pinta de bisexual me presenté en la embajada de Estados Unidos con una leve sonrisa. La evaluadora, que era una gorda mofletuda, me preguntó a donde pensaba ir, que pensaba hacer allá, cuanto tiempo pensaba quedarme, vio mi boleta con mis ridículos S/. 1200 nuevos soles netos que recibo, pasó de mala gana todos mis documentos que con tanto esfuerzo conseguí y cuidé como un recién nacido, mientras yo hablaba y soltaba mi discurso aprendido y practicado en los últimos cinco días.Cuando terminó de hablar, sacó un sello que previo remojo en el tintero, estampó en mi solicitud bien grande y en rojo RECHAZADO.Sonreí de mala gana, agarré mis papeles y salí herido, derrotado. Maldiciendo a Bush y Condoleezza Rice, que ni se que cargo ocupa y si tiene que ver algo con las visas pero igual la maldije. Me dolían los bolsillos de haber pagado a un país que no necesita dinero. Que hubiera hecho con los 112 dólares que gasté. Fácil financiaba parte de mi bajo eléctrico o compraba la muñeca y la casa de Barbie para mi hija Lucía o un colchón de resortes ortopédico y botar el de espuma que aún mantengo desde que era soltero o tres salidas con Anita, con chelas y hotel incluido. Al día siguiente mi mejor amigo me comentó, una vez enterado que me habían rechazado, que el primo de la enamorada de su hermano, le habían dado la visa al segundo intento y que el truco era hacerlo al toque, sin esperar más. Que esa acción para los “gringos” representaba que tenías solvencia económica para hacer una segunda entrevista sin mirar el costo. Nuevamente preparé mis documentos y volví hacer todo el trámite y pagos correspondientes. Esta vez modifiqué mis respuestas de acuerdo a los consejos del primo de la enamorada de su hermano de mi amigo. Demás está decir que el sello rojo y grande de RECHAZADO fue nuevamente estampado en mi expediente y que Bush y Condoleezza Rice se volvieron a ganar mis maldiciones y ahora más que nunca asimilé eso del código PIN. Tomé PIN y me hicieron PUM.

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